COSAS DE MI INFANCIA: LOS SOLDADITOS

sin duda, unas de las cosas de mi infancia. Me encantaba el que estaba de rodillas, pero más el de “cuerpo a tierra”

La pesadilla… Al despertar (desvarío mental n.32)

No llueve pero, al menos, es de noche. En realidad es tan de noche que el día pronto llegará, y hay que aprovecharlo, mi amor. Casi sin esperarlo – aunque lo deseara más que nada –  emerges empapada y tan desnuda como tú sola sabes estar detrás de la cortina de lluvia caliente que es mi sueño noctámbulo.
Sin decir nada – tú solo me sonríes – bañas mi piel morena con tus senos tan mojados como el resto de tu cuerpo,y tan enérgicos como la mirada que me embelesa y enamora. No dices nada, tan solo me muestras tu lengua tórrida mientras remoja los labios que visten tu cara.
Te acercas a mí – siempre desnuda, como una serpiente resbaladiza – y te tumbas a mi lado, siempre mirándome, pero sin decir nada.
¿No hablas cariño? ¿por qué no me dices nada? ¿por qué callas y no me acaricias como acostumbrabas a hacer?… ¡Maldita sea la muerte del ser amado!
¿Sabes una cosa, antes de que abra los ojos y te vayas? Nunca terminaré de acostumbrarme a despertar de estos sueños y ver que ya no estás.

TESTIGOS ÍNTIMOS, EXPOSICIÓN SOBRE EL RETRETE EN VIENA

El Museo del Mueble de Viena presenta una exposición singular. Se llama “Testigos íntimos”y está dedicada a la evolución de la higiene personal a través de los muebles y utensilios que la hacían posible, especialmente provenientes de la nobleza y la corte de los Habsburgo.

También se enseñan otros objetos más escatológicos, como los “Zimmerretiraden”, sillones con un agujero circular en el asiento y un depósito, diseñados para poder evacuar en la propia habitación.
También son curiosos los “bourdalous”, unos orinales con forma de salsera cuyo origen y nombre tienen detrás una curiosa leyenda.
Se cuenta que estas bacinillas eran usadas por las damas de la corte de Luis XIV para orinar “in situ” y no perderse ni un pasaje de los extensos sermones del predicador jesuita Louis Bourdaloue.
Tampoco faltan bidés de época, un utensilio surgido a mediados del siglo XVIII y en el que personajes como Madame de Pompadur, amante de Luis XV, o el legendario Casanova, veían una clara vinculación entre higiene y erotismo.
Con la llegada del agua corriente y el alcantarillado a las ciudades, a finales del siglo XIX, llegó también la aparición del cuarto de baño como hoy lo conocemos y la democratización del aseo.
De 1905 son algunos de los inodoros profusamente decorados con dibujos y relieves que la exposición muestra y que en su día se usaron en el Palacio de Schonbrunn.
La demanda de bañeras y lavabos empujó la aparición de una profesión, los fontaneros, y de una industria proveedora de sanitarios. “Báñate en casa”, era el rompedor eslogan del anuncio de una casa de bañeras vienesa allá por 1900.
Los primeros cuartos de baños propiamente dichos eran aún espacios con canapés, más cercanos al vestidor pensado para un aseo sin prisas que al recinto más funcional y frío que hoy conocemos.
Varios diseños y bocetos del arquitecto austríaco Adolf Loos ejemplifican esas habitaciones de principios del siglo XX, cuando tener cuarto de baño era aún un lujo no al alcance de todos.

CUADROS DE CLAUDIO BRAVO, OTRO DESCONOCIDO PARA MUCHOS

Un pintor chileno brillante, y transgresor, que viajó a París pero se quedó en Barcelona. Luego vivió en Madrid, en la España de Franco, hasta que escapa a Marruecos en 1972 donde vivió hasta su muerte en 2011.

LAS RUBIAS, ESE CLARO OBJETO DE… ¡BROMA!

Después de Jaimito – ¿quién sería Jaimito? – nadie como las rubias. Sin duda, las grandes apaleadas por la cruel broma del chiste.

Un hombre ciego entra en un bar de lesbianas por equivocación.
Se las apaña para llegar hasta la barra y pide una copa, y tras estar un rato sentado en el taburete le grita al camarero:
– Eh, tu, ¿te gustaría oír un buen chiste de rubias tontas?
Inmediatamente se hace un silencio total en el bar y con una grave,  profunda y áspera voz,  la mujer que esta  sentada junto a el le dice:
– Antes de que cuente ese chiste, señor, y en atención a su minusvalía física que le impide ver, creo que lo  justo es que le advierta de cinco cosillas:
1.   Que la camarera es rubia,
2.   que el portero del bar es una mujer rubia,
3.   que yo mido un metro ochenta, peso 80 kilos, soy cinturón negro de karate y tengo el pelo rubio,
4.   que  la mujer que esta conmigo es policia y es rubia
5.   y que la dama que esta sentada al otro lado de usted es desguazadora y también es rubia.
Y ahora que sabe eso, piénselo cuidadosamente: De verdad ¿todavía quiere contar ese chiste?
El ciego piensa durante un par de segundos, menea la cabeza y contesta:
– Naaa…  Pues no lo cuento… ……. Paso de tener que explicarlo cinco veces!

GRACIAS CAMBRONERO