LA VISTA DE DELF, DE VERMEER

 Los modelos del pintor son sus edificios, de naturaleza inmóvil. Las personas que aparecen no son sino meros
adornos. Pero está, porque no es posible concebir si no la magia de esta pintura. En el cielo de una tarde de verano, unas nubes oscuras ensombrecen la ciudad. Solamente el paso de unas nubes… pueden cambiarlo todo. Y como hemos experimentado muchas veces, la sensación sólo dura un instante.
Elegir ese momento para pintar un cuadro requiere una sensibilidad excepcional. Porque la ciudad natal del pintor podía haber sido representada con una luz esplendorosa, que resaltara los colores y la hiciera brillar al sol. Sin embargo, Vermeer utiliza el contraste de luz para dar sentido a una composición que podría verse afectada por el exceso de horizontales.
Una primera división, establece dos partes: el cielo y la tierra. La línea del horizonte es ligeramente más baja que la mitad.

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