La Fruta Prohibida

Fue una llamada perdida… luego otra. Lo cogí y escuché tu voz. Con miedo – eso sí – nos dijimos dónde, nos dijimos cuándo, pero no nos dijimos cómo…

Llovía y entré en la casa. Al llegar tú ya estabas allí, como si supieras de antemano lo que iba a pasar. Me miraste, sonreíste con miedo, y de repente me empujaste con suavidad contra la pared. El desconcierto se apoderó de mí a la vez que un calor desbordante se extendía por mi cuerpo….Cuando tu mano se deslizó por mi entrepierna, la humedad dormida en mí, estalló con la fuerza de un torbellino. Me arrinconaste, me besaste …nos dejamos llevar y la poca cordura conservada hasta ese momento se esfumó, porque lo que iba a pasar después… ya lo sabíamos