UNA VISITA ESPECIAL POR NAVIDAD (cuento de la clase de primero del Duque de Rivas)

Érase una vez que se era una hora bien temprana, en un día tardío, en el último  mes de un año que ya se acaba. Como ya te he dicho es por la mañana, y para ser más exactos son las nueve y media de la mañana.  Las nueve y media y un segundo, y dos, y tres, y cuatro, y five, and six, and seven…
El cielo parece ceniciento, casi nublado. Las hojas amarillentas de los árboles luchan para no caer al suelo… Eso, las que tienen la suerte de permanecer asidas a las ramas de los troncos.
Hace frío… Mucho frío.
¿Por qué en estas fechas, en las que quizás haga más frío que nunca, ese frío se siente de otra manera, casi como si fuera calor? ¿Por qué nuestras ropas nos abrigan más que en los otros meses del crudo invierno? ¿Por qué las bufandas parecen tener dedos que nos acarician el cuello y labios que nos besan la cara? ¿Y por qué esos gorros de lana parecen los cuerpos de nuestros papás durmiendo a nuestro lado? ¿Y por qué el frío no nos molesta?…
La respuesta es bien simple:
 
PORQUE ES NAVIDAD.
 
En Sevilla la Nueva, un pequeño y apacible pueblo  que descansa alejado de la blanca sierra madrileña, el frío es intenso en esos días, pero no en El Duque, uno de sus colegios, donde tan bien se respira la navidad.
Las clases se han convertido en postales navideñas, los profesores se hacen alumnos y cantan y ríen con sus amiguitos que pronto emigrarán, y las lecciones suenan a villancicos alegres.
Todas las clases respiran Navidad y alegría, pero hay una especial, una a la que llaman la preciosa clase de primero, en la que la navidad es más hermosa aún que en el resto.
Esa clase está repleta de niños y niñas, todos iguales, todos diferentes… Pero todos – sin excepción – con una cosa en común: ¡¡¡SE ADORAN!!!
En esa clase no hay compañeros… En esa clase hay hermanos.
Estamos llegando a uno de los últimos días de clase de ese año al que llaman 2011. Todos los niños, como todas las mañanas, entran en su clase, se quitan sus abrigos y se sientan en sus mesas colocadas en forma de U, y miran a la pizarra a la espera de su seño Nuria.
Pero esa fría mañana de Diciembre hay algo diferente… Algo extraño y que les llama la atención.
Sentado en la parte trasera de la clase hay un niño extraño, muy grande – quizás demasiado – y con el rostro oculto tras un libro que impide que puedan distinguir sus rasgos. Todos le miran, pero él parece absorto en su lectura.
Las chicas – muy valientes ellas – intentan acercarse a él, y lo hacen lentamente, cogiéndose de las manos y avanzando peldaño a peldaño con las manos temblorosas. Ya están casi al lado, a punto de tocar ese libro, pero un extraño bufido, les hace volver rápidamente a su pupitre. Eva, Elsa, Nagore, Cruz, Sofía, Alia, Lucía, Nora, Diana, Aurora y Aikaterini corren hasta su asiento.
Los chicos, creyéndose más valientes, se acercan hasta él lentamente. Ahí van Álvaro, Juan, Marcos, Alex, David, Martín, Samuel, Yeray, Mohamed, Mario y Alejandro intentan apartar el libro de su cara, pero el extraño personaje lanza un estruendoso ronquido que hace que todos corran y se escondan bajo su pupitre hasta que la seño entra en clase.
-¿Qué os pasa chicos?  – pregunta Nuria
– seño – dicen todos, muy asustados – hay un extraño niño en la clase
– ¡Mira, mira! – gritan todos señalando a ese personaje que no pueden reconocer
-sí, lo sé – dice Nuria, invitándoles a levantarse y no tener miedo – es un amigo mío, y también vuesetro
– ¿nuestro? Pero si no lo conocemos
– sí que lo conocéis… Él viene de muy lejos, y está algo cansado ¿qué os parece si le dejamos dormir mientras seguimos con nuestra fiesta de despedida de Navidad?
-¿y podrá dormir?
– sí, ya os digo que está muy cansado…
Los niños, olvidando a ese personaje – o intentándolo al menos – siguen pintando sus dibujos navideños, cantando sus alegres villancicos y ensayando ese baile que pronto harán en el teatro del pueblo.
Todos están felices, todos se abrazan, todos se sonríen y todos juegan… Los unos con las otras, las otros con las unas, sin importar el sexo, sin importar el color de su piel, y mucho menos el lugar de origen de cada uno. Porque eso es lo bueno de esa clase:  QUE HAY GENTE DE TODOS LADOS. ¡¡¡GENTE!!!
