APATÍAS



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Ella estaba acostada en su lado de la cama, tapada con sus suaves sábanas de invierno, acompañada de su música, esa amiga a la que contaba todo en silencio, y la que le contestaba con melodías. Hacía horas que no dormía. Nunca había dormido mucho.

Él se despertó en su lado de la cama, preguntó la hora, y suspiró algo cansado. ¡Otro día más de rutina hasta la noche! Él, antes de levantarse, y preso de esa costumbre de darle un beso en la espalda, le preguntó si le pasaba algo, si había algo que le preocupara… Quería saberlo porque durante las últimas dos semanas le encontraba algo triste y demasiado seria.

-¿Estás bien? ¿te pasa algo?

Ella no contestó. Prefirió disimular. ¿Para qué decirle que no estaba triste, ni serio, sino contagiado por su apatía – la de él?

De todos modos él tampoco insistió. Se levantó, se miró en el espejo, y se perdió en el banco de niebla de su baño, mientras ella y sus pensamientos seguían a la deriva entre el océano de aquella música que volvía a sonar.



¿PROHIBIDO? ¡JA!

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¿PROHIBIDO? ESO SERÁ PARA VOSOTROS LOS HUMANOS, QUE OS PONÉIS LAS PROHIBICIONES PORQUE NO SABÉIS VIVIR SIN ELLAS…

ADORNOS DE NAVIDAD CON COSAS DE CASA

LIBROS, PIÑAS, LUCES DE NAVIDAD, CAJAS VACÍAS, PAPEL DE PERIÓDICO O DE REGALO, CINTAS Y CELO, UN PORTAL DE BELÉN, Y UNAS NIÑAS QUE QUIERAN AYUDARTE

el mejor regalo para mis hijas

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Queridas hijas:

Llegará una navidad – esperemos que dentro de mucho tiempo – en la que, aunque no os faltarán motivos para sonreír y disfrutar del ambiente festivo, os faltará el mejor de todos los regalos, ese que por suerte vais a tener este año ¡otra vez!

¡Disfrutadlo!

Me refiero al maravilloso regalo de no tener ninguna silla vacía en las elegantes mesas que compartiremos en esas dos maravillosas noches festivas.

Otros no tienen esa suerte. Y algún día vosotras tampoco la tendréis… ¡Pero este año, sí!

¡Disfrutadlo!

¿ÁNGEL O DEMONIO?

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Él nunca supo si era un ángel, o si era un demonio. Bueno, sí… En realidad siempre tuvo bien claro que nunca fue ni uno, ni otro. También tuvo siempre muy claro que nunca sería un ángel para todos aquellos que se empeñaban en verle como demonio, ni un demonio para aquellos que necesitaban verle como un ángel…

Lo que sí que tuvo siempre bien claro era que, ni los unos, ni los otros, conseguirían nunca arrancarle sus alas, y, mucho menos, arrebatar sus deseos de seguir volando… Ya fuera como ángel, o como demonio… Eso, como todo, dependería del día.

PINTORES QUE HAY QUE CONOCER: Albert Joseph Penot

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Albert Joseph Penot fue un Pintor francés (1862 – 1930) conocido por sus pinturas macabras y oscuras de mujeres desnudas, pero también las pintó con mucha luz, aunque estas obras no sean tan conocidas.

silenceformysoul: “ Albert Joseph Pénot (1862-1930) - La Petite Cigale ”
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MARCUS, EL FANTASMA QUE NO SABÍA ASUSTAR

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Marcus era un fantasmita que vivía en el viejo caserón del bosque. El viejo caserón era oscuro, viejo, sucio, y completamente vacío. Marcus no sabía lo que era un cuadro, una mesa, una silla, un espejo, o un simple cojín. Vivía allí con toda su familia de fantasmas. Algunos – o eso decían – llevaban allí más de doscientos años. Marcus era feliz, pero no podía evitar sentirse diferente al resto. Es verdad que vivía por la noche, como los demás de su especie; también es verdad que no podía ver la luz del sol, y que hacía las mismas cosas que ellos, pero él se sentía diferente… ¡Y todo por ese aspecto nada fantasmal suyo!

Mientras los demás asustaban a todos los niños del pueblo, e incluso a mayores, él no podía asustar a nadie, y eso le hacía sentir menos fantasma que los demás. Su madre le decía que no se preocupara tanto, que tenía toda la eternidad para aprender a hacerlo, y que, con el tiempo, lo conseguiría.

-¿Estás segura mamá? – preguntaba Marcus – ¿crees que aprenderé a asustar?

-claro que sí, querido… Todos los fantasmas damos miedo, aunque no lo creas

-¿y por qué yo no asusto a nadie? hasta Alex es capaz de asustarme a mí, poniendo “la cara terrorífica”. Y yo, por más que lo intento, no lo consigo… ¿Por qué no sé asustar? ¿por qué no sé poner “la cara terrorífica”?

-porque tú eres especial… Tú no pareces un fantasma como los demás, y eso, para ser fantasma, te convierte en alguien especial. No lo olvides

-ya, pero yo quiero ser como los demás, y asustar como ellos. ¿Por qué no puedo salir al pueblo y ver qué hay allí? Todos han ido menos yo, y dicen que es allí donde uno aprende a asustar… Con los humanos

-tranquilo, cariño, ya lo harás.

-Mami ¿y cómo son esos humanos?

