ANECDOTA DEL MOTRIL ANTIGUO: esposa de Dios

El Cerro y las Explanadas copiaHace ya muchos años vivía en Motril una motrileña muy devota, llamada DOÑA SOLEDAD.

Ella, de comunión diaria, era también asidua a novenas, triduos y vísperas. Podía decirse que era una mujer de verdadera fe cristiana, Camarera de la Virgen de la CAbeza y miembro de la Congregación de Santa Rita.

Cuando se quedó viuda tenía dos hijas. La mayor profesó de monja en ingresó en el convento de las Madres Redentoristas.

La menor, llamada Rosalía, era en cambio amiga de las diversiones, de salir con los muchachos y asistir a bailes. Todo ello – como no podía ser de otra manera – causaba el disgusto de su madre, al verla marchar por aquellos caminos de perdición, siendo incapaz de llevarla por el santo camino elegido por su hermana.

– Madre, es que yo no tengo devoción – contestaba siempre Rosalía a los requerimientos maternos para que comenzara el noviciado

– ¡Parece mentira, hija! – se lamentaba doña Soledad – ¿acaso no quieres ser esposa del Señor?

– madre – contestaba Rosalía – yo, en realidad, me conformo con ser su cuñada.

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