DIGAS LO QUE DIGAS (relato o desvarío mental sobre el hombre y la mujer. Primera parte)

NUEVO RELATO (O DESVARÍO MENTAL) RELACIONADO CON LA COMUNICACIÓN SEXUAL ENTRE EL HOMBRE Y LA MUJER. AQUÍ TE DEJO LA PRIMERA PARTE.

LA PUEDES LEER TAMBIÉN ‘PINCHANDO AQUI  “DIGAS LO QUE DIGA1

José de TogoresElla acababa de salir de la ducha, como llevaba sucediendo en los últimos treinta años de nuestra vida en común. Esa era otra de las muchas diferencias que nos mantenían tan unidos. A ella siempre le gustó ducharse antes de dormir, y, sobre todo, meterse entre las sábanas con esa sensación de frescor que le regalaba la crema corporal recién echada. Yo, en cambio, era más de ducharme por las mañanas. Era mi manera de empezar bien un día.

Una toalla roja – otras veces era blanca, otras amarilla, o azul –  cubría algo de su torso, y otra, roja también, permanecía, erguida y enroscada, en su cabeza, en forma de turbante. Tumbado sobre la cama la escuché abrir el armario donde la esperaba toda su ropa, que no era poca.

Al verla allí, iluminada por esa vibrante bombilla que habría que arreglar – eso llevaba diciendo ya casi un año – y perdida entre la nada, libre y sola,  una vez más, me llevé la primera alegría de un muy largo día. De nuevo mi atención se centró en ese cuerpo que ya llevaba mucho tiempo cohabitando con el mío, entreteniéndolo unas veces, y penitenciándolo otras tantas.

Perdido en esas sábanas que pronto compartiría con ellas, observé, y, de paso disfruté,  a la mujer con la que llevo una treintena casado, mientras se agachaba y se enderezaba, secando su cuerpo desnudo, iluminado por la luz de una pequeña lámpara que guardaba en su armario. Me fascinaban sus curvas, como me seguían fascinando esos libros ya leídos pero que me gusta releer. También me deleitaba en esa belleza pura de un cuerpo diferente, pero siempre igual, y que había sido, sin ninguna duda, el mo­tor impulsor de mi deseo más masculino.
Mientras luchaba para no volver a dejar la página del libro que leía a medias, pensé en los cambios que su cuerpo habría experimentado durante todos estos años sin yo apenas percibirlos por el hecho de contemplarla – y disfrutarla – día a día.

Alguien había hablado de eso en la universidad esa misma mañana. Alguien hablaba de las alumnas, y después las comparó con su esposa. Su juego no habría dejado de ser divertido si no hubiera intentando hacerme partícipe del mismo. ¿Comparar a Mariana con esa jovencita que se sienta en primera fila, con sus piernas cruzadas, y esos escotes casi acrobáticos? ¡Qué injustos somos a veces! ¿cómo se puede comparar el brillo del sol con la tenue luminosidad que desprende la luna llena? Cuando yo miro a Mariana es a Mariana a quien veo. Jamás podría compararla con nadie. Jamás nadie podría compararse con ella.

Al volver a mirarla comprendía que el tiempo y cuatro embarazos sólo habían logrado perfeccionarla. Las zonas que antes eran simplemente vigo­rosas, ahora eran provocativas. Y otras, de las que ella lamentaba los “efectos de la gravedad”, en mi opinión, se habían vuelto mucho más interesantes.
Me pregunté si había habido una época en la que su cuerpo fuera más hermoso.

Hubiera respondido que sí, que cualquier otro tiempo, pues siempre que la miré así me pareció la mujer más hermosa del mundo. En cambio, ese día, me respondí con claridad. ¡Ahora!

Y se lo dije, Pero primero esperé a que terminara de vestirse. Con su gracia habitual se puso unos pantalones de pijama cortos y una camiseta que se quedó atascada por un momento en su cabeza, poniendo al relieve sus hermosos senos.

