DORMIR SIEMPRE SOLA (FINALISTA EN PREMIO UNA IMAGEN UN TEXTO)

María dormía abrazada a su almohada desde que tenía uso de razón. Una noche, en aquella casa grande donde nació y creció,  haciéndolo, consiguió apartar muchos de sus miedos. Cuarenta años después de aquella noche de tormenta seguía haciéndolo. Ahora no había tormenta, ni lluvia, ni siquiera viento… Tan solo escuchaba la fuerte respiración de alguien que dormía a su lado. Solo eso.
María lloraba en silencio porque, a pesar de estar casada con el que un día fue el hombre de su vida, se sentía una viuda más.
Su piel la sentía enferma, sin cura. El cielo que veía siempre – de día y de noche – no tenía colores ya, y todos los sabores de aquellos licores que un día endulzaron su vida parecían también olvidados.
Fue allí, en el macabro silencio de esas largas noches que eran sus días, donde comprendió al fin el significado de esa macabra frase que oyó una vez:
No hay peor viuda que la que sigue durmiendo con su marido.

4 comentarios

  1. Es muy “heavy” pero me gusta la brevedad.En pocos adjetivos esta mujer angustiada y angustiosa nos llama la atención sobre su desgracia.Triste, aunque supongo que habrá gente viuda aun durmiendo con su marido.

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