momentos

FB_IMG_1487139976359La tensión que siempre hubo entre ellos ahora se mezclaba con otros muchos sentimientos que ninguno era capaz de hacer detener en la ruleta de su pensamiento. Ella nunca había querido quedarse a solas con él, a pesar de saber – sólo lo sabía ella – que la idea hubiera merodeado por su cabeza muchas veces. Ninguno sabía cómo había pasado pero ese día sí que lo estaban. Ella, sentada sobre ese sofá, observó su nerviosismo y su miedo, y, sin saber cómo, ni por qué – en realidad sí que lo sabía – se sintió poseída por un extraño y poderoso deseo que no sabía cómo detener, ni tampoco cómo nutrir.
Ella, controladora de todo lo suyo, empezaba a perder el rumbo de ese juego, y no sabía cómo leer ese radar que le indicaba de un peligro que – eso sí – no parecía nada peligroso… Al contrario.
En la radio sonaba esa canción de saxofón que tanto le gustaba. Él, que bien que lo sabía, no dudó en ponerla para que sonara varias veces, no siempre seguidas, intentando así despistarla… Sabía que esa canción crearía el ambiente propicio. El salón estaba en una extraña calma caótica. Las copas de vino manchaban la mesa de madera, varios platos aún guardaban restos de una ensalada recién tomada, y ese olor a vino y a ellos terminaron por dejarla sin el control necesario para hacer frente a una situación que se le acababa de escapar de las manos.
Estaban solos, en esa casa, en ese salón, como siempre habían deseado en el fondo, pero como nunca se habían atrevido a estar, y ambos fueron presas de ese nerviosismo que apenas les proponía decir dos palabras seguidas. Ni siquiera se atrevían a mirarse, pero se sentían bien… ¡Extrañamente bien!
Pasaron los minutos, sin decir nada coherente, y ella, sabedora de que él no sería capaz de decir nada, decidió dar un paso más para poder alejarse de allí. Eso es lo que quería ella, salir de allí huyendo, aunque en el fondo quisiera estar anclada también.
– ¿Qué te pasa? Estás muy nervioso
– sí que lo estoy sí – dijo él
– pero ¿por qué?
– porque estamos solos, y cuando estamos solos me pasa esto.
Ell calló, y apartó su mirada. De repente no supo qué decir, o hacer, y decidió cerrar los ojos y dejar que fuera su pensamiento el único que hablara.
– ¿Deseas besarme? – dijo ella, dejándole boquiabierto y sin capacidad de respuesta
– siempre lo deseo – dijo él, mirándola directamente, tan cerca como nunca había estado
– ¿siempre? anda, anda, qué exagerado que eres
– sabes que no – dijo él, con la mirada perdida en la copa de vino que ya se había bebido
– ¿Tanto lo deseas?
– prefiero no contestar para no mentirte
– ¿mentirme? ¿por qué me ibas a mentir?
– a veces es mejor mentir que asustar…
– está bien – dijo ella, poniéndose de pie, cogiéndole de las manos, y ayudándole a levantar – si quieres que nos besemos lo haremos
– yo no quiero que nos besemos
– ¿ah no?
– no, yo quiero que los dos queramos que nos besemos
– Sabes que no puede ser, pero creo que uno sí que podemos darnos. Es más, creo que nos lo debemos
– yo también
– este será el único beso que nos daremos. Solo nos besaremos una vez… Creo que es justo que lo hagamos. Pero solo uno ¿te parece bien?
– es lo que llevo deseando hacer toda mi vida, desde que te conocí
– ven, y no digas nada.
Entonces él se acercó a ella, la abrazó, apretó sus manos a su espalda, acarició su piel trigueña, perdió su nariz entre su pelo amarillo, y aspiró y aspiró deseando llorar, hasta que estuvo a punto de marearse. Ella esperó el momento, asustada también, pero él sólo se abrazó. No hizo nada más.
– ¿y ese beso? – preguntó ella, mirándole a escasos dos centímetros – ¿no lo quieres?
– ahora no – contestó él
– no lo entiendo
– Si solo va a ser uno no quiero que sea ahora. Si solo va a ser uno no quiero darlo todavía… No quiero que ese beso acabe nunca, y si te lo doy ahora ¿qué me quedará después? ¿Nada?
Y siguieron abrazados, y ella, al fin, entendió todo.

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PUERTO REAL: LA CIUDAD CASTIGADA Y HUNDIDA POR DIOS

 

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Puerto Real fue alguna vez el sitio favorito de los piratas por tener el mejor alcohol, mujeres y fiestas. Además, era un sitio rico por sus gigantes plantaciones, que daban tanto bienestar a algunos pobladores. En 1692 quedó bajo el agua por un terremoto de enormes dimensiones que la escondió entre la arena y mató a más de 2000 personas.
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Para los fanáticos religiosos, se trató del castigo divino a una ciudad pecadora. Al día de hoy sigue hundiéndose en la arena y cada vez es más difícil de ver.

