UNA ANÉCDOTA DE OSCAR WILDE

wilde1Una prueba de su genio. Oscar Wilde, en su primer viaje a Estados Unidos, al desembarcar,

el jefe de aduanas realizó la rutinaria pregunta: “Tiene algo que declarar”.

A lo que Wilde contestó: “Nada, excepto mi genio”.

El jefe de aduanas estuvo a la altura, pues respondió: “Esta es una mercancía que no requiere protección en Estados Unidos”.

“DORIANS” QUE AÚN ESTÁN ENTRE NOSOTROS

mick-jagger-picture-1Aquí tienes un ejemplo del Dorian Gray que vive aún entre nosotros.

¿Cuál sería para ti?

MÁS DORIAN GRAY

Dentro de la casa, en la zona donde vivía la servidumbre, los criados a medio vestir hablaban en voz baja. La anciana señora Leaf lloraba y se retorcía las manos. Francis estaba tan pálido como un muerto.

Transcurrido un cuarto de hora aproximadamente, el ayuda de cámara tomó consigo al cochero y a uno de los lacayos y subió en silencio las escaleras. Los golpes en la puerta no obtuvieron contestación. Y todo siguió en silencio cuando llamaron a su amo de viva voz. Finalmente, después de tratar en vano de forzar la puerta, salieron al tejado y descendieron hasta el balcón. Una vez allí entraron sin dificultad: los pestillos eran muy antiguos.

En el interior encontraron, colgado de la pared, un espléndido retrato de su señor tal como lo habían visto por última vez, en todo el esplendor de su juventud y singular belleza. En el suelo, vestido de etiqueta, y con un cuchillo clavado en el corazón, hallaron el cadáver de un hombre mayor, muy consumido, lleno de arrugas y con un rostro repugnante. Sólo lo reconocieron cuando examinaron las sortijas que llevaba en los dedos…