-pues no sé decirte. En realidad no son tan diferentes de nosotros como crees, y como creen ellos mismos… En el fondo nos parecemos bastante

-¿Y por qué se asustan de nosotros? ¿Y por qué no podemos vivir cerca de ellos?

-porque nosotros somos eso en lo que les aterraría convertirse

-no lo entiendo

-ya lo entenderás. Ahora descansa.

Pasaron las semanas con su madre y sus amigos fantasmas en aquella vieja casa abandonada en el bosque, pero Marcus no terminaba de ser feliz. Durante todas las noches intentaba encontrar la forma de cambiar su aspecto, intentando conseguir “la cara terrorífica”, esa que ya sabía hacer su amigo Alex, pero que él no podía. Él quería asustar a alguien de una vez, y llegar a sentirse un fantasma como los demás… Y tenía que hacerlo.

Una noche, aprovechando que su madre estaba despistada y que la puerta estaba abierta salió del viejo caserón y fue hasta el pueblo. Marcs estaba más asustado que esa gente a la que quería asustar, pero no pensaba dar marcha atrás. ¡Tenía que conseguirlo! Tenía que volver al viejo caserón siendo un fantasma como los demás. Todo el que había ido allí había vuelto con “la cara terrorífica” y él no iba a ser menos.

Al llegar al pueblo entró en la primera casa que encontró. Todo estaba oscuro, y silencioso. La casa estaba limpia, y estaba llena de muebles que él no había visto nunca. ¡Qué diferente parecía aquel lugar! Con cuidado, y algo asustado, comenzó a pasear por la casa buscando alguien a quien asustar. Su amigo Alex le había dicho que el secreto era aparecer de pronto, de manera inesperada, y eso fue lo que intentó. Así caminó por el salón de la casa, por la cocina, y por el pasillo hasta llegar a la escalera. ¡Allí abajo no había nadie!

Con más miedo que antes subió la escalera y llegó a otro pasillo. A la derecha había una puerta abierta. ¡Ahí tenía que ser! Apoyado en la pared respiró profundamente, contó hasta tres, y se decidió a entrar en esa habitación y asustar a quien allí estuviera.

-Uno, dos… ¡Tres!

Marcus entró en la habitación levantando sus manos, intentando imitar a Alex, con la idea de asustar a quien allí estuviera.

-¡Aaaaaaaaayyyyyyy, qué miedo!

Marcus salió flotando de la habitación, asustado como nunca había estado, recordando aquel rostro blanquecino y monstruoso que se había encontrado. Estaba aterrado ante aquello que había visto, y salió de la casa sin pensar mas que en llegar con su mamá. Fue al salir cuando tropezó con su amigo Alex, que le preguntó qué le pasaba. Marcus le dijo que había entrado en el cuarto de un niño y que había visto la cosa más horrible del mundo. Más enfadado que asustado le dijo a su amigo que los niños también sabían poner la cara terrorífica que él no sabía.

Alex sonrió, y le invitó a volver de nuevo. Marcus le dijo que no, que tenía mucho miedo, pero su amigo le convenció arrastrándole casi. Cuando llegaron de nuevo arriba Marcus entró detrás de su amigo, con los ojos cerrados, totalmente asustado, y Alex le dijo que abriera los ojos.

-¿Es esto lo que te ha asustado?

-sí, ¿no te da miedo?

-sí, sí que me da – dijo sonriendo

-¿y por qué te quedas ahí parado frente a él?

-porque sé que no me va a hacer nada

-¿y cómo estás tan seguro?

-porque es mi mejor amigo

-¿tu mejor amigo? ¿ese no era yo?

-mira Marcus – le dijo señalando al espejo – ese eres tú… Esto es un espejo, que es donde solo los humanos, y los fantasmas que no saben asustar, se ven reflejados. ¡Ya sabes asustar! Te has asustado a ti mismo, que es al primero que todo fantasma debe asustar antes de hacerlo con los demás

-jo

-felicidades, querido amigo.

Y Marcus y Alex se fueron a la vieja mansión, y así acabó este cuento con forma de canción.

dedicado a Marcos y Alejandro, dos amigos especiales.

QUERIDAS hijas dos PUNTOS

Queridas hijas:

Cuando os digan que las jóvenes no podéis volar porque no tenéis alas, recordad esto:

para volar no hacen falta alas, sino ganas de volar.

Y el que no quiera volar contigo, que se quede en tierra. Ya volverás… ¡O no!

SIN TÍTULO

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Solo ella, sin duda debido al inevitable arrastre del tiempo del que no podía disfrutar por culpa de su interminable quehacer diario, se veía más vieja cada día que pasaba, como si su eterna juventud estuviera empezando a abandonarla.

Lo que parecía no entender era que ella vivía en el museo que yo había creado a su alrededor, y que, como arte que era por sí misma, no pasaba un solo día en el que dejara de revalorizar su belleza y su incalculable valor.

Y, además, debía saber que en cada uno de los besos, y en cada una de las caricias que yo dejaba en su piel por las noches compartidas, dejaba allí a los mejores restauradores de arte, provenientes de los mejores museos del mundo, para hacer que su obra maestra – que no era otra sino ella – no perdiera un solo ápice de su enorme y eterno valor.

Aquel lugar que era yo, aun teniendo muchas obras en su interior, no tenía una sola del valor de aquella que me otorgaba el nombre de MUSEO: ¡Tú!