LA LIBRETA MÁGICA (gracias, chupipandi)

Un nuevo verano que se marcha. ¿Hay algo más triste que el final del verano en una playa? Con él se va el calor, se va la playa, se van las risas, y se van esos amigos que no volverás a ver hasta el año que viene… Eso, teniendo suerte

A mí me pone muy triste el final del verano. El otro día, hicimos una fiesta para la pandilla de los peques (la chupipandi) y esos enanos me sorprendieron regalándome una libreta para que escribiera mis cosillas. Sí, me emocionaron mucho, y esto es lo que pensé cuando la abrí por primera vez y vi sus nombres  escritos por ellos mismos y una dedicatoria: “Josa, te queremos”

Gracias chicos. Yo también

Érase una vez una libreta mágica. Podría decir que era una libreta mágica por muchos motivos – podría inventar miles – pero no… Esta libreta era mágica por dos simples motivos: uno, porque la libreta había sido regalada por una gente muy especial, y otro, porque al abrirla no se veían hojas en blanco, ni letras, ni palabras, ni oraciones, ni párrafos, ni siquiera textos. Al abrir esa libreta solo se oían sonidos alegres que llegaban a mis oídos sin perturbación alguna.

Recuerdo que se oían risas por doquier, todas repletas de dientes relucientes, canciones “chupipandis”, gritos de goles marcados – también lamentos por los encajados – sonidos de olas y de piedras arrastradas por el rompeolas, más canciones, y hasta podía oírse el sonido de los abrazos… ¿Te has parado alguna vez a oírlos?

Al abrir la libreta mágica también se veían imperecederos rostros de niños risueños, de esos que invitan a una eterna sonrisa de la que después no te puedes alejar. En cada hoja aparece una cara, de boca siempre sonriente, acompañada por un guiño cómplice que te hace devolver ese saludo inocente. Junto a cada cara aparece también un nombre: Aida, Blanca, Juan Carlos, Pablo, Carlos, Marina, Belén, Paula, Paco, Carla, Carmen, Cruz, África…

Y cada una de esas hojas te sonríe, y te saluda de forma cariñosa, y no quieres pasar a otra… Pero lo haces porque no te queda más remedio.

¿Has abierto alguna vez esa libreta de la que te hablo? ¿Y no te ha pasado esto que te acabo de contar? ¿Estás seguro de eso? Entonces, amigo, cierra la libreta, cierra también los ojos, y con los ojos aún cerrados ábrela de nuevo. Entonces, todos y cada uno de esos niños mágicos aparecerá ante tus ojos.

Son ellos quienes la han hecho así: mágica.                                   

 

 ¡Gracias chicos!