LOS AMANTES: CAP 6: MIEDO A LO INEVITABLE

Después de su encuentro fortuito Marga evitó a Javier constantemente. También evitó a su mujer, y amiga. Cualquier excusa era buena para no verles, y es que se sentía tan atraída por él, como asustada. Desde ese día le acompañaron varias noches sin dormir. También fueron muchos los platos rotos en la cocina por temblores inesperados. Y qué decir de esos cosquilleos olvidados en sus tripas, y esos nervios y, sobre todo, miedo y remordimientos…
Pero, sin duda, lo peor de todo era esa gran mentira que pesaba más que nada, y que hacía más difícil una vida que hasta entonces le parecía de ensueño. No es que su relación con Carlos hubiera estado nunca marcada por la atracción física, ni por el sexo, pero siempre había sido feliz a su lado, y hasta parecía bastante satisfecha.
En casa todo cambió de repente. Ese hombre, al que siempre había querido y respetado, seguía siendo el mismo, pero eran sus ojos quienes le veían de forma diferente. Seguía queriéndolo, eso lo tenía muy claro, pero no estaba segura de poder seguir respetándolo como, sin duda, se merecía. Y es que Carlos ya no era él el personaje que aparecía en sus relajaciones, en sus siestas, y mucho menos, en sus imaginaciones.
No era ya su imagen la que erizaba su piel al cerrar los ojos, y tampoco era él con quien hacía el amor, a pesar de que sí fuera su cuerpo, su olor y sus besos los que recibía cada noche mientras su imaginación volaba lejos de allí. Y eso la entristecía, aunque nadie pudiera comprenderlo. 
Javier había entrado de manera inesperada, y estaba ya allí. Ella sabía que no se iría tan fácilmente como ella misma había pensado, intentando alejarse físicamente de él.
A pesar de no contestar sus mensajes, ni de responder a sus llamadas, ella no podía dejar de pensar en él en ningún momento del día… estuviera haciendo lo que estuviera haciendo. Todo era él. Sin duda le había embrujado, y, en silencio, esperaba una llamada, una visita inesperada, un sms de esos que se mandaba su compañera de oficina con su amante… ¡algo!.
La primera llamada la recibió con tanta sorpresa como miedo.
– Hola – le dijo muy serio, con la voz entrecortada – soy yo.
Ella se quedó en silencio. Carlos estaba en el dormitorio, y podría escucharles. El miedo fue vencido rápidamente por la terrible excitación que su voz provocaba en ella.
– Sé que te sientes mal, pero tenemos que hablar de esto. No digas que no sientes también algo por mí. Lo sé, se te nota, y quiero que sepas que te amo desde hace más tiempo del que crees. En realidad creo que te amo desde el primer día que te vi
– no digas tonterías – dijo tan seria como confusa. También emocionada, y asustada porque Carlos pudiera escucharles en su conversación secreta
– no son tonterías Marga.  Ya cuando te vi el fin de semana de mi boda no pude dejar de pensar en ti. Al principio pensé que era por los propios nervios de la boda, pero no era por eso… eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida
– estás loco… y me estás asustando
– sí que estoy loco, por ti
– calla ya, por favor, calla ya – cada vez estaba más nerviosa, pero también excitada y emocionada.
Un largo silencio se produjo entre los dos. Ninguno supo que más decir. Marga aprovechó para salir a la terraza y evitar así que Carlos pudiera escucharle. A pesar del riesgo, y del miedo, no podía dejar de hablar con él.
No podía, ni quería, permitir que se cortara esa primera llamada.
– No te asustes, querida. Tenemos que vernos para hablar de esto. Tenemos que hacer algo…
– no pienso quedar contigo en ningún sitio. ¿Acaso estás loco? – preguntó intentando no levantar la voz para que Carlos no le escuchara
– no tengas miedo, querida
– ¿Que no tenga miedo?… pero ¿tú eres consciente de lo que estás diciendo?
– sí, ¿crees que es fácil para mí decírtelo?
– ¿y para mí? Tu mujer es mi mejor amiga. Casi como una hermana
– lo sé
– pues entonces olvídalo. Todo esto no es más que un calentón. No le demos más importancia
– esto no es un calentón, y tú lo sabes
– ¿Y tú cómo lo sabes?
– porque te lo noté el otro día. Tú me amas también a mí. No me digas que no
– estás loco, y me estás poniendo muy nerviosa. Voy a colgar
– no cuelgues, por favor
– adiós – dijo, pulsando el botón rojo del teclado, llevando el móvil a su pecho, y mirando en lontananza. Estaba tan nerviosa como excitada, pero se negaba a reconocerlo. Ese hombre había calado en ella más profundamente de lo que quería reconocer ante ella misma.
Ese hombre había despertado a una Marga dormida durante muchos años… y empezaba a dudar que quisiera volver a aletargarla.
Esa misma tarde, intentando así apagar esa extraña sed, entró en la habitación, se desnudó y se metió en la cama con Carlos. Para su marido la sorpresa fue tan agradable como extraña. Marga hizo el amor como no lo había hecho en muchos años… Mientras hiciceron el amor sonó en la radio una canción que no pudo dejar de oír, mientras iba descifrando esa letra sensual. “Quiero entrar desnudo en tu habitación, quiero dormir desnudo en tu habitación…” Esa letra trajo hacia su cama la figura de Javier.
 
