Le devolvieron los pies al suelo para que dejara de soñar y de volar. Y lo hizo – pobre – y allí, embarrado en esa tierra negruzca, enraizó, y todo terminó para él.
Nadie le volvió a ver sonreír pero – eso sí – ahora sí tenía los pies en el suelo. Al menos para los demás.
(no dejes de soñar, Lestat)
FOTO: CHEMA MÁDOZ
TEXTO: JOSA