VIUDEDAD (desvarío mental)

Te quiero… Eso fue lo que oyó entre susurros lejanos, y lo que le hizo despertar.
Ese te quiero lo sintió sobre su piel enferma, pintada de un cielo sin colores, manchada con licores olvidados y acariciada por manos invisibles. Ese te quiero no anidó en sus oídos, como pasaba antes.
Antes de abrir sus ojos vio que estaban secos, sin restos de otra cosa que no fueran sus pestañas, atrapadas por el sueño y el cansancio. En cambio, sobre su cuello, había lágrimas que lo recorrían lentamente, en dirección a sus senos desnudos y dormidos.
Miró al otro lado de la cama y él, como era de esperar, seguía sin estar. Cerrando los ojos le imaginó allí, junto a ella, y al pasar uno de sus dedos sobre una de las lágrimas que
descansaba en su cuello sintió ese latigazo de placer que solo sentía al recibir sus besos… Esos que ya nunca volverían.
Aquel te quiero se difuminó como esa lágrima al contacto de la yema del dedo sobre su cuello. Entonces brotaron lágrimas de sus ojos, y esas…

¡Esas sí que dolían!

Un comentario

  1. creas atmósferas catastróficas y me encantan. Me desenvuelvo bien en ellas, me hacen viajar a ellas, aunque no me guste lo que digan. Tú eres macabro, no romántico

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