EL ÚLTIMO PERDEDOR (RELATO CORTO)

DESCARGAR O LEER EN WORD………………..PELEA A LOS PUNTOS
 
Allí estábamos otra vez los dos, los mismos dos tontos de siempre, de nuevo el uno frente al otro, esperando el primer movimiento que delatara por dónde iría el ataque a repeler. Las camisas, como cuando éramos niños, estaban otra vez remangadas, las cejas se elevaban y cruzaban, siempre al acecho, y el mentón descansaba escondido sobre el pecho para evitar el golpe más doloroso, que, sin duda, no tardaría en llegar.
Subidos al polvoriento ring de aquel viejo gimnasio abandonado volvimos a aquella parte de los recuerdos que aún guardábamos de nuestra juventud.
Era, sin duda alguna, el combate esperado por todos, un combate a los puños que muchos diagnosticaron como inevitable – incluidos nosotros dos – y que había sido evitado desde la más tierna infancia – ¡yo y mis malditos temores! – desde aquel funesto día en que ese siniestro niño vino al barrio para romper la paz existente.
Ya desde niño aguanté que me robara a todos los amigos de la calle, que me “afanara” la capitanía en el equipo de fútbol del barrio, e incluso que consiguiera el favor de algún miembro de mi familia, despistado en el día del reparto de la personalidad.
Años después, con la llegada del vello a nuestro cuerpo, me robó a Lina, la hija de aquel maestro que tanto me gustaba – casi tanto como su hija y cuya mirada no volví a sentir sobre mis ojos. También soporté que se convirtiera en el nuevo líder de la clase. Sufrí sus auténticos golazos cuando yo jugaba de portero. Lloré sus casi antológicas paradas cuando era yo el delantero centro. Perdí también aquel maldito subcampeonato de poesía que él ganó, y que acabó de paso con mi gran pasión, haciendo que me alejara del teclado de mi ordenador Amstrad. Después, ya en el instituto, me quitó aquella joven rubia con la que salía… ¿Ángela se llamaba?
Por suerte yo me fui a estudiar a Granada y él a Madrid, y nuestros caminos se separaron al fin. Aun así siempre le quedó tiempo para robarme alguna que otra chica en los veranos calurosos de la playa, y también algún que otro amigo.
Lo que no pude perdonarle – y de ahí ese combate que estaba a punto de empezar – sin guantes, ni mucho menos casco, fue que también se llevara a su casa a mi esposa, y con ella a mis dos hijos, que a veces hasta le llaman papá.
Los pocos que presenciaron la pelea – incluido yo – pensaron que ese combate definitivo también lo ganaría él. ¡Siempre había ganado en el cuerpo a cuerpo!
La pelea terminó a los puntos…
Los que tuvieron que darme después de la sonada paliza. Creo que fueron treinta y cinco en total, repartidos por todas partes de mi cara.

LA DULCE ANA, MÁS CONOCIDA COMO DULCINEA DEL TOBOSO

Dulcinea del Toboso

Emperatriz de La Mancha, Dulcinea del Toboso es el personaje imaginado por Don Quijote sobre la figura de la labradora Aldonza Lorenzo, todos ellos figuras imaginadas por Miguel de Cervantes Saavedra para su obra El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.  Convencido de que todo caballero necesita una dama, Don Quijote, en su locura, crea en su mente a Dulcinea del Toboso, a quien atribuye numerosos dones y parabienes. Dulcinea no aparece físicamente en la obra cervantina, pero es fundamental para el desarrollo de la obra debido a la devoción que siente el hidalgo por ella. Pues bien, Aldonza Lorenzo no era otra que Doña Ana Martínez Zarco de Morales, a quien Cervantes inmortalizó con el nombre de Dulcinea del Toboso, la Dulce Ana.