DESEOS… (microrrelato nacido al ver la extraña forma de un árbol)

EL OTRO DÍA PASEANDO CON LAS NIÑAS ME ENCONTRÉ UN ÁRBOL CON UNA EXTRAÑA FORMA. SEGÚN MI HIJA – QUE NO LE FALTA IMAGINACIÓN – TENÍA FORMA DE OSO Y ME DIJO SI NO HABRÍA ENTERRADO ALLÍ UNO. ASÍ NACIÓ ESTO:

– Ojalá pudiera estar siempre así, entre tus brazos – dijo ella, abrazada a ese amante que tan prohibido le estaba y que tanto placer regalaba, no solo a su cuerpo.
– Deseo concedido – dijo su esposo, saliendo de entre los matorrales y  apuntándoles con su vieja escopeta de caza. Ella no supo qué decir. Su amante, sabiendo que el fin había llegado, se abrazó a ella con más fuerza y esperó a que el estruendo de la escopeta se clavara en su costado. Después otro… y otro más… Y otro, y ambos cayeron al suelo, abrazados y muertos.
Y su deseo, cientos de años después, sigue cumpliéndose, bajo ese árbol donde él les enterró y donde nadie les encontró jamás, hasta que alguien empezó a sospechar.

Bajo el árbol encontraron no solo dos, sino tres seres. Uno estaba oculto en el interior de ella… y fue esa semilla la que se abrió paso, creando el árbol más bonito que nadie nunca haya visto y donde ellos descansan… Libres al fin.

lo siento, el dibujo es mío. Luiyi, arregla esto.

CUADROS IMPACTANTES: TRISTEZA ¿SABES DE QUIÉN ES?

La relación entre Clasina María Hoornik – a la que el pintor llamaba Sien – y el artista se estableció en enero de 1882. Sien era una prostituta alcohólica y embarazada, madre ya de una niña, con la que Vincent convivió durante un tiempo, planteando a su familia su deseo de casarse con ella, provocando el rechazo de los padres. En estos momentos, Sien se convertirá en la modelo favorita del artista, protagonizando también este grabado que lleva añadida una cita de Michelet -“¿Cómo puede ser que una mujer así esté sola y abandonada en la tierra?” -. La mujer se presenta abatida, ocultando su rostro entre sus piernas, manifestando una profunda tristeza que da título a la obra. El aspecto descuidado de Sien es captado a la perfección – sus pechos caídos, su estómago abultado, su cabello desarreglado – por un trazo seguro y firme que se manifestará a lo largo de toda su vida, aunque el genio prefiera como instrumento el color a la línea para elaborar sus trabajos. La relación con Sien finalizó casi un año después, cuando el holandés reconoce que la carrera de artista es incompatible con la vida familiar. Desde ese momento, nunca convivirá con nadie más, excepto el periodo de Nuenen que habita en la casa familiar.

La pintó un tal Vincent

LA MUJER RESPECTO DE EL HOMBRE EN LA EDAD MEDIA

En la Edad Media el modelo de matrimonio era fijado por la iglesia. Por suerte – aunque lo intenten – ahora ya no es así (al menos en todos sitios).

Fue una figura bíblica, SARA, quien encarnaba las virtudes de la buena esposa: obediencia, castidad y devoción (tócate las narices)

La mujer necesitaba la virtud como decía en uno de sus famosos párrafos Jean Buridan. No te lo pierdas:

“el marido ama más que la esposa y ama con amor más noble, puesto que, respecto de la mujer, el marido es como lo superior respecto de lo inferior, como lo perfecto respecto de lo imperfecto, como quien da respecto de quien recibe, como el benefactor respecto al beneficiado; en efecto, el marido da a la mujer prole y ella la recibe de él”

Y esto – digo yo – lo escribió el inteligente respecto de la que le faltaba  inteligencia… ¡Manda güe…!

¿QUIÉN INVENTÓ EL BAÑO MARÍA? MARÍA LA GRIEGA

Mujeres que superaron las líneas de la educación que la tradición clásica les tenía asignada, también existieron. Pocas, pero existieron. Son esas mujeres que ejercieron la medicina, que destacaron como matemáticas, o, como María de Alejandría, cuyos trabajos e inventos en la química se siguen empleando hoy día, y de una manera tan habitual que casi ni nos damos cuenta.

María la Griega fue la inventora del célebre BAÑO MARÍA, utilizado en la cocina desde entonces hasta ahora. Tiene su origen en los laboratorios químicos con el fin de calentar una sustancia de modo indirecto: se emplean para ello dos recipientes. En el primero, que se pone directamente sobre el fuego, se coloca el agua, y dentro de él se introduce otro que contiene la sustancia que se pretende calentar.

Pues eso, amigos míos, lo inventó una mujer: MARÍA, LA GRIEGA.