ÉRASE UNA VEZ UNA BRUJA DISFRAZADA DE CRISIS (cuento para mayores)

Hace poccos años hubo un país muy, muy, pero que muy cercano, que jugó a ser grande como lo eran otros tantos – no muchos, la verdad. Ese país se creyó uno de los más grandes, llegando a codearse con los más poderosos, a fumarse largos puros con pies puestos sobre la mesa donde se tomaban las decisiones importantes, e incluso llegó a pretender ser fuerza militiar, económica y política de esas qeu rigen el resto de los países.
La vida en ese precioso país era de ensueño. Todos los habitantes del reino pudieron jugar a ser ricos, trabajando mucho, y pudieron cambiar sus humildes hogares por edificaciones más grandes y lujosas, incluso con jardín y piscina. Todo iba bien, y todos se creían felices, hasta que un buen día llegó una malvada bruja, disfrazada de crisis, y acabó con los sueños “imposibles” de todos esos súbditos que, hasta entonces, habían estado viviendo como si fueran auténticos reyes, con palacio incluido. En ese país los culpables fueron muchos, y no solo los dos reyes que vivieron en esa época, ni los ministros, ni siquiera los alcaldes de todas y cada una de sus poblaciones que ahora pasaban hambre.
Esa bruja no hizo otra cosa que devolverles a la realidad, haciéndoles ver que toda esa vida de opulencia y diversión no había sido sino un sueño del que, por desgracia, había que despertar.Desde su llegada muchos de los ciudadanos de tan próspero país se vieron abocados a abandonar esas casas que ya no se podían permitir tener, a esos carruajes que antes solo tenían los más poderosos, y a esas ropas cuyas sedas eran dignas de los más ricos reyes de oriente… En definitiva, todos le temieron, y todos huyeron de ella, pero ella había llegado allí para no marcharse… Tenía que dar una lección a todos, y no solo a los dirigentes del ficticiamente próspero país, sino también a los ciudadanos que habían olvidado aquel cuento que habían leído en su infancia sobre la cigarra y la hormiga, y que también habían leído a sus propios hijos.
Los dirigentes de aquel país, que en tiempos de opulencia se habían permitido todos y cada uno de los caprichos que desearon cuando las arcas estuvieron más que llenas, ahora no tenían dinero alguno, ni siquiera para comprar papel para el colegio de sus hijos. Muchos, en lugar de buscar recursos para conseguir el papel, decidieron cerrar directamente los colegios.
De pronto todos se convirtieron en gacelas en la selva, luchando por ser más rápidas que las otras gacelas, en lugar de intentar ser más rápidas que el león que, tarde o temprano, las seguiría y cazaría. La gente de fuera, esa misma que tan ricos les había hecho sentir, comenzaron a ser una amenaza, y el color de los cielos, antes azul, se fue haciendo más gris y oscuro por culpa de esa maldita bruja que, cada vez, se iba haciendo más y más grande.
Ella, en realidad, no era la malvada bruja de todos los cuentos, sino la enviada para decirles que no podían seguir jugando a ser ricos porque, simplemente, nunca lo habían sido. Esa bruja, en realidad, era la propia consecuencia de los actos de todos ellos. Así que, nada tenían que reprocharle… Solo rezar para que se fuera pronto, pero para eso todos tendrían que poner de su parte.

4 comentarios

  1. ¿Y esa bruja te la sacas de la chistera para que Zapatitos se vaya de rositas? Aquí el único culpable ha sido el hijo de puta ese, el malnacido, el cerdo ma´s grande que ha dado esta nación gloriosa ¡Por Dios josamotril qué asco!

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