SAN FERMÍN

S AN Fermín fue degollado en una cárcel de Amiens (Francia) y sus verdugos, que vinieron de fuera, tuvieron que hacerlo de noche y evitar un martirio público para que no se enteraran sus discípulos y montaran una revolución, tal era el arraigo que tenía en tierras francesas. Pero lo que muchos no saben es que hasta bien entrada la baja Edad Media (siglo XV) en Francia había hasta una cuarentena de parroquias dedicadas al santo moreno, y que hoy pueden visitarse si uno hace un recorrido por la zona del Loira y Picardía. Porque aunque muchos lo dudan, “es posible pensar que existió un santo que llegó a Amiens desde Pamplona”.

Fermín era hijo del senador romano Firmo, que según la tradición, se calcula que vivía en la zona de San Fermín de Aldapa en la entonces ciudad romana de Pompaelo. Cuando el presbítero San Honesto llega desde Francia y convierte a Fermín al cristianismo, éste decide irse con él a evangelizar las galias, primero a Toulouse, donde le nombran Obispo, y después a otras ciudades. Pero acabaría encarcelado y degollado en una cárcel de Amiens el 25 de septiembre.

En el siglo VII se localiza el hallazgo de la sepultura de San Fermín en Amiens, lo que se denomina “invención del cuerpo de San Fermín”. “En su día el senador Faustiniano los deposita en su tumba familiar, en la ciudad de Saint Acheul y allí se encontraron, según la leyenda, en un haz de luz”. A partir de entonces, los restos se trasladan a la Catedral de Amiens (de hecho, una de las tres puertas del templo está dedicada a San Fermín), comienza la devoción en la zona de Francia, mientras que el culto no llega a Pamplona hasta el siglo XII a través del Camino de Santiago, concretamente de la vía turolense. “Los peregrinos franceses traen la noticia desde Amiens de que en su ciudad se venera a un santo que viene de Pamplona y comienza a arraigarse en la capital”.

En el arraigo del culto al santo en Pamplona también tuvo mucho que ver la llegada de las reliquias -huesos en su mayor parte- desde la Catedral de Amiens. En la actualidad hay muchas reliquias de San Fermín distribuidas por diversos lugares. Las más famosas fueron las que trajo Pedro de París, que hoy permanecen en la Catedral de Pamplona y que corresponden a un trozo de cráneo, o la que mandó traer Martín de Olagüe, en el siglo XII: “Aquel hueso se partió en dos, una parte fue a la iglesia de San Lorenzo y la otra a la de Olagüe”, aunque esta última no se encuentra en la actualidad.

La veneración de San Fermín llegó a su punto álgido en el siglo XVII. “San Fermín era patrón por tradición, pero cuando canonizan a San Francisco Javier, comienzan la disputa entre partidarios de uno y otro, disputa que el Papa resuelve de forma salomónica en 1657: ambos serían copatronos de Navarra”.

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