EL OTRO

Hacía ya muchos años desde que hicieron el amor por primera vez, y casi siempre era especial, mágico, emotivo… Pero ese día había algo raro en los ojos de esa mujer que tenía bajo su cuerpo. Él lo notó. Llevaba notándolo un tiempo, y el miedo masculino al “otro” apareció de nuevo.
Ese hombre era más importante para ella de lo que pudiera parecer, y él lo sabía… Y lo temía. Por eso nunca hablaban de él… Por miedo. Pero esa vez tendrían que hacerlo. Ella parecía haber tomado una decisión,  y él no supo cómo detener la conversación.
 
– ¿Que quieres que lo dejemos? – fue lo único que acertó a preguntar, casi a punto de romper a llorar. El momento que tanto tiempo llevaba evitando estaba allí, y tenía que impedir la conversación siguiera el rumbo que ella imponía. Al mirarla a los ojos vio que la decisión estaba firmemente tomada
– Lo siento, cariño, pero esto no tiene ya sentido alguno – dijo ella, mirándole a los ojos con firmeza, demostrando que no estaba bromeando, y que, al contrario, el discurso era tan serio como sentido
– ¿después de tanto tiempo?… Es por él, ¿verdad? – preguntó él, acercandose de nuevo a ella, cogiéndola de la cabeza, e intentando hacerle cambiar de opinión
– Esto no tiene nada que ver con él –  dijo ella, tumbada en la cama, desnuda, y fumando un cigarro mientras secaba el sudor de su cuerpo con la sábana
– sí que tiene que ver con él. Ya no eres igual que antes conmigo… Algo ha cambiado- dijo él, quitántole el cigarro y dándole una calada. Sus nervios eran tales que no era capaz de estarse quieto un instante. Estaba aterrado
– no, querido… Es por nosotros
– ¿Nosotros? – preguntó de nuevo, levantándose de la cama, observando el majestuoso cuerpo maduro de esa mujer a la que estaba a punto de perder por ese otro – ¿qué pasa con nosotros? Nosotros seguimos igual que siempre
– a lo mejor ese es el problema – dijo ella, esbozando una macabra sonrisa
– ¡no! – gritó él, tirando la colilla contra la pared mientras ella observaba cómo la ceniza caía hasta el suelo – ¡me dejas por él! ¡Lo sé! ¿te crees que no sé que te acuestas con él y que le quieres a él y no a mí?
– no digas eso. Nunca metería a él en esto… En nuestra relación
– pero es que, últimamente, no eres la misma. No eres esa mujer de la que me enamoré hace ya tanto tiempo
– sí que soy la misma
– no lo eres, y sé que es por él
– ya te he dicho que no es por eso
– sí que lo es. Le quieres, y me vas a dejar por él. No me dejes, por favor. Podemos arreglarlo
– ya no, querido. Lo siento – dijo ella, levantándose de la cama y recogiendo la ropa para vestirse. La decisión estaba tomada, y, mientras se vestía  miraba detenidamente esa habitación donde tantos buenos ratos había pasado en los últimos años. Nunca más volvería a ella. Era ella la que se marchaba de allí para siempre…
– tan solo dime la verdad. ¿Es por él? – le preguntó, observándola vestir por última vez, como tanto le gustaba hacer
– no. A él no le metería en nuestra relación. Te voy a dejar porque eres tú quien no es el mismo ya… Ya no me das lo que necesito
-¿y él sí? ¿él sí te lo da?
– ¿él? – preguntó sonriendo tristemente mientras terminaba de abrochar su camisa – ¿él?…  Él es mi marido.
 
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5 comentarios sobre “EL OTRO

  1. que sorpresa mas grande cuando me dicen ayer en este pueblo donde vivimos que tienes un blog y que escribes. Me encanta lo que haces.y me encantas tu

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