HA MUERTO MIGUEL DELIBES

De mi adolescencia recuerdo tres libros por encima de todos.

El tercero, EL NOMBRE DE LA ROSA. Lo leyó mi madre y no lo podía dejar. Fue ella quien me enseñó a disfrurtarlo contándome todo lo que iba pasando. Después, mi tío que tenía una imprenta me regaló APOSTILLAS AL NOMBRE DE LA ROSA.

El segundo, es EL SEÑOR DE LOS ANILLOS. ¡Qué verano más maravilloso pasé con esas historias de hobbits, enanos, trolls y humanos.

Y el primero, porque fue la primera novela que recuerdo haber leído y haber disfrutado, es EL CAMINO, de Miguel Delibes. Qué mal y qué bien lo pasé con El mochuelo, el tiñoso, y todos esos amigos.

Mi primer gran drama llegó con la muerte en las rocas de ese niño. Ahí descubrí la magia de la literatura. Recuerdo que mientras la leía creía estar viendo una película. Por eso le debo tanto a este señor. Descanse en paz.

Dijo, cuando ya estaba enfermo: “ha muerto el escritor antes que el hombre”.

Lo que no sabía él es que escritores como él no morirán nunca.

EL CAMINO, DE MIGUEL DELIBES

Cuando a Don Miguel le dieron el Cervantes escribió este discurso, que hablaba de El Camino.

Esto es, quizá, lo que yo intuía vagamente al escribir mi novela El camino en 1949, cuando Daniel, mi pequeño héroe, se resistía a integrarse a una sociedad despersonalizada, pretendidamente progresista, pero, en el fondo, de una mezquindad irrisoria. Y esta intuición, cuyos principios, auténticamente revolucionarios, fueron luego formulados por un plantel respetable de sabios humanistas, es lo que indujo a algunos comentaristas a tachar de reaccionaria mi postura.

Han sido suficientes cinco lustros para demostrar lo contrario, esto es, que el verdadero progresismo no estriba en un desarrollo ilimitado y competitivo, ni en fabricar cada día más cosas, ni en inventar necesidades al hombre, ni en destruir la Naturaleza, ni en sostener a un tercio de la Humanidad en el delirio del despilfarro mientras los otros dos tercios se mueren de hambre, sino en racionalizar la utilización de la técnica, facilitar el acceso de toda la comunidad a lo necesario, revitalizar los valores humanos, hoy en crisis, y establecer las relaciones Hombre-Naturaleza en un plano de concordia.