VIVE Y DEJA VIVIR

La imagen puede contener: cieloNo tengo ganas de dar lecciones a nadie, pero tampoco quiero que me las den.
Si no eres homosexual, ni eres de izquierdas, ni eres del Madrid, ni eres de playa, ni de verano, ni de leer, ni de Gran Hermano, ni del PP, ni de cualquier otra cosa que no te guste… ¡Deja que los demás lo sean, deja que les apetezca, deja que lo vean, y deja que lo hagan, si es lo que son, si eslo que les apetece ser, o ver, o hacer!

Deja que la gente sea lo que quiera ser. Tienen el mismo derecho que tienes tú a ser tan retrógado… Que, por cierto, lo tienes.

LA OTRA NOCHE DE SAN JUAN

hombre-mujer-amorEra la noche de San Juan y el calor, la humedad, y el jolgorio hacían que mi nerviosismo se aplacara, incluso que se alejara de mí. Toda esa extraña angustia estaba desapareciendo por momentos, y hasta ese cigarro aliñado con hierba, sabía de manera diferente.  El barrio estaba en fiestas, el agua volaba por encima de las murallas de cada casa, y el grito de los niños – y de los no tan niños – hacía que el tranquilo barrio residencial pareciera una feria de Agosto. La gente de los alrededores de mi casa, esos vecinos con los que apenas hablaba, aprovechaban el fuego para purificar las almas esa mágica noche. Yo, aunque estaba solo, hacía lo mismo.  Era el primer San Juan que pasaba solo allí, sin ella, sin la mujer por la que habría estado dispuesto a dar incluso mi vida – si no es lo que había hecho ya. Toda la noche la pasé en el jardín, sentado sobre esa piedra redonda que sobresalía del césped,  mirando el fuego, bebiendo cerveza fría, fumando casi diez años después, y recreándome con la música que nacía entre esos leños gruesos, sus ruidos mezclados con el aire, y los crujidos que rompían en su interior. El fuego era altísimo, rojo, casi sangre, y con un olor incómodo que, por suerte, se mezclaba con el de los demás fuegos del barrio. Los vecinos reían y bailaban, se les oía desde mi lugar, comían sardinas y carnes y bebían sangrías. Yo, en cambio, solo alimentaba mi dolido orgullo y mi sed de justicia. Los demás cantaban y jugaban, y yo, más solo que nunca, pero cada vez más tranquilo,  sonreía inmerso en el espectáculo que tenía ante mí. Allí estuve toda la noche, disfrutando de ese fuego, bebiendo y fumando, y echando más y más leña para que no se apagara y terminara de deshacer los cuerpos de mi mujer y de su amante, aún abrazados entre cenizas.

FOTOS DE AMIGOS: “NO HAY EXCUSA”

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Con más de cuarenta años sigo pensando lo mismo que pensaba cuando era un niño. Entonces – y ahora – pensaba que, en verano, el que no vuela es porque no quiere. Y es que, en verano no hay excusas que valgan.

Y hay días como el de hoy en los que, gracias a fotos como esta, creo que pensar así sigue siendo una inmensa suerte. Gracias.

Foto de Esther