EL CHUPINAZO

Con el disparo del «chupinazo», desde la Casa Consistorial, comienza San Fermín. En el centro, por supuesto, la cultura del toro: corridas, encierros, encierrillos, toro de fuego. Alrededor, todos los elementos que forman una gran fiesta popular: desfiles de bandas, gigantes y cabezudos, bailes y verbenas, fuegos artificiales…
Lo que fascinó a Hemingway, ya en 1925, fue un estallido colectivo, ritual, casi religioso: «Al mediodía del seis de julio, la fiesta estalló. No hay otra manera de expresarlo… Siguió día y noche, durante siete días. Continuó el bailar, el beber y el ruido. Las cosas que ocurrieron sólo podrían haber ocurrido durante una fiesta… Era una fiesta y duró siete días».
El centro de esa fiesta es la «Feria del Toro». No es sorprendente que bastantes figuras no hayan querido acudir, este año: el tipo de toro que en Pamplona se lidia y el comportamiento de los mozos, en el sol, forman una combinación que no todos los toreros aprecian. (Aunque aquí han triunfado diestros como Antonio Ordóñez, Luis Miguel, El Viti, Paquirri, Roberto Domínguez…)

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