LA ROSA DEL VARADERO

Publicado 10 febrero, 2014 por josamotril

 Antes de subir a aquel viejo pesquero del que ambos sabían que no regresaría, él le regaló una rosa diciéndole que siempre estarían juntos si la conservaba a su lado. Él, antes de dársela, la besó, y ella estuvo respirando de ella hasta que el barco desapareció tras el triste pájaro de la sombra.
Nadie sabría explicarlo – ni ella misma – pero en ese momento, justo cuando el barco desapareció por completo, una nube se posó sobre ella y comenzó a descargar agua de forma leve, mojando sólo a ella y a la rosa que llevaba en su mano. A nada, ni nadie más. Fue como si esa nube hubiera sido dirigida hacia ella desde el mismo cielo. Quienes lo vieron no pudieron creer lo que vieron. Los únicos dos pescadores que por allí estaban, y vieron todo, fueron tachados de locos, o de borrachos, ya que llegaron a hablar incluso de lluvia luminosa.
Dijeran lo que dijeran los demás, desde ese momento esa rosa siempre estuvo con ella, y no parecía marchitarse jamás. Unos hablaban de la magia del amor, otros de la astucia de la joven loca, otros del truco de la nevera, o incluso de algún potingue extraño que hacía que se mantuviera siempre fresca… Los más malpensados – que eran casi todos – decían que la rosa siempre era diferente… Que nunca era la misma. Podía decirse que ella hizo suya esa flor… Y tan suya la hizo que, con el paso del tiempo, y de la terrible soledad, olvidó dónde terminaba ella y dónde empezaba la rosa.
De tanto olerla, mirarla, y besarla se hizo esencia perdida. Dormía con ella, al otro lado de su almohada. Se bañaba con ella, dejándola siempre frente al espejo donde se miraba…
De tanto besarla pudo guardar todo el amor que el mar le robó aún en sus labios.
De tanto hablarle se quedó muda para la vida.
De tanto oírla se quedó sorda para la música
De tanto mirarla se quedó ciega para la poesía.
De tanto esperar junto a ella su regreso, se perdió con él.
De tanto esperar eso que ya sabía que no sucedería, se perdió en ella.
A partir de entonces dejó de llamarse Carmen, y todos la llamaron Rosa… La Rosa del Varadero… La loca del Varadero, hasta que murió una mañana de invierno, cuando la encontraron en el muelle, junto al mar, con sus manos abiertas y sin la rosa que siempre llevaba consigo.
 
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