TODO ESO SERÍA… (INTENTO)

La sal que se pega
a la piel de ese  niño
que se baña por vez primera…
 
Un barco  a la deriva
que corta el mar y se aleja
de la vida de tierra…
 
Un catamarán  sin alas
que vuela a ras de la espuma
disfrazándose de avión que planea…
 
Hasta una patera soleada,
 Semi hundida y aquitranada
Con sus gentes ilusionadas y temerosas…
 
 
Una roca milenaria y quieta
Que se  ve negra y envejecida
Por el consuelo de un mar muy frío…
 
Un cangrejo valiente y osado
pero atenazado a esa roca
De la que no se quiere soltar…
 
La arena  caliente y mojada
que pisan las huellas
de dos muchachos cogidos de la mano…
 
Y las piedras multicolor
de un fondo que los peces
recorren sin miedo alguno…
 
 
Un hipocampo desenrollado,
 despistado y errante que mira
en derredor flotando y nadando…
 
Un  pez volador que cae
siempre de cabeza, volviendo a ser
pez otra vez en su hábitat…
 
Un niño que chapotea colérico
Y que grita sin miedo
mientras su mamá vigila emocionada…
 
Y una niña que se tapa su nariz
con los dedos Para ver por fin
lo que hay debajo de la superficie…
 
 
Una mujer que nada y se sumerge,
elegante y zalamera sabiendo que él
la está observando mientras huye…
 
Un hombre enérgico y emocionado
que se sumerge imaginándose llegar
tan lejos como nunca antes…
 
Un joven con la piel erizada
por el frío que busca esa concha
con la que sorprender a su amada…
 
Incluso una bolla amarilla
estática y durmiente que indica  
a los bañistas que el mar es su aliado…
 
Un pulpo de ojos avizores
 agazapado entre las rocas
esperando el despistado pez que pasea…
 
El dibujo de la espuma  de barba blanca
que nace solitaria y viaja
cuando el barco salta contra la ola…
 
Una botella , verde y oxidada
por el paso del  tiempo y la sal
y que alguien dejó de beber cuando pudo…
 
Esa pareja  enamorada que escapa
de la moraga festiva y se sumerge
el uno en el otro bañados por la luna…
 
Y, por supuesto, esa luna que ahora miro,
Siempre alegre y siempre triste,
y su reflejo que dibuja besos sobre la superficie…
 
Todo eso soy yo cuando llega la noche
Y tú te duermes  a mi lado…
y cuando, rodeada de la sal y el agua
que escapa de mis ojos,
te conviertes en ese mar donde yo
quiero nadar y del que nunca querría salir…
 
Todo eso sería yo… Si tú fueras el mar.

ENFERMEDADES MISTERIOSAS: el sudor inglés

Una de ellas fue una epidemia declarada en Inglaterra durante el año 1496 y que se conoce en la historia médica como “el sudor inglés”, que aunque se inició en Inglaterra, se extendió rápidamente por todo el norte de Europa. Los afectados eran hombres jóvenes, siendo inmunes los niños y los ancianos; aparecían de forma repentina escalofríos nocturnos y accesos febriles, que se acompañaban de dolores de cabeza, palpitaciones, náuseas y ahogos, siendo lo más característico una gran sudoración seguida de una erupción cutánea acompañada de manchas o llagas; en los casos leves los síntomas remitían a las 24 horas, mientras que en los graves se complicaban con delirios, parálisis y somnolencia; en dos semanas el brote desaparecía de la zona afectada. El último brote de esta misteriosa enfermedad se produjo el año 1551, y hasta hoy…

FALSIFICADORES FAMOSOS: John Constable


Una comparación de un paisaje de John Constable (“Árboles de Hampstead: el sendero de la iglesia”, de John Constable; óleo sobre tela; 91 x 72 cm.; 1821?, Victoria and Albert Museum, Londres), con otro de su hijo Lionel (“En las inmediaciones de Stokc-by-Nayland, óleo sobre tela; 36 x 44 cm.; c 1820; Tate Gallery, Londres) demuestra lo fácil que resulta atribuir erróneamente un cuadro. La gama de colores, el tratamiento del cielo y del follaje así como el enfoque del tema resultan sorprendentemente similares en ambos. Sólo un cuadro inspirado y una paciente investigación pueden desembocar en una atribución acertada.

TAI-PO (EL POETA QUE ESCRIBÍA A CAMBIO DE VINO)

Los versos del poeta chino Li Tai-Po (701-762) fueron tan celebrados en la corte que se cuenta que el emperador mismo le sostenía el tintero y le escanciaba vino cuando el vate escribía. De hecho, Tai-Po era muy aficionado a la bebida y sus mejores composiciones las redactó en estado de embriaguez. El emperador premió a su poeta preferido de una manera muy ingeniosa: aparte del dinero que le ofreció, le entregó una orden con su sello real que obligaba a los comerciantes de todos los rincones de su reino a ofrecer vino gratuitamente a Tai-Po.