Durante las siguientes semanas su estado febril se mantuvo en auge, pero ella seguía siendo fiel a su idea de no engañar a su marido y a su amiga, aunque fuera lo que más le apeteciera hacer a cualquier hora del día… sobre todo por las noches en esa cama que compartía con un hombre al que ya no deseaba.
En realidad – en ese momento lo entendió – hacía ya mucho tiempo que había dejado de desearle, aunque nunca lo hubiera reconocido.
Y por eso cambió todo en la vida de Marga.  Por suerte Carlos andaba muy ocupado con un nuevo negocio de la empresa que le llevaba casi todo el día, y parte de sus noches.
Eso le fue acercando más a Javier, que, poco a poco, iba convenciéndola con sus mensajes “sms” que le mandaba a diario, y a cualquier hora.
Esos mensajes le tenían en tensión. Al principio le molestaban, incluso le hacían temer a ser descubierta en algo que no estaba haciendo.
Poco tiempo después ya no podía vivir sin ellos.
Cada vez que oía el sonido característico de mensaje recibido su cuerpo se convulsionaba y sus ojos se iluminaban.
Siempre quería responder, y decirle que ella también le amaba, pero sabía que si respondía una sola vez ya no podría parar.
Y tanta tensión acumulada tendía a salir en forma de mal humor cuando estaba a solas con Carlos.
– Estás rara cariño… ¿qué te pasa? – era la frase más repetida en casa, en el coche… en cualquier sitio donde ella estuviera con su marido, y de donde, seguro, quería huir para correr hasta él
– nada – mentía ella y lloraba por dentro, deseando que llegara ese día, o rezando para que no llegara jamás. Ni ella misma lo sabía.
Lo único que sabía en ese momento era que le deseaba tanto como le temía…
Por eso lloraba tanto. Sabía que su vida había acabado.
Su única esperanza era el inicio del verano. Quizás la llegada del calor calmara sus deseos. Ál menos, eso esperaba, aunque sin mucho convencimiento.
La idea de la maternidad volvió de nuevo a cobrar importancia en su vida. Sin duda ese sería el candado definitivo para cerrar el baúl de sus apetencias sexuales, cada vez más fuertes.
Lo malo, una vez más, sería plantearlo a Carlos. Ya le había dejado muy claro en su última charla que él no querría tener hijos nunca. A ella cada vez le apetecía más.
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Un pensamiento en “LOS AMANTES: CAP 6: MIEDO A LO INEVITABLE

  1. Me encanta como describes en este capitulo los sentimientos de Marga. Es tan grande el cambio, las emociones, la tensión, el renacer de las mariposas en el estomago, la confusión del seguir pa lante o frenar. “Lo único que sabía en ese momento era que le deseaba tanto como le temía…”.

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