EL TESORO (CUENTO)

huerfanoAunque nadie se diera cuenta, y hasta costara reconocerlo, Haim era el niño más feliz del mundo… Al menos, lo era del suyo. A sus adultos diez años Haim seguía solo en el mundo, viviendo sin sus padres, separado de sus cinco hermanos, y escondido siempre en esa cueva alejada de la urbe donde nadie sabía de su existencia.
Como ya te he dicho Haim estaba siempre feliz, pero eso no impedía la llegada de la nostalgia por unos momentos mejores a ese, unos momentos en los que la soledad no era el único de sus familiares más directos. Y la soledad no era la única de sus compañías… También estaba el miedo, ese monstruo sin cabeza pero con las fauces siempre dispuestas a la dentellada.
La racha de mala suerte – esa que empezó precisamente el mismo día de su nacimiento – parecía que por fin se alejaba de él. Justo a las dos horas de su nacimiento ya le disfrazaron por primera vez, y le pusieron un traje que nunca más se pudo poner o quitar a su antojo. En su tierra, no había mayor desgracia que llevar el terrible disfraz de huérfano, ya que te convertía en un juguete en manos de los despiadados seres que por allí merodeaban disfrazados de humanos.
Mamá murió justo cuando él nacióí, desangrada, y allí mismo, casi en la puerta de su choza, fue enterrada bajo piedras manchadas con su propia sangre. Con cinco años su papá desapareció también. En realidad le mataron por culpa de unas gallinas que no se dejó robar porque eran el sustento de sus hijos. Un año después, cuando Haim tenía tan solo seis, se llevaron a sus hermanos mayores. Una fría noche llegaron a la choza unos hombres vestidos de soldado. ¿Dónde se los llevaron? Nunca se atrevió a preguntar, pero no los volvió a ver más.
Haim quedó solo, con su abuela, pero desde que murió esta Haim vive en el desierto, a las afueras de la ciudad, sin nada… Sin nadie. Lo peor no es el frío, ni el hambre, ni siquiera la soledad en sí. Lo peor para Haim fue tener que abandonar ese único lugar donde se sentía vivo: el colegio. Era allí donde Haim viajaba con los ojos abiertos, escuchando a ese profesor extraño que tanto parecía saber… Pero allí no había sitio ya para él.
 
Hace ya más de un año  que todo es diferente en la vida de Haim. La sonrisa ha vuelto a su cara, y parece que para quedarse eternamente. Nadie sabe el motivo de la sonrisa extraña de ese niño solitario que siempre está solo por las calles y que nadie sabe donde está por las noches. Haim tampoco piensa desvelar su secreto.
Por eso tiene que andar con más de los dos ojos que posee, para guardar y vigilar ese secreto que ha llegado a su vida, un tesoro que no puede permitir que le roben pues en él está toda la felicidad que alguien como él necesita.
Es por las noches, cuando está solo, cuando lo saca de su escondite, para observarlo, para disfrutar de él, e imaginar una vida mejor, un futuro mejor, y hasta un Haim mejor.
Por eso lo esconde tan bien. Sabe que si alguien lo descubriera se lo robaría, y con él, robarían lo único que tiene: sus sueños.
Es ese tesoro lo único capaz de hacer que su vida sea diferente. Con él no añora a una madre que no conoció, ni recuerda la muerte de su padre, ni siquiera cómo arrastraron a sus hermanos hasta aquella furgoneta… Con él todo es diferente, y todos parecen estar a su lado… En silencio, sí, pero a su lado, y todo parece tomar un rumbo diferente. Al menos hasta ahora.
Y digo hasta ahora porque Haim sabe ya que hay algo mejor más allá de esas montañas que hay al final del desierto, y que tiene que hacer lo posible para alejarse y llegar a esa tierra donde todo es posible.
Es, cuando está solo en su cueva, sin otra compañía que la noche, cuando solo tiene que cerrar los ojos, abrazado a su tesoro, y puede entonces viajar más allá de las montañas, más allá incluso del mar.
Se imagina en calles repletas de gentes bien vestidas, y hasta con zapatos, con casas de piedra y de doble altura, incluso de más, con extraños mobiliarios, con agua por doquier, sin tener que ir a por ella al pozo. Se imagina entre gente de otras razas, conviviendo, amando incluso, y siendo feliz. Imagina partidos de fútbol, su nuevo deporte que no conocía, y se siente como ese que decían que era tan grande, ese tal Maradona. También imagina viendo eso que llaman televisor, y montado en un coche. O mejor, en una moto.
Esa noche es especial para Haim… Pero hay algo que le mantiene en vilo. Esa mañana ha notado que unos hombres extraños le seguían y le vigilaban.
De pronto, un ruido le hace despertar de su fugaz letargo. Alguien le observa desde la entrada de la cueva. Son tres hombres. ¡Son ellos!
Haim intenta esconder su tesoro. No puede perderlo, pero ya es demasiado tarde.
– Chico, dánoslo o lo lamentarás – y vaya si lo lamentó, pero tenía que intentarlo.
Haim lucha con ellos. Sabe que no tiene nada que hacer, pero no puede permanecer impasible mientras le arrebatan la única puerta que tiene para la felicidad.
Tirado en el suelo, con la vista manchada de sangre oscura, ve como se alejan con su tesoro, con su puerta a otra vida tan necesaria como lejana…
Con la boca manchada de barro, creado por el polvo y su propia sangre, observa esas funestas figuras que se alejan ladera abajo. Haim está triste, pero no es lo que más le preocupa… Tiene un punzante dolor en la cabeza, y la sangre no deja de manar por su frente, nublándole la vista. Las fuerzas empiezan a fallarle, y apenas si es capaz de mover los brazos ni las piernas.
 
No deja de mirarles alejarse, con su tesoro entre las manos. Por suerte ha leído tantas veces ese libro que puede volver a leerlo solo con cerrar los ojos. Y los cierra, pero la paliza ha sido tan grande que no volverá a abrirlos…
¡Nunca!

2 comentarios

  1. Que triste.Su pobre y corta vida tan solo ha sido de una desgracia detras de otra y a pesar de ello siempre con una sonrisa para todo el mundo. Es muy triste nacer para morir tan joven y lo peor es vivir dentro de una vida llena de desgracias. ¿Realmente vale la pena nacer solamente para conocer el sufrimiento?.

    Me gusta

  2. hola Maria Jose yo he trabajado muchos años de misionera en Malawi y te aseguro que esta historia no es la más triste que Josan podría escribir. Esta tiene un final feliz en comparacion con otras que yo e visto

    Me gusta

DEJA TU COMENTARIO (bueno o malo)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .