¿CURARME?

No hacía ni un día que enterró a su marido, a su Juan, el hombre con el que compartió su todo. En ese todo había cuatro hijos, su juventud, su música, sus fiestas privadas y, sobre todo, su pasión. Con él se había ido también el que hizo menos fríos sus inviernos y más calurosos sus inviernos, y ese que por cada lágrima derramada dibujó después no menos de diez sonrisas.
Allí enterrado se había quedado también ese que sacaba dulces besos de cajas de bombones en las noches de frío, y de heladeras multisabor en las muchas noches de calor… Ese que, sobre todo, le hizo sentir mujer.
– Tranquila Mari, el tiempo lo cura todo – le dice una muy buena amiga, abrazada a ella, llorando con ella
– ¿curarme? – se pregunta sumida en ese abrazo necesitado – si curarse es olvidar yo no quiero curarme… ¿Curarme de él?… ¿Olvidar mi vida?… Para eso mejor morir con él