LOS AMANTES CAP.24: ¡TÓCATE! primera parte

wpid-PhotoArt_11142012220119.jpgA pesar de que ya estaba acostumbrada a no ver a Javier los fines de semana, ese fue diferente. Desde el sábado a primera hora – se despertó a las siete – hasta el domingo a última, estuvo en los brazos imaginarios de su amante, deseándolo, amándolo, y sintiendo la necesidad de tenerle entre las piernas, detrás suya, encima, debajo… Como fuera, y donde fuera.
Fue a eso de las siete de la tarde, cuando estaba tumbada en su sofá, leyendo esa novela de la que todo el mundo hablaba, cuando el sonido del móvil le alertó. Era él, lo sabía.
 
Javier:
En línea:
Mañana te espero a las 9 en nuestro primer hotel. No vayas a trabajar… no te arrepentirás
Te dedico esta canción
 
Cuando pulsó el enlace y oyó esa canción que tanto le gustó en su juventud, sintió más deseos que nunca de besarlo. Era la canción de Loquillo y los Trogloditas, Besos Robados, y ella la tarareó mientras veía el vídeo en Youtube: “dame más… Dame más… Dame tus besos robados una vez más”
Quiso contestarle, decirle que tenía que trabajar y que no podía faltar porque ya lo había hecho muchas veces en ese mes, pero no fue capaz. Tenía tantas ganas de verlo, y de sentirlo, que prefirió esperar a que pasara la noche.
Esa noche durmió mal, como las dos anteriores, pero la idea de volver a pasar con él la mañana, encerrados en una habitación de hotel le hizo conciliar el sueño entre sudores, picores de ingles, y mariposas en el estómago… Hasta su boca sabía a él, a su último beso robado…
Cuando despertó a las ocho de la mañana Carlos ya se había ido, como siempre sucedía. Lo primero que hizo fue ir al baño, mirarse al espejo, y quitarse el camisón. Sonrió. Su cuerpo volvía a gustarle otra vez, y hasta sus senos parecían haber recuperado parte de ese inevitable paso del tiempo. En la ducha pensó en Javier, y volvió a sentirlo. Si no se tocó y buscó un placer que estaba tan cerca como el jabón que descansaba en la repisa fue precisamente porque ya había tomado la decisión de acudir a su cita, diciendo a su jefe que tenía una nueva revisión de ginecología.
Tras la rápida ducha Marga abrió su armario y buscó la ropa que ponerse. No era la ropa que quería que él viera puesta, sino la que quería ver cómo le quitaba lentamente, como siempre hacía él.
Eligió un bonito sujetador negro, tan pequeño como el tanga, y por el que sobresalían tímidamente parte de sus pezones. Una camisa negra también, con los dos primeros botones abiertos, dejaban entrever un escote generoso sobre el que descansaba un colgante de elefante que a él le gustaba morder mientras le iba besando los pechos. Del armario eligió también la minifalda negra de rayas ejecutivas y unos zapatos de largo y fino tacón. A Javier le volvían loco los tacones.
Cuando salió de casa se dio cuenta que ni siquiera había desayunado y ya se había fumado tres cigarros. Estaba muy nerviosa, pero también muy excitada. Tanto que creía que tendría que cambiarse de ropa interior antes de subir a esa habitación. O mejor no. A él también le gustaba meter la mano en su ropa interior y encontrarla mojada.
Marga no fue capaz de saber el trayecto recorrido, y cuando quiso darse cuenta ya estaba aparcando el coche en la calle trasera del hotel, donde nadie pudiera verlo. Cogiendo el paquete de tabaco encendió un nuevo cigarro mientras se miraba en el retrovisor de su Peugeot 207. Se volvió a ver guapa y salió sonriente y nerviosa. No era la primera vez, ni la segunda, pero siempre se ponía nerviosa cuando iba a encontrarse con él porque siempre era diferente. Eso era lo que tanto le atraía de él… Su improvisación continua, su tranquilidad, y, sobre todo, su seguridad para pedir y hacer todo lo que se le antojaba. En eso no eran iguales, y eso le motivaba.
Casi con las piernas temblando se dirigió hacia el hotel. Notaba que le faltaban las fuerzas, y que la excitación casi la hacía levitar. Antes de llegar al hotel se paró en el estanco y simuló ojear revistas. Mientras lo hacía miraba a un lado y a otro para ver si había alguien que pudiera reconocerla, a pesar de estar en la otra parte de la ciudad.
Marga entró rápidamente en el hotel, corrió hacia la escalera y subió los escalones sin mirar atrás, evitando así que nadie pudiera verla. Al llegar a la segunda planta respiró tranquila, asomó la cabeza por el largo pasillo y avanzó cabizbaja, mirando sus tacones, pidiendo a Dios que nadie saliera de alguna habitación en ese momento.
Habitación 234. Golpéo con los nudillos suavemente y volvió a mirar por el pasillo que había dejado atrás. Silencio. Nadie contestó, y volvió a pegar. La puerta se abrió violentamente y una mano tiró de ella, adentrándola sin dejarla respirar.
Todo estaba oscuro…
 
continuará

LOS AMANTES. FINDE SIN VERSE

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Marga ha pasado el fin de semana sin Javier. No le ha visto ni un solo momento, y tampoco ha tenido noticias del teléfono.
Por fin, a eso de las siete de la tarde de un lluvioso domingo, recibe un wasap que la emociona.

Javier
En línea

Mañana te espero a las 9 en nuestro primer hotel. No vayas a trabajar.
Te dedico esta canción

Javier
Última vez: 19:00

Marga intenta responderle que no puede faltar a su trabajo otra vez… Pero, le apetece tanto volver a sentir sus besos que no contesta y vuelve a poner la canción.