LOS TRES PRIMEROS SUICIDAS DE LA HISTORIA

Periandro: No sólo es el número uno por cronología, los datos indican que posiblemente murio en el 585 a.n.e. De él se dice que siendo rey de Corinto fue el primero en la historia que se rodeo de hombres armados, guardaespaldas, debido a que tenía muchos enemigos. De hecho su hijo Licofón fue asesinado como medida preventiva para evitar la continuación de la saga maldita que había empezado su padre.

Periandro no sólo quería suicidarse sino que, además, quería evitar que su cuerpo fuera encontrado y para ello:

Escogió un lugar apartado del bosque y mandó a dos jóvenes que lo siguieran. A una señal suya los hombres se avalanzarían sobre él, le darían muerte y le enterrarían allí mismo. Cuatro hombres tenían que matar a los dos anteriores y enterrarlos un poco más lejos, un nuevo grupo mataría a estos cuatro y los enterraría aún más lejos, de tal forma resultaría imposible identificar la ubicación del cadáver.

Demóstenes (384 – 322 a.n.e.): Político que se suicido como rechazo a un regimen que toda la vida combatió. Con el término Filípicas se agruparon todos los discursos que escribió contra la política del rey Filipo de Macedonia (el padre de Alejandro), con quien se enfrento.

En el 323 Antípatro sofoca su intento de rebelión y le condena a muerte. Huye entonces derrotado a la Isla de Calauria con la sensación de no haber podido cambiar el mundo. El 12 de octubre del 322 decidió envenenarse en el templo de Poseidón.

Aníbal Barca (247 – 183 a.n.e.): Dicen los que saben que ya a los nueve años Aníbal acompañaba a su padre Amílcar al trabajo. El hecho es que como su padre era un General Cartagines, el niño jugaba en la mitad de un campo de combate. No es de extrañar que él mismo se convierta en uno de los más grandes Generales Cartaginenses de la historia. Su destreza fue tal que a él se debe el liderazgo de una de las campañas que más cerca estuvieron de derrotar al imperio romano.

No obstante, traiciones, deserciones y falta de aliados dieron al traste con todo permitiéndole al “Africano” recuperar terreno para Roma y obligando a Aníbal, tras su derrota en Zama, a buscar la protección de Antíoco III con quién trata de atacar de nuevo a Roma con igual desenlace, por lo que el General huye a Bitinia y se acoge a la protección de Prusias. “Sin embargo, Roma consigue descubrir el destino de su mortal enemigo, y envía una embajada, de la que forma parte Flaminio, para solicitar de Prusias la entrega de Aníbal. Temeroso de la reacción que pudiera causar en Roma una negativa, pero sin querer faltar al deber de la hospitalidad, Prusias accede pero diciéndoles a los embajadores que procedan ellos mismos a su captura, ya que no les será difícil encontrar su morada. Hecho ésto, los embajadores rodean con soldados todas las salidas del castillo. Aníbal, enterado de que no había escapatoria, toma un veneno que siempre llevaba en su anillo y pronuncia sus últimas y célebres palabras Libremos a Roma de sus inquietudes, ya que no sabe esperar la muerte de un anciano.”

Publicado por josamotril

no soy escritor, Sere. Tan solo me gusta escribir.

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