fotos de amigos: A PARTIR DE LOS CUARENTA…

 

Sudor, cansancio, incluso miedo. Toda la frescura, la emoción, y la ilusión con la que saliste al campo, tan sólo cuarenta y cinco minutos minutos antes, se ha metamorfoseado.  Estás en el vestuario. Es la hora del descanso… La mitad del partido ya. Estás algo cansado, sí, pero aún tienes  fuerzas más que de sobra para seguir jugando para ganar la final. En realidad estás menos cansado de lo que muchos piensan, incluidos  algunos de tus compañeros, que te miran sin mucho convencimiento, presas también del pánico a perder esa final tan soñada.
Han pasado ya los primeros cuarenta y cinco minutos, e, inmerso en el juego, ni te has enterado de lo que ha pasado. Te has limitado a dejarte llevar, a disfrutar mucho de cada jugada, sin importarte la siguiente, ni sus consecuencias. Has disfrutado de lo que hay que disfrutar: de esos goles que habéis marcado, del sudor, de las carreras, de la adrenalina… Pero también has sufrido porque el otro equipo también está ahí, también marca goles, y  y no quiere que ganes… Pero de eso es ahora cuando te das cuenta, cuando empiezas a ver que ya no queda todo el tiempo, como pasaba al principio.
Se acerca el segundo tiempo, el que decidirá todo, y tú decides si sales a ganar el partido, o a conservar el empate… La victoria depende sólo de ti, pero también la derrota. Aún hay margen para el error, para más errores, pero hay que pensar bien la estrategia, y seguirla.
Cuando empezó el partido quedaba un mundo por delante, y nada importaba más que disfrutar del momento… ¡Ojalá todo siguiera como entonces, cuando nada importaba más que el momento que vivías. En la primera parte el tiempo sumaba en todo momento… Nunca mirabas el reloj para ver cuánto faltaba porque eso no era importante. En ese primer tiempo, en el minuto veinte no sabías que existía el minuto treinta… Eso quedaba muy lejos y estabas ocupado en disfrutar de lo bello que tiene jugar en ese momento en el que el propio juego es lo más importante que hay en la vida – si no lo único. Y jugabas, sin importar el resultado, y mucho menos el final… El final nunca existe cuando estás al principio. ¿verdad?
Pero ya estás en la mitad, en el descanso, y es entonces cuando los miedos aparecen, cuando el tiempo resta,  cuando ya no piensas solo en el deleite de la victoria y la celebración, sino que aparece el terrible miedo a  a la derrota, y, sobre  todo, a esa sensación amarga de que puede que sea tu última final: EL PARTIDO DE TU VIDA.
Sentado en tu lado del banco compartido en ese oscuro vestuario, miras a tus compañeros. Los hay más jóvenes, con ilusiones y sin miedos, y les envidias. También los hay como tú, algo cansados, y algo preocupados, pero aún con  y fuerzas. Y, finalmente, están tus dos capitanes,  y que animan, pero que sabes que ya pronto tendrán que ser  sustituidos… Ellos también lo saben. Esa será su útima final, y ese peso se les nota en la mirada.
Decides luchar la final. Dejarte llevar, y disfrutarla, sin miedo a perder ¿Qué pasa si pierdes? ¿No es peor no intentar ganar? Sabes que el fútbol es así, y sabes también que, aunque muchos equipos disponen de una prórroga, otros no tienen siquiera la suerte del descuento… Y entonces sales de nuevo al campo. Alguno de tus compañeros ha tenido menos suerte, y ha sido sustituido, y se queda fuera.
Sales sí, pero cuando pisas el césped notas que las botas pesan más, y vuelve el miedo. Ya no eres el mismo… Ya no sabes si quieres ganar, o si tan solo te conformas con no perder.
¡Vamos!

 

pdta: la juventud de una persona es el primer tiempo del partido. Ahí el tiempo siempre suma; no existe la idea de que aquello pueda terminar en algún momento. La adultez es la segunda parte. Ahí el tiempo siempre resta, y empiezas a temer el pitido final. Recuerda que algunos no tienen descuento, pero que otros disponen de hasta una prórroga. ¡Aprovéchala!

 

Foto de Carlos

HACE VERANO

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Cuando ella se desvestía todas las noches yo la miraba embelesado, y, mientras la observaba, podía ver cómo salía de su pelo, y de su ropa, una pequeña brisa que no tardaba en escapar por la ventana… Varias horas después, en alguna costa del mundo, sucedía un pequeño tsunami.

