Somos insolidarios. No tenemos apaño.

A los transportistas en huelga: Si al que tiene frutas se le cae la misma del árbol porque no se la llevais al mercado lo estás llevando a la ruina. Y ese no podrá recuperarse hasta el año siguiente, cuando vuelva la cosecha. Al de la leche igual. REsulta que el de la leche no puede decir que aprovecha para irse de vacaciones unos días porque tiene que seguir ordeñando las vacas día tras día. ¿Por qué no hacer las cosas bien? ¿Por qué no dificultar las entradas a las grandes ciudades ocupando un carril (eso hace daño pero no destroza a otros como tú) pero dejando que otra gente pueda seguir vivivendo?. Las huelgas hay que pensarlas para hacer el mayor daño posible al que le vas a exigir, pero evitando daños colaterales a los más débiles.

El derecho a la huelga está garantizado. ES un derecho, pero también tenemos el deber (moral o egoísta) de pensar en el otro al que estamos perjudicando. Máxime si es tan débil o más que tú. Pierdes todos tus argumentos haciendo lo que se está haciendo estos días. Cada uno lucha con lo que tiene. Pero luchar contra el fuerte haciendo daño al débil eso es de cobardes.

Firmado: un firme defensor del derecho a la huelga.

DESVARÍOS MENTALES DE UNA NOCHE LLUVIOSA. TAL CUAL

Es una noche de lluvia. Estoy en la cama, junto a la mujer a la que amé ayer, a la que amo hoy, y a la que ansío amar mañana. No consigo dormir por una maldita frase que acaba de sonar por la radio.

La condición humana es así. Y no podemos luchar contra ella – ha dicho el eminente psiquiatra español, afincado en los Estados Unidos.

Ni el sueño que tengo puede vencer a esta lucha que mantengo conmigo mismo y con las palabras que aún viajan por mi habitación a oscuras.

Nuestra condición no es esa. Es más, no creo que todos tengamos condición.

Algunos la tuvieron y la perdieron, otros no la han encontrado aún. A otros, otra persona se la desniveló.

Porque no todos los hombres somos iguales. ¿ Y qué decir de los mismos españoles?, ¿lo somos?. Tampoco somos iguales todos los andaluces, ni todos los granadinos, ni todos los motrileños, ni todos mis vecinos.

Ni siquiera somos iguales todos mis hermanos, y nos pusieron las mismas condiciones.

Ni siquiera yo seré mañana este mismo que está aquí escribiendo porque no puede dormir.

Porque mañana dormiré, y sólo eso me hará ser un hombre diferente al de hoy… con otra condición.
Aquella facultad de dormir a pierna suelta, como tantas otras, la perdí hace mucho tiempo. Ahora, no soy más que un vago recuerdo de lo que antes fuí. Una falsa ilusión. Y mañana seré otra persona diferente, pero con una condición… y no seré yo quien la ponga.

ABRIR LOS OJOS

Ya llevo un tiempo así, que no soy yo, esquivo, alejado… preocupado. Y eso me hace estar de mal humor con todos… con todo.

Hasta con mis pequeños parezco enojado. ¿Qué culpa tendrán?

Me lo dijo mi madre, y no le hice caso. Me lo dijo también mi hermana, mi hermano… un compañero. Tampoco les presté mucha atención.

Fue mi mujer quien me abrió los ojos.

Estaba dormido y me despertó. Hicimos el amor. Volví a cerrarlos otra vez. Me los abrió tarde.