ESPOSAS (ÚLTIMA PARTE)

AQUÍ LA ÚLTIMA PARTE DE ESTE CAPÍTULO
 
De nuevo en el lugar de origen… De nuevo en un nuevo autobús que me aleja, y que, a la vez, me lleva a empezar de nuevo. A mi lado mi vieja mochila, con mi ropa nueva, mi ropa interior, mis cosas de aseo y el espacio que ha dejado mi libreta y mi lápiz con el que escribo.
Atrás queda otra mujer, quizás la única de verdad, y aquí voy, huyendo en la noche, en un viejo autobús que me lleva a un nuevo destino que ni siquiera yo he elegido, sino la propia suerte de ser el destino más cercano en cuanto al tiempo.
Apoyando la cabeza en el frío cristal por donde solo veo oscuridad y la apagada blancura de la nieve nocturna pienso en Lucía, la mujer que, sin duda alguna, podría haber sido el auténtico amor de mi vida.
Aún recuerdo el olor de su cabello en aquel viejo cine donde entré a ver Fargo por ¿décima vez? Me gustó esa mujer menuda, de lacio pelo rubio, cabeza pequeña, cuerpo delgado y pequeño, y de turgentes senos incapaces de disimular ni siquiera con las gruesa ropas del invierno.
Estaba tan interesada en una película que ya había visto varias veces que me llamó la atención. Mientras comía palomitas y bebía Coca Cola seguía con sus labios el ritmo de las conversaciones de los actores… ¡Si hasta era capaz de imitar sus gestos antes de que se proyectaran en la pantalla! Rápidamente supe que esa mujer estaba tan sola como yo – puede que más – y no tardé en  hacerla mía.
Cuando terminó la película permanecí sentado mirándola. Ella me vio y se ruborizó. Aun así me sonrió y me saludó, tímidamente.
La seguí. Ella me esperó fuera, nerviosa, sonriente, y me acerqué a ella.
Terminamos en su casa e hicimos el amor mientras en la calle sonaban las cancioncillas alegres de la Navidad.
Jamás me había acostado con alguien como ella, con alguien tan menudo de aspecto, pero tan fuerte de carácter. Llegó a darme miedo mientras hacíamos el amor según sus reglas.
Cuando sacó esas esposas me descolocó tanto que no supe qué hacer o decir. Por un momento pensé si no sería policía, si no me detendría… Si no sabría mi terrible secreto.
Me dejé llevar e hicimos el amor como nunca antes lo había hecho. Por primera vez era ella la dueña, la ama, y yo el fiel perrito que se dejaba acariciar y sacaba su lengua para dejar claro que le gustaba lo que estaba sucediendo.
Esa mujer era la hacedora del placer sublime. Su cuerpo menudo era esbelto, de curvas sinuosas, de pechos preciosos y sabrosos y de finas caderas y prietos muslos por donde me perdí en medio de unos sueños profundos.
Recuerdo que haciendo el amor estuvimos toda la noche, exhaustos, totalmente agotados, y aún hoy, dos días después, soy incapaz de recordar el número de orgasmos que ambos conquistamos en el cuerpo del otro.
Por primera vez me descubrió la mañana en la cama, con un cuerpo aún vivo. Era la primera vez que la negra dama de la oscuridad no acudía a su cita.  Y eso me asustó y me gustó.
Sin duda, me había dejado disfrutar, como así le había pedido en muchas ocasiones, y hasta fantaseé con la idea de que se hubiera marchado para siempre, dejándome libre al fin. No fue así.
Mientras me miraba en el espejo del baño, después de la ducha, allí estaba ella, sonriendo, macabra, con esos ojos sin vida y sin color, con esa tez oscura bajo ese viejo y sucio manto de tela de saco viejo. Se acercó a mí, me habló al oído y cogió mi mano y la llevó hasta el espejo, dibujando la palabra horrenda: “MÁTALA”
Luché con ella, cogiendo el cuchillo para acabar allí mismo con todo, y clavarlo en el único cuerpo que tenía que matar: el mío, pero ella era demasiado poderosa y el duelo fue desigual… como siempre sucedía.
En un descuido suyo conseguí huir. Recogí las mantas y sábanas del dormitorio, limpié mis huellas y salí del pequeño piso para marcharme y perdonar su vida.
Recorrí las calles de la vieja Salamanca recordando el sexo tan placentero y hermoso. Hacía mucho frío y mis pies se congelaron caminando hasta la vieja estación de autobuses.
No había un destino que me atrajera, y si lo había, no podía volver por motivos obvios. Fue entonces, al coger la libreta donde ahora escribo, cuando me di cuenta de que me había olvidado el cuchillo en el baño, justo sobre el lavabo. Miré la hora. Ella aún no había terminado de trabajar y corrí y corrí hasta su casa para llegar antes que ella.
Qué miedo pasé durante el trayecto, y no supe si seguir en mi vuelta a su domicilio u olvidarme del viejo cuchillo y huir.
¿Y si ella había visto el cuchillo? ¿Qué pensaría? ¡Dios, qué mal lo pasé!
Al llegar ella estaba en la casa. Se sorprendió mucho al verme. Yo me asusté al verla desnuda, tan solo vestida con aquel albornoz. Me dijo que acababa de llegar y no vi en su cara ningún gesto de miedo o preocupación.
-Bien – pensé – no ha visto el cuchillo.
Recuerdo que la besé y su beso era distinto, como con más fuerza y frenesí. Yo andaba aún asustado, temiendo encontrarme allí adentro a la policía esperándome, pero ella me adentró sin que pudiera resistirme.
Mientras ella servía unas cervezas me acerqué al baño. Allí estaba el cuchillo, justo donde lo había dejado, y me tranquilicé. Lo guardé en la mochila y me llamó la atención algo extraño en su cama. Junto a su ropa había un extraño álbum de fotos, abierto, y con recortes de periódicos.
