continúa tú el final

400_1199511580_reyes-magosA sus treinta y muchos años ella quería seguir siendo esa niña ilusionada, y quería seguir creyendo en los Reyes Magos. Todos le decían que no existían, que eran los padres. Incluso su propia hija lo sabía ya… Y hasta ella era padre esa noche… Pero ella quería creer…

Dedicado a un regalo de reyes

LA CANCIÓN DEL CAPÍTULO DE HOY: INDIA JIMÉNEZ

Y volar y acariciar el cielo con mis manos, y
olvidar mi dolor… inventar horizontes nuevos.
Y cantar y hasta romper mi voz gritando y vencer
al amor… al amor… Camino y camino pero no levanto
el vuelo levanto un castillo de ilusiones y sueños..

¡Y QUÉ GUAPA ES!

LOS AMANTES: MINICAPÍTULO “DISTANCIA”

Sin JUSeparados se echaban de menos, pero ninguno se atrevía a decirlo claramente. Él no dejaba de pensar en ella, a pesar de estar bien rodeado de gente que le gustaba en unas fiestas que no tenían fin… Pensaba en ella, y cuando lo hacía siempre recordaba su boca, siempre cálidamente fresca, sus ojos clavados en los suyos, y ese pelo caoba que siempre llevaba suelto para él… Deseaba acariciarle el pelo durante horas y horas, enredar sus dedos en él mientras la observaba desnuda a su lado. Ella también le añoraba, y pensaba en él, pero no se atrevía a decírselo abiertamente… Ella prefería esperar sus mensajes siempre.
Esa noche empezaron a hablar de amigos comunes por medio del teléfono, discutiendo incluso por diferencias. Había alguien común que a ella no le gustaba, y a él sí. Ella, incluso, llegó a sentir celos de su manera de defenderla. Eso le gustó a él. Poco a poco comenzaron a hablar de lo que se echaban de menos, de lo que ambos sentían y de lo mucho que deseaban estar juntos esa noche. Esa no era una noche especial para nadie, pero ellos sabían que sí lo era para ellos… Esa sería su noche. Ambos lo deseaban.
La prudencia de ella volvió a aparecer, y le habló de respeto hacia otros, de tener cuidado a no ser descubiertos, de respetarse a sí mismos, pero las palabras de él, la soledad, el deseo contenido, y, un poco de todo, hicieron que el terreno se allanara entre ellos.
Ella estaba sola en la cama. Él solo en el salón, y en menos de diez minutos ambos parecían estar juntos en esa cama donde ella descansaba.
Ambos se desnudaron mentalmente y ambos hablaron, pero fue él quien describió uno a uno todos los momentos que iban a vivir. Ella se dejó llevar… Tanto, que no pudo sino disfrutar del regalo que él le había pedido.
– Cariño – le escribió – quiero que este sea mi regalo de reyes
– los reyes no existen – respondió ella
– quiero hacerte el amor, empezar besando tu boca, desnudándote lentamente… ¿Quieres?
– sí – respondió ella, y ambos disfrutaron del placer de amarse en silencio y de desearse en voz alta. Él la besó, la tocó, la acarició, comió de ella, bebió de ella, y disfrutó… Ella, más aún porque creyó tenerle realmente allí, en esa cama que, en ese momento, parecía más grande que nunca.
Él entró en ella, y ella lo notó mientras leía de la pequeña pantalla azulada… Esa pantalla de móvil se convirtió en pantalla de cine, donde proyectaba las manos de él, la boca de él, el cuerpo de él… Ambos se desnudaron. Después se disfrutaron.
 
Ambos sintieron un placer desconocido… Algo que no habían probado antes en sus vidas, pero algo que les gustó más de lo que ambos serían capaces de reconocer. Ella durmió plácidamente desnuda, con él a su espalda, abrazado a ella… Él, en cambio, no fue capaz de dormir. Seguía con ella allí, desnuda, apetecible, y… ¡Dormida!
– Gracias por el regalo de reyes. Es lo que he pedido
– cariño, los reyes no existen
– sí que existen. Tú eres la prueba de ello.