Cuando por fin sacó la cara por el cuello de la camiseta, me son­rió como quien sabe que acaba de come­ter una torpeza, me guiñó uno de sus ojos, en forma de beso, y se acostó a mi lado recordándome el agotador día que había llevado.
– Tu cuerpo es más hermoso ahora que cuando te conocí -le dije mientras se acurrucaba sobre mí, acariciando mi espalda, y pegando su pecho al mío mientras sus piernas se enroscaban sobre las mías, con intenciones evidentes.
– ¿Qué quieres decir con eso? – excla­mó molesta, levantándose súbitamente – ¿estabas comparando mi cuerpo de antes con el de ahora?.

Y fue en ese mismo momento cuando me di cuenta de que, sin duda, había pisado un terreno peligroso… Peligroso, y pantanoso.

Cuando se trata de belleza, las mujeres asumen que todo tiempo pasado siempre fue mejor. 0, para ser más concreto, las mujeres asumen en todos nosotros esa ecuación casi científica que dice que los hombres pen­samos que mientras más joven, mejor. Este es el punto crucial de la inseguridad femenina, que desde mi punto de vista es un terreno extraño… y me asusta.
Por eso quise huir de ahí, y, por primera vez, deseé volver al libro que ya había dejado en la mesita de noche. También el libro huyó, asustado.

Pude ver cómo tomaba vida y se alejaba, tapando su nariz con unas manecillas de papel, y saltando al vacío.

– Déjalo cariño – le dije, sin saber qué más decir

– ¿que deje, qué? – dijo, sentándose en la cama, frente a mí, demostrándome que ese asalto no iba a perderlo antes de jugarlo

– ¡Buenooooooooo!

Ese fue el inicio de una larga discu­sión, y Mariana fue la que más se extendió en todos los temas. Tengo que reconocer que no le faltaba razón en muchos de sus argumentos, pero es que yo no había hecho mención a ninguno de ellos, ni siquiera los había imaginado. Yo sólo quería decirle que la amaba, que me encantaba, que seguía deseándola – más si cabe – que cuando éramos unos adolescentes, aunque la pasión y la vigorosidad no pareciera la misma por cuestiones evidentes relacionadas con el puto paso del tiempo. Pero ella no oía más que lo ella misma decía. Es más, yo creo que ni eso. Ella no se escuchaba… Ella tan solo escuchaba lo que otras voces decían en su interior.

Yo creo que oía la suya propia, la de su hermana, la de su cuñado, la de nuestros amigos… y todas diciendo lo mismo con respecto a las mujeres jóvenes. Ya digo que ella escuchó todo menos lo que yo quise decirle. Yo sólo quise decirle que, en ese momento en el que estaba, estaba disfrutando de ella como nunca lo había hecho. En ese momento era a esa ella a quien deseaba, y para nada pensé en ella veinte años atrás, o treinta, cuando hicimos el amor por primera vez en aquella playa de arenas suaves e idílicas, atestadas de cangrejos que no supimos ver a tiempo.

¿Que sus pechos no estaban igual de erguidos?… ¿Que su vientre estaba más encorvado y blando?… ¿Que su cuello no era igual de terso?… ¿Y a quién le importaba eso? ¿cómo explicarle que yo era incapaz de ir más allá de esa Mariana que acababa de ver desnuda hacía cinco minutos? ¿cómo decirle que a mí la que me gustaba era la que tenía allí, esa a la que allí mismo quería disfrutar? Pues no. Ella no lo entendía, y se molestó. Ella interpretaba una vez más algo que yo había dicho – quizás desacertadamente – pero que no era lo que le había querido decir.