Al leerlo mis pies se clavaron en la alfombra rosa del dormitorio. Eran recortes guardados de ese al que llamaban EL ÚLTIMO ROMÁNTICO. Eran trofeos de alguien a quien ella admiraba y a quien yo odiaba con todo mi alma.
Entonces me di cuenta. Esa mujer había visto el cuchillo también. No me había dado cuenta antes de su pelo mojado.
¿Qué hacer a continuación? – pensé asustado – deseoso por primera vez de que llegara la dama oscura y fuera ella quien actuara. Yo no sabía qué hacer y me dejé llevar.
En el salón tomamos la cerveza mientras la miraba extrañado. Esa mujer sabía quién era y no estaba asustada. ¿Qué clase de monstruo era ese? – pensé observándola, mirando sus senos turgentes dibujados por el escote del albornoz y volviendo a desearla.
Ella se desnudó, dejó que hiciera con ella, y entramos en la habitación.
Nos metimos en la cama, desnudos, e hicimos el amor de manera salvaje.
Esa mujer era un auténtico enigma, y llegó a emocionarme y asustarme. Sí, reconozco que por primera vez sentí mucho miedo y es que no sabía bien a qué atenerme.
De pronto ella lloró y eso me hizo alertar. Estaba tan guapa con esas lágrimas dibujadas…
Hicimos el amor despacio, disfrutándonos, y enamorándonos. En esos ojos de ella había algo más que amor. Estaba embelesada, totalmente entregada, y deseosa de la llegada del final ¿temido?
Creí que no. Esa mujer no tenía miedo a la muerte, sino a la falta de placer. Quería llegar al clímax conmigo, y quería disfrutarlo ya, aunque con él llegara un más que seguro y violento final.
En sus ojos pude verlo. Esa mujer deseaba que sacara mi cuchillo y que lo clavara en su cuerpo, como había hecho con tantas otras, y apretándome contra ella con violencia, atrapándome con sus piernas, me gritó, haciendo patente todo el placer que estaba sintiendo en esos momentos tan trágicos.
Fue entonces, al abrir los ojos, y verla disfrutar de esa manera animal, cuando la dama oscura apareció detrás de mí, besándome y gritándome que la matara.
-¡Hazlo, hazlo ya… Mata a esta maldita perra!
-¡no, no, no! – gritaba yo, intentando salvar a alguien tan valiente
– ¡hazlo, hazlo… Mata a esta maldita zorra!
-no, no no – seguía luchando yo, aunque mi mano ya estuviera acercándose a la vieja mochila y agarrando aquel artefacto infernal.
-¡No le hagas caso, querido, no le hagas caso! – gritó ella, haciendo que yo abriera los ojos mientras los dos alcanzábamos el ansiado orgasmo.
Ella gritaba y gemía como jamás había oído yo a animal alguno. Sus gritos eran auténticos alaridos animales y sus uñas se clavaban en mi espalda, proporcionándome el mayor placer imaginado.
Ella se resistió a abrir los ojos. Yo me resistí a clavarle el cuchillo que ya tenía en la mano, mientras la vieja dama me gritaba que lo hiciera.
Fue cuando iba a hacer caso a la dama que me domina cuando ella, sin esperarlo, y aún con los ojos cerrados, colocó un arma sobre mi sien derecha.
-No lo hagas o te mataré yo a ti, querido – dijo, sin abrir los ojos, apretándome más a ella, recibiendo mi arma en su interior mientras el cuchillo caía de mi mano sobre la sábana sudada.
Los dos permanecimos en silencio, el uno dentro del otro, jadeantes, disfrutando de un placer increíble, y vencedores al fin en un duelo de tú a tú, en un duelo natural, y no en un trío, que era como solía acabar aquello.
-¿Y ahora qué? – me preguntó, aún con los ojos cerrados, y apartando el arma de mi cabeza – ¿qué harás ahora?
– ¿yo? – pregunté algo desorientado, pero por fin vencedor – ¿y tú?
– me gustaría que te quedaras conmigo para siempre
– sabes que eso no es posible – dije muy serio, besándola de nuevo
– sí, lo sé – dijo ella, golpeando el cuchillo con su mano y alejándolo de la cama
– tendré que irme. ¿Me denunciarás?
-¿yo? ¿estás loco? Yo te amo, querido. Siempre te he amado, aunque no lo creas. No te denunciaré pero solo si me respondes a una pregunta
-¿cuál?
– ¿por qué lo haces? ¿por qué matas a quien puedes amar?
– es difícil de explicar, querida. No soy yo
– lo sé. Lo he notado… ¿Quién es ella?
– ¿ella? Supongo que mi única compañera de siempre, ya desde mi niñez
-¿la soledad? – fue lo último que me preguntó antes de que saliera de esa casa asustado. Esa mujer me conocía tan bien que, tarde o temprano, acabaría conmigo.
Quise quedarme allí, con ella, e intentar empezar de nuevo, pero antes tenía que averiguar si – como pensaba – había conseguido deshacerme de mi más vieja compañera… Y para eso tendría que volver a enamorarme.
Lo mejor – pensé – sería olvidarme de ella para siempre, como había hecho con las anteriores, y seguir mi vida.
Pensando estaba en todo lo que me había pasado cuando noté la mirada penetrante de mi compañero de asiento en el autobús. Era un hombre mayor, de unos ochenta años, de pelo cano y corto y con sombrero en sus manos temblorosas.
-Joven – me dijo muy serio – tiene usted una mancha de sangre en el cuello de la camisa
-¿sí? – pregunté nervioso, sin saber qué hacer, tan solo intentar ocultarla
– sí – me dijo – y otra ahí, en el cuello. ¿Se ha cortado afeitándose?
-sí, supongo que sí – dije contrariado y nervioso, pues ese hombre se habría dado cuenta, sin duda, de que hacía varios días que no me afeitaba.
 