DORMIR A TU LADO

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HOY, CHARLA DEL POETA GRANADINO, FEDERICO GARCÍA LORCA

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El auditorio del Instituto Ángel Ganivet estaba ansioso. Aún así todos estaban en silencio, emocionados… Federico García Lorca, casi diez años después de su última visita, volvía a Granada, a su adorada y temida Granada. El poeta daba su clase magistral en la luminosa clase y los alumnos le miraban recelosos. Todos habían oído hablar de aquel anciano, de casi ochenta años, y que tantos libros les había regalado como lectores. Eran jóvenes, y todos le conocían bien porque era uno de los personajes más importantes de su Granada, pero Federico ya estaba mayor… ¡Muy mayor! (por suerte)
Aun así seguía elegantemente vestido, con su sombrero de paja, y su chaqueta de rayas. Muchos le miraban embelesados, otros un tanto reacios, porque esperaban una charla aburrida sobre el amor y la muerte, y sobre su multitud de formas. Federico habló y habló durante más de una hora. Los profesores y los alumnos le escuchaban atentamente. A pesar de sus muchos años viviendo fuera de Granada, seguía con ese “acentazo” y con esa gracia que hacía que nadie pudiera dejar de escucharle. Aún era un niño mayor, como cuando tenía treinta y ocho, y tuvo que huir de Granada para que no lo fusilaran como a tantos otros aquel triste año de 1936. Desde entonces había vivido entre Madrid, Barcelona – siempre al lado de su querida Cadaqués – y Argentina, y muy pocas veces regresaba a su tierra natal por culpa de un miedo extraño que nadie comprendía… Para muchos de sus allegados, para Federico, la idea de Granada era la idea de la muerte… De su muerte, y por eso intentaba evitarla.
Cuando terminó la charla y el amplio auditorio aplaudió al poeta, comenzó la ronda de preguntas. Todas fueron iguales, todas sobre sus obras favoritas, sobre su infancia, sobre sus viajes, pero fue una la que llamó más su atención, y también despertó su famoso “cabreo”, y su conocida malafollá.
– ¿Don Federico, qué es una musa? – preguntó el alumno a Federico
– ¿una musa? – contestó extrañado y contrariado
– sí, yo escribo como usted poesía, y  quiero encontrar la mía – el alumno parecía ansioso
– ¿escribes poesía y no tienes musa aún?
– no, aún no, por eso quiero que usted me lo explique
– ¿el qué quieres que te explique, querido?
– ¿qué es una musa? ¿Cómo encontrarla?
– una musa… – dijo finalmente el anciano poeta, sonriendo – Primero cierras los ojos, esperas un poco y pronto ves un rostro que deja de diluirse entre las sombras. Después lo miras, lo besas, sonríes… Y escribes
– ¿solo eso? – preguntó de nuevo el joven alumno, riendo
– ¿solo? – dijo el poeta, cerrando su carpeta y levantándose para marchar – si eso te parece poco es que aún no estás preparado
– ¿preparado? ¿preparado para qué?
– para la poesía, querido, para la poesía.
Federico cogió su bastón, se puso su sombrero, y se marchó.

¿BESO O MUERTE?

FB_IMG_1488400063693.jpgCuando entra en escena la imagen de un beso entre dos personas todo cambia. Es ese deseo el que es capaz de cambiar el resto de tu vida, y es que nada es más hermoso que el contacto de dos bocas que se sienten sedientas. Cuando aparece la imagen de un beso una persona cambia, se convierte en otra, y todo a su alrededor empieza a girar, como pasa con las aspas de un molino cuando las acaricia el viento… Es en ese momento cuando las fantasías de dos personas se hacen realidad, cuando el mar se une con la montaña, y cuando la noche convive con el día… ¡Todo eso pasa cuando deseas besar o ser besado!

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Y es ese momento mágico porque no existe nada más a tu alrededor ya. La comida sabe a beso, la almohada huele a beso, la música suena a ese beso, y hasta tu saliva parece ese beso… Las horas marcan todas el momento de ese beso, el invierno se hace verano alrededor de ese beso, y hasta la edad decae, retrocede, pensando en ese beso.

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Besar es siempre cosa de dos, y nada es más hermoso cuando, después de ese beso las dos partes se sienten más vivas, y con más ganas de besar no sólo esos labios cómplices. ¡Nada hay más vital que el deseo de repetir pronto un beso!

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Besar es siempre cosa de dos, pero, a veces, sólo es uno el que sobrevive a ese beso. Todo empieza porque siempre hay alguien que muere por besar al otro, y, por ende, también hay otro que se limita a permitir el beso, sin más, a veces por mera curiosidad, o por ese miedo a algo desconocido que tanto nos atrae…

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Cuando llega ese  beso suele ser el segundo, ese alguien que se deja llevar por ese deseo de morir del otro, quien, finalmente, muere en medio de ese beso que nunca debió dejarse dar…

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Besar es siempre cosa de dos, no lo olvides nunca… Y menos, antes de caer en las redes de ese beso que, dado ya diez o quince veces después, no se busca con tanto ansia.

SIN AND SINNER

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Ella era tan paraíso, tan árbol,  tan manzana, y tan serpiente…
Y yo… Yo nunca me sentí tan mujer… Tan Eva…
Ella era tan caliente, tan sedosa, tan carnal…
Y yo… Yo era tan gourmet, tan hambriento, tan animal…
Ella era tan atrayente, tan irrechazable, tan pecado…
Y yo… Yo era tan débil, tan deseoso, tan pecador…

NUESTRA FRÁGIL MEMORIA: ¡CULPABLE!

¿Recuerdas el dolor tan grande con aquella maldita fotografía? ¿Lo recuerdas? ¿Verdad que no? ¿Verdad que fue perdiendo color, incluso forma, hasta no recordarla? Así somos… Pero debemos recordar que aquello no fue solo una foto, sino una radiografía de nuestra propia miseria.

No deberíamos olvidar que ese niño sigue muerto, y todos – ¡todos! – somos culpables de que no esté aún aquí con nosotros… Eso es lo malo ¿Lo bueno? que aún podemos hacer algo para que no haya más niños que sufran su misma mala suerte, pero no lo haremos… Esperaremos la próxima foto, la sufriremos un rato, y luego… ¡Luego “na”!