Allí dentro todos son compañeros, todos alumnos de primero, todos amigos, casi hermanos… Y todos alumnos de Nuria, a quien adoran, como antes hicieron con Ester, esa preciosa maestra granadina, y con Carmen, siempre risueña y amable.
Ajenos a ese extraño personaje nuestros niños juegan, cantan, ríen, y no dejan en ningún momento esos guiños de complicidad que tan felices y orgullosos hacen sentir a sus padres cuando les ven juntos en cualquier lugar.
Son todos como hermanos, todos unidos, todos queridos, y todos ayudándose siempre que pueden… Incluso cuando no pueden.
Cruz, Aikaterini y Aurora juegan con Juan y con Marcos a construir el portal. Eva, Alba y Samuel hacen un bonito dibujo de los Reyes Magos; Diana y Sofía (las dos Sofías) juegan con Álvaro y con Elsa a colocar guirnaldas sobre las ventanas; Lucía, Alex, Mohamed y Alia hacen figuras de plastilina con Mario, Nagore y Yeray; Alejandro, Nora, Almudena y Martín ponen música y bailan junto a la pizarra, y así unos y otras… Otros y unas.
Durante toda la mañana esos chicos se lo han pasado pipa, jugando, riendo y queriéndose a su manera… ¡Qué suerte tienen!
Es cuando suena la campana y todos se tienen que marchar cuando uno de ellos pregunta a la seño Nuria que porqué no se ha despertado aún ese extraño niño grande.
-No es un niño, es un hombre – dice Cruz, quitando el libro que tenía frente a su cara mientras todos le ven dormido plácidamente.
-¡Haaaaaaala! – gritan todos, observando ese cansado rostro oscuro, de tez negra, que no deja de roncar y roncar.
-Dejadle descansar – dice Nuria a sus chicos – está muy cansado. Viene de muy lejos y no tiene familia. Es muy importante que descanse
-¿no tiene familia? – preguntan algunos sorprendidos, observando su piel negra como el betún
-¿y pasará solo la navidad? – preguntan otros, un poco tristes
-podemos invitarle a nuestras casas – dicen otros inocentemente
-no, no hace falta – dice Nuria – en navidad tiene mucho trabajo
-pobrecito… – dicen – pero si en Navidad no se trabaja
– él sí – contesta Nuria
– pero si en Navidad no trabajan ni nuestros papis que están siempre trabajando
– pues él sí, y mucho además. Por eso tiene que descansar
-pobrecito – dice una de las niñas, levantándose, y dándole un precioso beso en su mejilla antes de marcharse a su casa.
Los demás amigos de clase hacen lo mismo. Uno a uno, despacio, en silencio, para no despertarle. Tienen tanto cuidado en no hacer ruido que ese hombre casi ni siente sus besos sobre su piel…
Es cuando el último de esos niños sale de clase cuando nuestro extraño amigo abre uno de sus ojos y mira a la profesora. No tarda en sonreírle
– Me alegra que vuelvas a sonreír – le dice Nuria
– y a mí – dice él, sonriendo de nuevo y estirando sus largos brazos y sus poderosas piernas
– decías que no volverías a sonreír esta Navidad…
– Ya, estaba equivocado. Tenías razón al haberme obligado a venir a tu cole, Nuria – le dice sonriendo
-¿has visto como no te mentía, Baltazar? – dice Nuria sonriendo
– sí, tenías razón. Estos niños me han hecho creer de nuevo en la Navidad y en que este mundo tiene solución. Estaba cansado de tantas guerras, de tanta crisis, de tanto mal rollo entre la gente, de tantas peleas absurdas, pero esta mañana aquí, en esta clase me ha hecho comprender que el ser humano siempre tiene solución
– pues claro que sí. Estos chicos son maravillosos. Ya te lo dije
– sí. Dale las gracias a tus chicos, a todos y cada uno de ellos
-Se las podrás dar tú cuando vayas a sus casas a dejarle los regalos ¿no?
– sí, y les devolveré el precioso beso que me han dado. Te lo prometo
– vale, pero con cuidado, que no se despierten. Ya sabes que los niños no pueden ver a los Reyes Magos…
– no te preocupes. No me verán, pero sabrán que he estado
– gracias Baltazar. Mis chicos creen en ti. No les falles
– ¿a estos chicos? ¡Jamás! Van a tener el día de Reyes más bonito del mundo. Te lo prometo
– se lo merecen – dice Nuria mientras despide a su amigo, que se marcha hasta la puerta donde Carlos le guarda su camello mágico.
 
Y colorín colorado…
Este cuento aún no ha acabado,
Y así lo veréis
Cuando llegue el día seis
 
EL CUENTO EN WORD…………………………..navidad en el duque