Besos y literatura

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una vez oí a alguien decir que el mejor beso que jamás le dieron lo encontró en un libro. ¡Pobre…!

ángeles

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Estas estatuas de ángeles me dan miedo, pero no puedo resistirme a ninguna. Son espectaculares. Parece que realmente nos estuvieran vigilando

LA MUJER POEMA

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la primera vez que te vi
supe que no eras
una simple mujer…
la primera vez que te olí
supe que no eras
una simple flor más…
la primera vez que te pensé
supe que no eras
un simple recuerdo…
la primera vez que te recordé
supe que eras un poema…
la primera vez que te soñé
supe que tendría que escribirte…

Y eso hago, componerte
cada día que despierto
sabiendo que pronto,
muy pronto,
podré volver a leerte…
Volveré a componerte.

joyas que deambulan esperando que las oigas: TRÍO ARBÓS

y el pianista es de Motril. Juan Carlos Garvayo

CRÍTICA AL CONCIERTO DEL TRIO ARBÓS

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La serie de 12 conciertos que se desarrolla en el Auditorio 400 del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía es la única de las que organiza en Madrid el Centro Nacional de Difusión Musical que tiene carácter gratuito. No quiere decir que tenga una oferta de saldo. Al contrario. Varios de los conciertos tienen un interés superlativo. El de ayer, del trío Arbós, sin ir más lejos. Con esta cita comenzaba la sección Primicias que, curiosamente, arropa la mitad de los conciertos de esta serie. El foco principal de atracción estaba en el estreno mundial de Trío,primera obra para violón, violonchelo y piano del compositor griego Georges Aperghis, dedicada al trío Arbós y comisionada por la Fundación BBVA. No defraudó, ni en su estructura juguetona ni en el nivel de calidad interpretativa. El trío Arbós, cuyo origen se remonta a 1996, sabe lo que se trae entre manos. Demostró dominio, sensibilidad y compenetración para mantener en todo momento las energías puestas en juego. Juan Carlos Garvayo es un pianista excepcional, Miguel Borrego un violinista que no se queda a la zaga y José Miguel Gómez da lo mejor de sí mismo en piezas tan complicadas y sutiles como la de Aperghis. Antes, habían realizado una lectura llena de espontaneidad del jazzístico Divertissment, opus 126 del ucraniano Kapustin, tan predispuesto siempre a incorporar los ecos del swing en sentido amplio a sus composiciones. Después vendría el fascinante Trío en la menor de Ravel, una obra de 1914 que vuelve a enamorar cada vez que se escucha en su combinación de evocadora melancolía y lúcida serenidad. El trío Arbós la bordó. Hasta tal punto que sobró la propina.