LA GUITARRA

Cuando se compró la guitarra en Navidad no me lo podía creer. Ella, que nunca había soportado la música, quería aprender a tocar un instrumento. Fue entonces cuando decidió dar clases particulares. Estaba encantada, o eso decía ella, y parecía tomárselo muy en serio, pero yo nunca la veía practicar, ni tampoco quería tocar nada para mí.

Ayer, al llegar a casa, ella estaba en clase, pero la guitarra seguía allí. Fue entonces cuando comprendí que no la llevaba a clase porque no la necesitaba. En esas clases – que yo pagaba gustoso – la guitarra era ella.