MIS POLICÍAS FAVORITOS DEL CINE

aquí están algunos de mis favoritos policías o detectives del mundo del cine

CLINT EASTWOOD (Harry el Sucio), BRUCE WILLIS (la Jungla de cristal), MEL GIBSON Y DANNY GLOVER (Arma letal), KEVIN COSTNER Y SEAN CONNERY (Los intocables), AL PACINO, STEVE MCQUEEN, MORGAN FREEMAN Y BRAD PITT

¿y tus favoritos?

EROTISMO Y LITERATURA II

La Biblia nos cuenta como cuando Abraham le reclama juramento a un siervo le pide: “Pon tu mano debajo de mi muslo y tomarte he juramento”, a lo que el siervo accede pues “puso su mano debajo del muslo de Abraham, su señor, y juróle”.

Y en el arranque del Cantar de los Cantares de Salomón ella dice:

Béseme con su boca a mí el amado.
Son más dulces que el vino tus amores:
tu nombre es suave olor bien derramado,
y no hay olor, que iguale tus olores;
por eso las doncellas te han amado,
conociendo tus gracias y dulzores.
Llévame en pos de ti, y correremos:
no temas, que jamás nos cansaremos.

En fin… Sea cual sea el salto literario que se dé. Sea cual sea la época o el género, toparemos con una u otro forma de erotismo, ya el sutil o el explícito, ya el ingenuo, el violento, el pudoroso, el que mira, el que es mirado, el que no sacia, el que se entrega, el que muere…

Pasando por Homero y su Ilíada, en donde lejos de sofisticaciones el sexo se contempla como un subidón que exige satisfacción inmediata, y La Eneida de Virgilio o La Metamorfosis de un Ovidio que se autocalifica como “poeta cantor de tiernos amores”, o las Sátiras de Juvenal que nos cuentan la historia de Claudio, casado con una ninfómana, hasta los textos indúes del Kama Sutra que vienen a ser el equivalente en Oriente a la guía erótico-sexual que supuso para Occidente El arte de amar de Ovidio.

Y, ya en la Edad Media, la descripción de la unión amorosa contenida en El collar de la paloma de Ibn Hazm de Córdoba, texto y autor cumbre de la corriente literaria arábigoandaluza: “La unión con el amado es la serenidad imperturbable, el gozo sin tacha que lo empañe ni tristeza que lo enturbie, la perfección de los deseos y el colmo de las esperanzas”.

¿Y Dante?, cuidado con Dante que al tiempo que condena la carnalidad y ubica a los lujuriosos en el segundo de los anillos del Infierno, carga de erotismo las descripciones de su amada Francesca y lamenta: “No hay dolor mayor que recordar el tiempo de la dicha, en desgracia”.

O la voluptuosidad exacerbada de Las mil y una noches, paradigma y ejemplo de pasión en la literatura por la belleza física y el erotismo. Textos al borde de lo obsceno en los que siempre acaba por imponerse la calidad de la escritura y la vertiente estética del sexo.

Y el Decamerón de Bocaccio, y los Cuentos de Canterbury de Chaucer, y Maquiavelo y Fernando de Rojas y su Celestina, y el Gargantúa y Pantagruel de Rabelais y Shakespeare y Quevedo y Cervantes y el erotismo rebosante de la poesía de San Juan de la Cruz:

Allí me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
y yo le dí de hecho
a mí, sin dejar cosa:
allí le prometí de ser su esposa.