JUAN VALERA COPIÓ A CICERÓN?

Siempre ha habido plagios. Y no sólo ahora, en estos tiempos. Ya algunos clásicos a los que admiramos tuvieron a bien servirse de antiguas historias que creían que nadie reconocería.  Juan Valera copió a Cicerón… o eso parece.

Aquí la versión de Juan Valera:

Llamaron a la puerta. El mismo tío Pedro salió a abrir y se encontró cara a cara con su compadre Vicentico.

Buenos días, compadre. ¿Qué buen viento le trae a usted por aquí? ¿Qué se le ofrece a usted?

-Pues nada… confío en su amistad de usted… y espero…

-Desembuche usted, compadre.

-La verdad, yo he podado los olivos, tengo en mi olivar lo menos cinco cargas de leña que quiero traerme a casa y vengo a que me empreste usted su burro.

-¡Cuánto lo siento, compadre! Parece que el demonio lo hace. ¡Qué maldita casualidad! Esta mañana se fue mi chico a Córdoba, caballero en el burro. Si no fuera por esto podría usted contar con el burro como si fuese suyo propio. Pero, qué diablos, el burro estará ya lo menos a cuatro leguas de aquí.

El pícaro del burro, que estaba en la caballeriza, se puso entonces a rebuznar con grandes bríos.

El que le pedía prestado dijo con enojo:

-No creía yo, tío Pedro, que usted fuese tan cicatero que para no hacerme este pequeño servicio, se valiese de un engaño. El burro está en casa.

-Oiga usted, replicó el tío Pedro. Quien aquí debe enojarse soy yo.

-¿Y por qué el enojo?

-Porque usted me quita el crédito y se lo da al burro.

He aquí la versión del chiste en Cicerón, con traducción castellana:

ut illud Nasicae, qui cum ad poetam Ennium venisset eique ab ostio quaerenti Ennium ancilla dixisset domi non esse, Nasica sensit illam domini iussu dixisse et illum intus esse; paucis post diebus cum ad Nasicam venisset Ennius et eum ad ianuam quaereret, exclamat Nasica domi non esse, tum Ennius “quid? ego non cognosco vocem” inquit “tuam?” Hic Nasica “homo es impudens: ego cum te quaererem ancillae tuae credidi te domi non esse, tu mihi non credis ipsi?”

Como aquella anécdota de Nasica: éste, tras acudir a casa del poeta Ennio y preguntar por Ennio, y después de que la esclava le dijera que no estaba en casa, se dio cuenta de que ella había dicho eso por orden del amo y de que, en realidad, él sí estaba dentro; pocos días después, cuando Ennio fue a casa de Nasica y preguntó por él en la puerta, el propio Nasica gritó que no estaba en casa. Entonces Ennio le dijo: “¿Cómo que no? ¿Es que no reconozco tu voz?”. Y entonces Nasica le contestó: “Eres un sinvergüenza: cuando yo pregunté por ti, le creí a tu esclava al decir que no estabas en casa, ¿y ahora tú no me crees a mí mismo?”

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