Ni siquiera – y es lo que más me molestó siempre de ella – quiso considerar la posibilidad de que lo que dije fuera verdad…

mañana, la segunda parte

LA MUJER DORMIDA EN EL ARTE: Jeremy Lipking y Patricia Watwood

Jeremy Lipkingaquí os dejo unos cuadros de mujeres dormidas en el mundo del arte. Jeremy LipkingPatricia Watwood444 y Patricia Watwood

LOS PRIMEROS TEATROS EN ESPAÑA

teatro1El teatro español, como el europeo, surge vinculado al culto religioso. La misa, celebración litúrgica central en la religión cristiana, es en sí misma un ‘drama’, una representación de la muerte y resurrección de Cristo. Serán los clérigos los que, en su afán didáctico por explicar los misterios de la fe a los fieles mayoritariamente incultos y analfabetos, creen los primeros diálogos teatrales: los tropos, con los que escenificaban algunos episodios relevantes de la Biblia. Estas representaciones, que tenían lugar dentro de las iglesias, en el coro o parte central de la nave, se fueron haciendo más largas y espectaculares dando lugar a un tipo de teatro religioso que fue el teatro medieval por excelencia. Poco a poco se fueron añadiendo elementos profanos y cómicos a este tipo de representaciones que, por razones de decoro, terminaron por abandonar las iglesias y comenzaron a realizarse en lugares públicos: en los pórticos y atrios de las iglesias, plazas, calles y cementerios.

En España se conservan muy pocos documentos escritos y menos obras teatrales de estos siglos. La muestra más antigua de teatro castellano es el Auto de los Reyes Magos de finales del siglo XII, escrito en romance y probablemente de origen franco. Pero puede decirse que hasta el siglo XV no empezó a cultivarse como tal el género, con Juan del Encina, Lucas Fernández y Jorge Manrique, si se exceptúan los juegos juglarescos populares.

Siglo XVI

Los parámetros medievales seguirán siendo la clave del teatro español hasta que, en el siglo XVI, se inicia el camino de la modernización que culminará en la creación de un género: la comedia nueva del siglo XVII. El siglo XVI es, por tanto, un momento de búsqueda y convivencia de varias tendencias: la dramaturgia religiosa (Gil Vicente), el clasicismo (Juan de la Cueva), los italianizantes (Juan del Encina, Bartolomé Torres Naharro) y la tradición nacionalista (Juan de la Cueva). La obra dramática más importante de este período es La Celestina de Fernando de Rojas. En realidad es una comedia humanista, hecha más para la lectura y reflexión que para la escena. Se trata de una obra excepcional, magnífico retrato de la época y modelo de la literatura galante posterior. Es, sin embargo, una obra de tan complicada estructura dramática (alrededor de 20 actos) que no fue representada en su época y que sigue teniendo enormes dificultades para su puesta en escena.

Siglo de oro

El siglo XVII es el siglo de oro del teatro en España. Es un momento en el que las circunstancias sociales y políticas determinan una situación excepcional: la representación pública se convierte en el eje de la moral y la estética. Las ‘apariencias’ son fundamentales. El mundo es un gran teatro y el teatro es el arte más adecuado para representar la vida. Se crean las primeras salas teatrales llamadas corrales de comedias, que eran gestionadas por las Hermandades, verdaderos precedentes del empresario teatral moderno. Van a proliferar los autores, las obras y las compañías. El teatro deja de ser un acontecimiento restringido para convertirse en un producto competitivo, sujeto a las leyes de la oferta y la demanda. Un interesante debate teórico acompaña el nacimiento y desarrollo de esta forma nueva de entender el teatro. Dos autores de la época nos sirven para ilustrar el sentido y la evolución de este debate y del arte teatral: Cervantes y Lope de Vega.