todo el capítulo en word………………..EL ÚLTIMO ROMÁNTIco LUCIA COMPLETO

10 comentarios

  1. Marga porque dices que la ha matado. El mismo dice que se va para ver si ha conseguido dejar a la dama osucra y volver con ella. Yo creo que no la ha matado

    Me gusta

  2. cuando leo estas cosas que escribes no me puedo creer que sea el mismo tio que siempre esta de broma, de cachondeo no se es como si no te pegara escribir estas cosas

    Me gusta

  3. Lucía me resulta un personaje muy raro, poco creíble y además me produce undignación porque no entiendo su lógica personal y sentimental.
    Al menos, ha muerto como ella siempre soñó. Y deseó.
    Espero que la siguiente esposa me sorprenda aún más que esta chica tétrica.

    Me gusta

  4. querido Josa ¿ves como estas correligionarias no son lo que te interesa? Ellas no ven el ejercicio literario, ni la calidad, ni la rapidez o vertiginosidad de tus relatos. Ellas solo quieren sentirse como las protagonistas. ¡Que se vayan con Corín Tellado!
    A mí me gustan tus historias macabras y esta también. Me gusta el personaje del último romántico pero no me gusta esta tía. Aun así hemos conseguido verle la cara al personaje y me parece muy acerdtada la manera de hacerlo ya que la historia se cuenta en primera persona ¿Quién se describe a si mismo en un diario? Excelente. Pero eso sí, el capitulo no es el mejor ni mucho menos. Sigo quedándome con el del tren

    Me gusta

DEJA TU COMENTARIO (bueno o malo)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .