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LOS AMANTES: CAP 15: POR FIN

63874_10200165614246311_2118894999_nEl entierro fue tan duro como emotivo. Para Marga fue también muy difícil de soportar. Unido al terrible dolor de encontrarse con el cuerpo sin vida de ese hombre, al que siempre llamó “tite”, estaba esa desaforada excitación que ese hombre despertaba en todo su ser. Hasta en las frías salas del tanatorio todo le parecía erótico a su lado, y en más de una ocasión tuvo que separarse de él , pues solo con sus roces o miradas bastaba para hacerla perder, incluso, el equilibrio físico.
Después del entierro Javier y Esther se quedaron allí varios días. Esther quería recoger muchas cosas de su padre. Dos días después regresaron en avión. Carlos y Marga volvieron en el coche, y el viaje no fue tan excitante y corto como se le hizo el de ida. Allí, a solas con su marido, echó de menos la mirada penetrante de su amante platónico, esas comunicaciones silenciosas, y esa pasión que despertaba en ella solo con estar a su lado.
Pero la conquista ya estaba hecha, y la defensa de la ciudad ya había cedido. Cuando regresaron, Javier llamó a Marga. En esa ocasión no hubo mensaje. Fue una llamada, corta, y concisa.
– ¿Estás sola?
– sí – contestó ella, nerviosa, encerrándose en el baño, alejándose de Carlos
– esto no puede seguir así. Estoy a punto de volverme loco. Y sé que a ti te pasa igual. Te espero esta tarde
– Javier… es una locura, no sé si podré
– sí que podrás. Te espero a las cinco en el aparcamiento de Mcdonalds
– ¿y qué le digo a Carlos?
– le dices que tienes que ir a comprar. Adiós.
El resto del día  lo pasó Marga tan nerviosa como excitada. Carlos, inmerso en su trabajo, permanecía ajeno a todo, y ni siquiera se percató de su variable estado de ánimo. Y llegó la hora y Marga seguía aún nerviosa e indecisa. Lo deseaba más que nada, pero también lo temía más que a nada.
Fue una llamada perdida… luego otra. Otra más… pero ella no respondía a ninguna. Ella, aunque ya era consciente de que su amante tenía razón, seguía con el miedo inevitable a ser descubiertos. El momento había llegado, pero si alguien les descubría su vida terminaría para siempre.
En cambio él empezaba a perder la fe en ella y, sobre todo, en su valentía. Durante toda la semana habían estado hablando y comunicándose a través de mensajes por el móvil.
Ella  intentaría escaparse con la excusa de comprar un regalo de cumpleaños para Esther, que seguía muy afectada por la muerte de su padre.
Quedaron a las cinco. Ya pasaban de las seis. Pero él siguió allí, tras el local de Mcdonald, en el aparcamiento. Sabía que esa vez sí acudiría.
Ella misma se lo había dicho, por medio de un mensaje.
 – “Te deseo tanto que me duele todo el cuerpo. No dejo de pensar en nosotros, haciendo todo tipo de cosas inimaginables. Tengo muchas ganas de ti. No puedo más”.
 Fumando un nuevo cigarro sonó el teléfono. En la pantalla azul su nombre. Escuchó su voz. Entrecortada, jadeante… nerviosa. Con miedo – eso sí – se dijeron dónde, se dijeron cuándo, pero no se dijeron cómo…
– En cinco minutos estoy ahí – dijo ella.
Él no podía creerlo. Su cuerpo tampoco… y empezó a temblar debido a la emoción y al pánico. No habían transcurrido los cinco minutos cuando la vio aparecer a lo lejos. Caminaba con paso ligero, nervioso, por la acera, y no tardó en verle.
– ¿Qué haces aquí? – le preguntó asustado, sabiendo que no podría oírle.
Ella, travesando el césped de la parte trasera del establecimiento, bajó al aparcamiento, con la cabeza gacha, sin atreverse a mirar a ningún lado. A él menos. Iba vestida con pantalón gris y botas negras. Un fino  jersey, gris también, no podía ocultar la figura de sus turgentes senos. Él la miraba emocionado. Estaba tan excitado que no acertó a encender el motor del coche. Ella le miraba muy seria. Entró en el coche, dejó el bolso en el asiento de atrás y encendió un cigarro.
– ¡Estoy atacadísima! – ese fue su saludo
– pues anda que yo… – dijo él girando el volante y saliendo del aparcamiento
– ¡estamos completamente locos… pero locos, locos! – decía ella mientras fumaba de ese cigarro
– ¿qué le has dicho? – preguntó mientras cogía su mano para tranquilizarla
– que iba a comprar un regalo… pero creo que no me ha creido
– ¿por qué no te va a creer? – dijo posando la mano en su muslo, lo que hizo que se pusiera más nerviosa aún
– ¡Dios mío, estoy atacadisima!. El corazón se me va a salir del cuerpo. En serio, ¿no crees que sería mejor que me bajara?
– si es lo que quieres sí
– no sé ni lo que quiero
– yo sí… yo te quiero a ti, y me muero por besarte
– y yo – dijo ella acercando su mano a la de ese hombre que se hacía real, y acariciándola casi violentamente – y yo.
No tardaron ni cinco minutos en llegar al piso que un amigo de Javier le había dejado. Primero entró él. Después ella. El piso estaba muy oscuro, con los muebles por medio, y olía a cerrado. Javier se acercó hasta el balcón, para abrir el amplio ventanal, pero ella se lo impidió.
– No abras, por favor – dijo con la voz aún temblorosa.
Javier, observando su nerviosismo, se acercó tímidamente a ella, la  miró muy serio, y comprobó todo el amor que esa mujer sentía. Lo tenía todo dibujado en su cara. Con timidez posó uno de sus dedos sobre sus labios, impidiéndole hablar.
– No digas nada, mi vida… no rompamos esto que tanto deseábamos.
Javier, presagiando su inminente desmayo, se abrazó a ella, rodeando su cuerpo y apretándola contra su cuerpo. Ella dejó caer sus manos y se sintió bien al fin.
– ¡Por fin! – pensaron ambos, abrazados, sintiendo por fin ese calor que tanto necesitaban y con el que tanto habían fantaseado. Él empezó a acariciar su pelo,  en silencio, oliendo de él, oyendo su respiración, haciéndola suya. Después la miró, y se dispuso a darle el primero de sus besos prohibidos.
El miedo apareció de nuevo. ¿Y si ese primer beso borraba todo? ¿y si no encontraban eso con lo que tanto habían fantaseado?… ¿merecería la pena arriesgar?. Aún estaban a tiempo de parar todo. Estaban tan a gusto abrazados que no querían romper el momento, pero sus cuerpos pedían a gritos algo más. Sobre todo pedían menos ropas. La besó tímidamente, y al rozar sus labios, su boca se abrió violentamente. Ella besaba con una pasión desconocida hasta para ella misma. Atrás quedaba su forma de besar de siempre. Eso era distinto. Lo hacía con pasión. Atrás quedaba el amor de siempre y las buenas costumbres. Se besaron, se mordieron, se saborearon, y sus manos empezaron a jugar por sus cuerpos, deshaciéndose de sus ropas. Él la besó mientras ella se dejaba besar. Se disfrutaban sentados en el sofá mientras su mano viajaba hasta su sujetador, que no tardó en caer.
Su cara era la misma cara del gozo, y eso le hizo tranquilizar. La cogió en brazos, volvió a besarla y caminó por el estrecho salón.
Tropezó con una mesa de cristal. Se hizo mucho daño. Tanto que tuvo que soltarla. Ella intentó calmar su dolor. Él se estremeció al sentir el contacto de sus dedos sobre su cadera desnuda. Volvió a besarla y entraron en la habitación. Volvieron a besarse, y se desnudaron.
Conturbados y dichosos miraron su desnudez y se besaron dejándose caer sobre la cama sin sábanas. Sus cuerpos estaban al fin unidos, y sus bocas selladas. Sus ojos lloraban porque sabían que tanto placer no podría ser eterno. Ella estaba asustada, muy asustada, y su cuerpo temblaba sin control.
No era frío – pensó besando su cuerpo – no había puntitos erizados en su sedosa piel. Si llovía fuera nadie lo sabía. Si era de día o de noche, tampoco. Nada importaba en ese mundo pequeño que ellos ocupaban. Nada más que ellos dos. Por fin sólos… ellos dos. Ella estaba bajo él, esperándole, como si supiera de antemano que lo que iba a pasar no podría volver a repetirse, y tenía que grabarlo en su memoria. Le miró muy seria, después le sonrió, con miedo, y de repente ese hombre al que conocía más de lo que él mismo creía, ya era una parte más de su anatomía. El desconcierto se apoderó de ella a la vez que un calor desbordante se extendía por todo su cuerpo. Cuando su mano se deslizó por su entrepierna, la humedad dormida en ella estalló con la fuerza de un torbellino. La arrinconó, la volvió a besar… se dejaron llevar, y la poca cordura conservada hasta ese mismo día se esfumó.
Gozaron como nunca. Ella se sintió de nuevo mujer. Él más hombre si cabía. Se miraron, incluso lloraron, y disfrutaron de un amor más intenso de lo  que ellos mismos imaginaron. Estar allí juntos, sin nada que se interpusiera entre ellos – ni siquiera su ropa – hizo que se sintieran tan bien que parecía que hubieran estado haciendo el amor toda la vida. Él grabó cada centímetro de su piel, cada una de sus curvas, cada uno de sus jadeos. No podía creer que su sueño se hubiera hecho realidad al fin. Ella, se deleitaba con esas pequeñas descargas que recorrían su anatomía, electrificándola, haciéndola revivir. Y grababa cada gesto del rostro de ese precioso hombre que la había enamorado para siempre. El amor tenía olor. Nunca antes lo habían pensado hasta ese momento. Y también tenía color, y sonidos… Él quiso quedarse dormido a su lado. Ella, con la cordura derrotada, se dejó caer sobre su cuerpo, abrazándose, y permitiéndose el lujo de acompañarle en su silencio.
– ¡Dios mio… estaría aquí toda la tarde!
– yo toda la vida – dijo él abrazándola, besándola de nuevo.
Sus manos paseaban por sus piernas, su carne redondeada, su espalda, y su pelo. Ella se deleitaba con sus roces, y se emocionaba sintiéndole tan cerca. Tal desborde de sensaciones y sentimientos empezó a doler. Fue el teléfono móvil el encargado de devolverles al mundo terrenal.
– No lo cojas – le dijo él
– es Carlos – dijo ella, abriendo la puerta y saliendo al pasillo mientras él devoraba su desnudez – tengo que cogerlo.
Ella hablaba nerviosamente, paseando por el blanco pasillo, mientras él la miraba emocionado y con deseos de repetir un nuevo asalto. Era perfecta… era más que perfecta.
– Tenemos que irnos, rápido – dijo colérica, entrando en la habitación y buscando su ropa como una loca
– ¿qué pasa?
– me ha preguntado Carlos que donde estaba y le he dicho que en El Corte Inglés
– ¿y? – preguntó observando como ocultaba sus preciosos senos
– que él está allí buscándome. ¡Venga!
– ¿dónde?
– está en el Corte Inglés. Dice que me está buscando y no me encuentra. Yo creo que sospecha algo
– no digas tonterías, mujer…
Se vistieron rápidamente. Los nervios volvieron a sus cuerpos y, lo que es peor, a sus mentes. Antes de salir, él la cogió por la cintura y la besó.
El beso de ella ya no era igual.
– Venga por favor… que Carlos está esperándome.
Salieron cada uno por un lado, montaron en el coche y se fueron en silencio. El teléfono volvió a sonar. Ella no lo cogió. Sus piernas temblaban otra vez, como en el viaje de ida. Sonó una quinta vez. Y una sexta. No se atrevía a cogerlo. Llegaron al aparcamiento del centro comercial. Detuvo el coche en la planta más baja y en la plaza más alejada de la puerta. Y se despidieron. Él no podía dejar de mirarla mientras recordaba ese último beso que aún le quemaba. Ella caminaba cabizbaja, con paso cansino, y antes de cruzar la esquina para desaparecer, se detuvo y le miró. Él pudo ver las lágrimas de sus ojos. Ella también vio las suyas. Se volvieron a decir que se amaban, intentaron esbozar una sonrisa, y sufrieron las garras del cruel terror. Y ya antes de que se marchara se encontró saboreando los trozos de su olor a través de su propia piel. Sí… sintieron terror porque la cordura que tanto les costó guardar había desaparecido y, porque lo que pasaría después… ya sabían lo que era.
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Autor:

mi blog solo de relatos: http://josaliteraria.wordpress.com

15 comentarios sobre “LOS AMANTES: CAP 15: POR FIN

  1. no veo pasión en esté primer encuentro tan deseado. ni ese sexo tan salvaje que transmitian sus sms.y ese beso de despedida …quien después de desear tanto algo se despide así? sólo marga esta mujer me pone de los nervios.!!! .para mi gusto esta primera vez es floja…floja.

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  2. en serio lo dices? a mi me parece que Marga está luchando hasta el límite por no hacer algo que desea hacer. Es la persona menos egoista de los cuatro despues de los capitulos que he leido y creo que él se está riendo de ella. Aun así creo que hace bien. Disfruta de lo que la vida te ofrece

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    1. hola Silvia. si, si lo digo en serio. pero puedo cambiar de opinión dependiendo de como siga esta historia.
      estoy de acuerdo que marga está luchando.pero esa lucha es con ella misma..con esa marga….pasional ,viva.que desea y es deseada.
      no veo que Javier se ría de ella.
      el lo tiene claro.no tiene dudas.quiere un presente con marga.

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  3. yo creo que este capítulo rezuma de pasión y miedo. Eso es lo que he sentido yo al leerlo. Me he sentido como Marga asustada por si me descubren, por si no estoy a la altura, por si mi propio amante no lo esta. Son tantas las expectativas puestas.Me ha encantado. Quiero mas. Josa, para leer no hay vacaciones. Sigue

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  4. Me ha gustado el capitulo este pues tiene de todo nerviosismo por dar el paso, disfrutar por fin de lo que tanto han esperado y sobre todo muy bien expresado la vuelta a la realidad y a los miedos por ser descubiertos y el empezar a sospechar por todo. Pues supongo que Carlos en otras ocasiones también habrá ido a buscarla y ella lo ha visto tan normal. Pero cuando se está haciendo lo no correcto empiezan los fantasmas aparecer, el panico y el terror y sobre todo la duda de la sospecha. Muy bien expresado todo, pero el lugar del encuentro no me ha gustado pues siempre recordara el primer momento en esa casa con olor a cerrado. Mejor una casa aunque sea de un amigo pero con un toque más romantico, velitas aromaticas. con musica de fondo, solo musica sin letra….En fin esperaba algo agradable para siempre recordar, un buen ambiente una buena armonia para reomper el hielo y empezar la accion tan esperada. Pero yo digo como Marta para leer no hay vacaciones. Asi que no nos dejes sin nada y espero otro capitulo aunque sea en Reyes. Pues desde Motril, Calahonda o playa Poniente o desde donde tú quieras puedes escribir un capitulo para tus seguidores.

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  5. una vez estuve a punto de tener una aventura com alguien especial y fue tam parecido a este momento que me he sentido.incluso mal al leerlo. ese “por fin”

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  6. que aburido uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaakkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkklllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvxcxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxssssssssssssssssssssssssddddddddddddddddddqqqqqqqqqqqqqwwwwwwwwwwwwwwwweeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrttttttttttttttttttttttttttttttttyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiooooooooooooooooooooooooppppppppppppppppppaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaassssssssssssssssssdddddddddddddddddddfffffffffffffffffffffffffffgggggggggggggggggggggggggggggghhhhhhhhhhhhjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkklllllllllllllllllllñññññññññññññññññññññññññññññññññññññññázzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcccccccccccccccccccccvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm,,,,,,,,,, 😛
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