EL ALMIRANTE MAHAN Y EL PODER NAVAL EN LA HISTORIA

MAHAMMarino, historiador y político, nació en 1840 falleciendo en 1914. A través del estudio de las guerras entre Roma y Cartago, llegó a la conclusión de que el resultado le fue desfavorable a Aníbal porque debió usar la ruta terrestre desde Gibraltar, por no disponer de una flota que dominase el Mediterráneo. Fruto de tales investigaciones, son sus tres obras sobre la influencia del poder naval en la historia.
Nadie como el almirante Mahan ha incidido tan directamente en la estrategia del poder naval dentro y fuera de los EEUU, en esa época tan especial que corre entre 1870 y 1914, que señala sucesos tales como las reunificaciones de Italia y Alemania y el cenit de la «Pax Britannica». Por su influencia directa y a través del poder político del presidente Teodoro Roosevelt, -que gustó llamarse su discípulo- desempeñó un papel decisivo en persuadir a los EEUU a procurar un gran destino imperial en ultramar mediante el empleo del poder naval militar como herramienta motriz de la política exterior. Dos ideas capitales dominaron el pensamiento de Mahan. Una: El poder marítimo es una relación indisoluble entre la Armada, el comercio marítimo y las colonias. Segunda idea: La flota debe concentrarse -o poder concentrarse- en un solo océano.
La voladura, nunca aclarada, del acorazado Maine fondeado en la rada de La Habana el 15 de febrero de 1898, fue el «casus belli» y pretexto que llevó a los EEUU a declarar la guerra a España, quien fue derrotada después de una serie de desastrosos encuentros marítimos. Pero fue el combate frente a Santiago de Cuba, el que marcó un hito imborrable en esa guerra. Y todo porque un suceso fortuito precedió a la batalla. Para agrupar el máximo de fuerzas, el comando de la armada de los EEUU había dispuesto que el acorazado Oregon que se encontraba en San Francisco, se sumara a la flota del Atlántico. El viaje, que insumió 62 días para unir el Pacífico con el Caribe, a lo largo de 13.000 millas, dejó una impresión al rojo vivo en el almirante Mahan, ardiente partidario del «Principio de Concentración de Fuerzas». Roosevelt, contagiado por la obsesión de Mahan hizo construir una gigantesca fuerza de acorazados, a la que pintó de blanco e hizo dar la vuelta al globo, para mostrar al mundo que una nueva potencia naval se había instalado en los siete mares. Pero era una flota dividida entre el Atlántico y el Pacífico, por tanto era una fuerza naval vulnerable y eso según Mahan debía ser corregido.

NUEVO DISCO DE ARCTIC MONKEYS

El nuevo disco de los ARCTIC MONKEYS, que lleva por título HUMBUG y ofrece 10 nuevas canciones, fue producido por Josh Homme entre Mojave Desert y Los Ángeles, y por James Ford en Brooklyn, NY.

aquí os dejo uno de sus temazos del disco anterior (en directo). Aviso que el disco nuevo, por lo que he oído, no es ni parecido. Hay grupos que se empeñan en cambiar cuando hacen algo bien. ¡Ellos sabrán!

HADA BLANCA: LA MÁS PELIGROSA

HADABLANCA

De todos los tipos de hadas es una de las más peligrosas. tiene un rostro angelical, una mirada de niña inofensiva y una boca amable, capaz de balbucear las más dulces palabras. Se viste con llamativos trajes transparentes, y el cuerpo mismo es parte de esa sensación gaseosa y etérea. Sólo sus manos se muestran humanas, con una blancura extrema que provoca una atracción inevitable. Nadie puede escapar de la tentación, esos blancos dedos parecen estar siempre dispuestos a dar la más maravillosa de las caricias. Pero deben saber los caminantes que con sólo rozar la blancura de esa mano conocerán la locura o incluso la muerte.

Aunque prevenidos, muchos viajeros que emprenden su camino a través del bosque, sabiendo de la existencia de las hadas de mano blanca, son tentados por su piel y sus caricias. Ellas los buscan, los envuelven en sus mágicos perfumes y se acercan con el ofrecimiento de ayudar, para hacer grato el viaje. Son muy pocos los que pueden escapar. Un solo roce de su blanca mano provoca la muerte instantánea.

Cuando alguien se pierde en el bosque, aparece moviendo sus brazos como una veleta, indicando los puntos cardinales, y ofrece acompañar al extraviado, extendiéndole la posibilidad de caminar como un niño, tomado de la mano, hacia el destino buscado. Tomar la mano blanca del hada de los extraviados es encontrar la locura irremediable.

Se los suele ver en los bosques, a los enloquecidos, andando por las más terroríficas visiones y condenados a estar perdidos toda la vida.