¿cómo se llamaba?

Muchos aňos después aún no había sido capaz de olvidar a aquella hermosa muchacha que, en secreto, le enamoró como solo puede enamorar alguien perfecto: alguien que no se le espera, alguien que aparece cuando ya lo tienes todo. En su vejez aún recordaba todo de ella… Su largo pelo, sus ojos, su boca, sus piernas, incluso toda su ropa. En cambio no recordaba bien su nombre…

Su nombre era “El beso que nunca pudo dar” De los apellidos sí es verdad que no se acordaba.

MELANCOLÍA, DE DURERO

A Melancolía le acompañan un angelote tristón y un perro famélico dormido a sus pies. También Melancolía está absorta, pero no en un trabajo sino en un estado de inactividad completa. Es indiferente a su aspecto descuidado, al cabello despeinado. Apoya la cabeza en el puño mientras que la otra ase mecánicamente un compás y reposa sobre un libro cerrado. Sus enormes ojos están abiertos y fijos, con expresión sombría. El estado espiritual atormentado de la mujer se traduce también en los objetos desordenados que la rodean: sobre el muro hay una balanza, un reloj de arena, una campana y un cuadro mágico con números.

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Al lado, la escalera apoyada en la pared sugiere los trabajos recién abandonados. En el suelo hay herramientas de carpintería y arquitectura, un tintero, una pluma y dos objetos simbólicos: una esfera de madera torneada y un poliedro de piedra. Resulta evidente que cada objeto es un símbolo deliberadamente amontonado junto a los otros, por lo que el autor nos plantea una lectura bastante compleja. Sería arduo tratar de analizar en profundidad todos los elementos y la lectura final de la alegoría, por lo que trataremos de repasar los más importantes y trascendentes en la historia del arte. Melancolía no era un estado depresivo, pasajero en el ser humano, tal como se la entiende hoy día. Desde la Antigüedad hasta la época de Durero, Melancolía era uno de los cuatro humores del hombre.

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“De Saturno nace y se hace la piedra filosofal, no hay más secreto que éste: El secreto está en Saturno, porque en el Sol no hallamos la perfección que hay en Saturno”. Tal es el valor asignado al principio de inmanencia del cual surgirá el mundo mágico de los filósofos herméticos.

La piedra de Saturno puede ser asimilada al poliedro que se encuentra en el grabado de Durero. Este poliedro y la esfera que se encuentra a los pies de la figura humana nos recuerdan que la alquimia tiene la geometría en la base de su enseñanza. El Rosarium Philosophorum nos habla de la perfección de la esfera:

“Lo que tiene el menor número de ángulos es lo que está más cerca de la belleza y la simplicidad”.

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Cada humor se asocia a uno de los cuatro elementos, de las cuatro estaciones, las cuatro edades del hombre, los cuatro vientos, los cuatro puntos cardinales y las cuatro fases del mundo. Melancolía era el peor considerado de los cuatro humores y se asociaba a la tierra, la sequedad, el frío, el viento Boreal, el otoño, la tarde y la edad de los sesenta en el hombre. Los hombres de constitución melancólica poseían una constitución física diferente de los otros humores, lo que afectaba a su color de piel (terroso), cabellos, ojos, a su vulnerabilidad ante ciertas enfermedades (mentales, la locura principalmente) y por unas características morales e intelectuales. Así, cualquier alteración del humor melancólico provocaba la locura. Incluso en ausencia de una patología declarada, los melancólicos pasaban por ser gente desdichada y descontenta, malhumorados y sombríos.

PINTA TU DÍA DEL COLOR QUE DESEES

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Un día más en esto de vivir… ¡No dejes que así sea! ¡No dejes que sea un día más! Ni siquiera dejes que sea un día menos… Haz que sea hoy, y que mañana siga siéndolo… El día de hoy va a ser como tú quieras que sea. ¿Por qué van a ser los demás quienes lo decidan? ¿por qué va a ser el calor o el frío? ¿Por qué va a ser tu jefe o tu compañero de trabajo? ¿Por qué va a ser tu amigo o tu enemigo? ¿Por qué va a ser esa persona que amas, o esa que no te ama?

Hoy es hoy. Tu hoy. Hoy no es ayer, ni siquiera mañana. Y hoy, repito, es tu hoy: ¡Tuyo!La lluvia no siempre moja, el sol no siempre quema, ni el viento es siempre molesto… Ni siquiera una mirada, ni un beso, ni una caricia son siempre igual de dulces… Como tampoco un grito, un insulto, o una desilusión, tienen por qué afectarte igual. Así que, ya sabes, piensa que el día de hoy es un lienzo gigante, y que tienes un pincel y muchas pinturas sobre una paleta. Desnúdate, o vístete si quieres, pero ocúpate de pintar tu día como tú quieras que sea…

No dejes que otro coja ese pincel si no le pertenece cogerlo.