LA FRASE MÁS TRISTE DE MI HISTORIA EN EL REBALAJE

IMG_20170809_091103148.jpgCreo que hoy he escuchado una de las frases más tristes de mi vida. Una mujer, casi llorando, le decía a otra que se siente mal, que se siente tan sola que a veces no le queda más remedio que hablar con su propia ansiedad… ¡Se ha hecho amiga de ella!

Y, para rematarme, y dejarme k.o. en la arena, va y dice: “ME GUSTARÍA ENCONTRAR A ALGUIEN QUE ME AYUDE A SER LO QUE YA NO SOY, PERO YA SOY MUY MAYOR. ¿QUIÉN A QUERER ESTAR CON ALGUIEN TAN TRISTE COMO YO? SI ME DOY PENA A MÍ MISMA…”

¡Buena suerte, amiga! Te prometo que mañana, cuando te vea en el rebalaje, te regalaré una sonrisa.

LA SOLEDAD DEL REBALAJE

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José, sentado en su silla de playa, miraba al mar mientras leía el periódico para olvidar parte de una vida que ya no volvería. José estaba bien de salud, y aún no era muy mayor, pero se sentía muy solo. Desde que Carmela murió hacía dos años sus días transcurrían en aquel rebalaje, tanto en invierno como en verano.

Observando aquella bola amarilla que flotaba en el mar soltó tres lágrimas… Una por cada una de esas niňas a las que ya apenas veía por eso que llaman “ley de vida”.
Cerrando los ojos, inmerso en el intenso sonido de las olas arrastrando las piedras, llegó a él ese sonido tan maravilloso: “Papá, papá, llévanos nadando hasta la bolla”. Es verdad que las palabras eran de otra niña pequeña hacia otro papá, pero él cerró los ojos, respiró profundo, y se emocionó recordando a sus tres pequeñas, aquellas maravillosas sirenas a las que tantas veces llevó hasta allí a escondidas de su propia esposa.

Ellas, hace tanto que no van a verle, que apenas saben que él sigue esperándolas allí cada verano.

¿EL MAR O ELLA?

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Es lo bueno que tienes…
No tengo que mirarte
para poder verte,
no tengo que acercarme
para poder disfrutarte…
Tan solo tengo que mirarte
para poder tenerte…
Y para eso no te necesito.
Para eso tengo este cuadro
que un día me regalaste.
Es tu sonrisa un instante
que una hilandera parece,
y en ella se destejen despacio
todos los hilos que forman
el oscuro traje de mi tristeza.
En el cuadro que me diste
tus ojos parecen otra cosa,
si acaso unos velos de novia
donde un novio nervioso
persigue una mirada perdida…
unos cofres hundidos sin llave
que un buzo encuentra y
quiere subir a la superficie…
Todo eso eres tú, ángel
vestido de verde y pelo caoba,
pero sobre todo eres generosidad
por compartir esa feria
que toda tú eres y ese carrusel
donde nunca dejarás que suba,
y del que yo ya nunca querré bajarme ya.

MILAGROS DEL REBALAJE CALEÑO

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Todas las mañanas les veo en rebalaje. Él viene cargado con sombrillas, sillas, y un bolso,  mientras ella espera en la parte final de la pasarela de madera. Después deja todo en el suelo, abre la silla, la coloca con fuerza sobre la arena, y se dirige hacia ella. Baja despacio con ella del brazo. Ella sigue de pie y él monta la sombrilla, y le ayuda a ella a quitar el vestido. Le echa crema por todo el cuerpo (ella siempre de pie) la coge de la mano y pasean por la arena. Se dan un baño pero él no se atreve a adentrarla en el agua y le va echando agua con su mano. Salen, dan otro paseito y a tomar el sol. Por supuesto le baja el respaldo de la silla y la deja descansar.
Él coge un libro… Pero uno de sus ojos siempre puesto en ella.

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¡Ay Mari Cruz! de Javi RuZ

Ni te imaginas la de veces que te imaginé bailando a mi lado, con tus manos cruzadas al aire al son de la brisa de las cruces, levantando tus ojos del polvoriento tablao donde vivías, llevando tu mirada hasta la comisura de mis labios, envuelta en misterios y penumbras, y abriendo tu boca para deleitarme con la pureza de una saliva alcalina por la que yo moría, como decía la letra de aquella sevillana… 

No, no te lo imaginas… Yo sí. Y lo imagino porque es lo que hice siempre que te veía bailar sola, y nunca conmigo… Sí, eso es lo que hice siempre contigo: imaginarnos bailando… ¡Juntos!