EL ALMIRANTE MAHAN Y EL PODER NAVAL EN LA HISTORIA

MAHAMMarino, historiador y político, nació en 1840 falleciendo en 1914. A través del estudio de las guerras entre Roma y Cartago, llegó a la conclusión de que el resultado le fue desfavorable a Aníbal porque debió usar la ruta terrestre desde Gibraltar, por no disponer de una flota que dominase el Mediterráneo. Fruto de tales investigaciones, son sus tres obras sobre la influencia del poder naval en la historia.
Nadie como el almirante Mahan ha incidido tan directamente en la estrategia del poder naval dentro y fuera de los EEUU, en esa época tan especial que corre entre 1870 y 1914, que señala sucesos tales como las reunificaciones de Italia y Alemania y el cenit de la «Pax Britannica». Por su influencia directa y a través del poder político del presidente Teodoro Roosevelt, -que gustó llamarse su discípulo- desempeñó un papel decisivo en persuadir a los EEUU a procurar un gran destino imperial en ultramar mediante el empleo del poder naval militar como herramienta motriz de la política exterior. Dos ideas capitales dominaron el pensamiento de Mahan. Una: El poder marítimo es una relación indisoluble entre la Armada, el comercio marítimo y las colonias. Segunda idea: La flota debe concentrarse -o poder concentrarse- en un solo océano.
La voladura, nunca aclarada, del acorazado Maine fondeado en la rada de La Habana el 15 de febrero de 1898, fue el «casus belli» y pretexto que llevó a los EEUU a declarar la guerra a España, quien fue derrotada después de una serie de desastrosos encuentros marítimos. Pero fue el combate frente a Santiago de Cuba, el que marcó un hito imborrable en esa guerra. Y todo porque un suceso fortuito precedió a la batalla. Para agrupar el máximo de fuerzas, el comando de la armada de los EEUU había dispuesto que el acorazado Oregon que se encontraba en San Francisco, se sumara a la flota del Atlántico. El viaje, que insumió 62 días para unir el Pacífico con el Caribe, a lo largo de 13.000 millas, dejó una impresión al rojo vivo en el almirante Mahan, ardiente partidario del «Principio de Concentración de Fuerzas». Roosevelt, contagiado por la obsesión de Mahan hizo construir una gigantesca fuerza de acorazados, a la que pintó de blanco e hizo dar la vuelta al globo, para mostrar al mundo que una nueva potencia naval se había instalado en los siete mares. Pero era una flota dividida entre el Atlántico y el Pacífico, por tanto era una fuerza naval vulnerable y eso según Mahan debía ser corregido.

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