CUENTO: LA BÚSQUEDA

image

  •  Cruceta  era una niña pequeña… muy pequeña, pero ella quería ser ya mayor, sentirse como tal, y ser como esos otros niños del colegio que jugaban a fútbol, echaban carreras, y disfrutaban del patio de los mayores. Además, ella quería ser también como su hermana mayor, Carmen, y que le dejara jugar a su lado, sin molestarla, sin romperle sus casitas y, sobre todo, sin recibir sus reprimendas.-Quiero ir contigo – le dijo una vez a su hermana-no puedes, Cruceta, porque eres pequeña y tienes miedo. Tú aún no tienes el suficiente valor – le contestó.

– Valor… ¡Valor!… ¿Valor?… ¡Vaya cosa eso del valor!
Así, una mañana que estaba sola en casa decidió ir en busca de eso que a ella le faltaba y que por algún lado tendría que encontrar. Eso del valor seguramente estaría por casa, y ella tenía que encontrarlo por sí misma, para demostrar así que realmente era alguien mayor.  Por más que buscó en su habitación no lo encontró, y eso que miró en el baúl de los disfraces, en las cajas de los playmobil, incluso en algún que otro libro, pero eso del valor no aparecía por ningún sitio. Y eso la puso más triste aún.
Sabedora de que allí no lo encontraría, fue al cuarto de sus padres. Ellos, seguramente que sí que tendrían de eso, y no les importaría mucho compartirlo con ella, como siempre hacían. Miró en su cama, debajo de ella, en sus mesitas, entre su ropa interior, pero por allí no había nada de eso que todos llamaban valor.
Cansada y aburrida, se quedó sentada frente al armario grande de sus papás, mirándolo  asustada.  Temblorosa, en el suelo, intentó reunir fuerzas para abrir esa puerta gigante y mirar en la oscuridad de un interior que siempre imaginó repleto de fantasmas y de “mounstros”. No se atrevía. Nunca se había atrevido… Ese armario le daba mucho miedo, y no sabía bien el porqué, pero siempre había imaginado que allí dentro, entre esos trajes colgados y todas esas ropas, había todo tipo de “mounstros” dispuestos a atacarle en cualquier momento.
Pero ese día Cruceta, sin saber porqué,  se sentía diferente. Había ido hasta allí para encontrar eso que le faltaba, y no podía irse sin más. Así, abrió el armario lentamente, con los ojos cerrados, e intentando no escuchar el ruido que la puerta corredera hacía al deslizarse sobre su raíl. Algo le decía que allí dentro, en el interior de ese armario, encontraría ese valor que andaba buscando.
La puerta ya estaba abierta, y se atrevió a abrir los ojos.  Al hacerlo todos esos trajes de mamá y de papá parecían mirarle desafiantemente. Incluso algunas de las mangas parecían moverse y señalarle. Sí, sintió mucho miedo, pero Cruceta  siguió allí, sabedora por primera vez que esa ropa no podía hacerle ningún daño.
Miró y remiró por todo el armario, pero por más que buscó no fue capaz de encontrar eso que estaba buscando. Allí tampoco estaba ese valor que tanto necesitaba y que tan esquivo resultaba.
Después, siguió buscando por toda la casa, con el mismo resultado. No lo encontró en la cocina, ni en el salón, ni debajo del sofá. Ni siquiera debajo de la escalera.
Ya solo quedaban dos lugares donde mirar, los dos lugares que más miedo le daban de toda la casa, junto a ese armario que ya había vencido.
Al entrar al baño tampoco vio nada raro, nada que pudiera ser ese esquivo valor que llevaba buscando todo el día, y, frente a la taza del wáter, siempre cerrada, intentó reunir fuerzas para abrirla y mirar en su interior. Le daba tanto miedo abrirla que incluso, a veces, llegaba a hacerse pis encima si mamá o papá no estaban cerca para acompañarle.
Cruceta , con muchos nervios, temblorosa, abrió la taza. Algo volvía a decirle que estaba allí, que allí encontraría ese valor. Al abrir los ojos  vio ese agujero que tanto miedo le daba y por donde creía que podría llegar a desaparecer si algún día en él se colaba.
Ese día lo vio diferente. Miró y remiró, pero allí tampoco estaba.
Finalmente se acercó al sótano de la casa. Solo el hecho de bajar las oscuras escaleras ya le daba miedo, pero algo le dijo – una vez más – que allí estaría ese valor que tanto deseaba encontrar.
-Sí, sé que está ahí – se dijo muy segura y confiada. Bajando las escaleras, con los ojos cerrados en todo momento, llegó hasta el sótano frío y oscuro, y caminó a tientas entre tanta oscuridad hasta encender la luz. Todo era sucio, y viejo, pero allí tampoco pudo encontrar ese valor que tanto deseaba. Y eso le puso muy triste.
Triste y abatida regresó a su habitación, y en su cama lloró y lloró, desconsolada, porque nunca encontraría ese valor que decían tener los chicos mayores.
Fue entonces cuando algo la asustó. Un libro cayó de la estantería, y al acercarse a él lo leyó  con la dificultad normal de una niña que estaba aprendiendo a leer.
-Dic… ci… no… na… ri… o
-¡Claro! –pensó más alegre Cruceta – seguro que aquí lo encuentro. Mamá y la seño Nuria dicen que en el diccionario podemos encontrar cualquier cosa.Emocionada y nerviosa buscó “balor”, pero no encontró nada
-¡Vaya, aquí tampoco está, y eso que Nuria dice que aquí está todo!
Después pensó en la otra “b”, en esa que era pequeñita, y  buscó “valor”.
-¡Sí que está aquí! – se dijo emocionada, y leyó lentamente… “Valor: Cualidad de una persona para enfrentarse a sus miedos y hacer cosas que teme”
Entonces Cruceta sonrió y corrió hacia su hermana.
– ¡Carmen, Carmen, ya lo he encontrado!

7 comentarios

  1. Realmente ves a los niños como día a día se van poniendo sus propias metas, superando sus miedos, buscandose la vida en lo que quieren, los niños son muy imaginativos y muy emprendedores me encantan. Pienso que de grandes nos frenamos con nuestros propios miedos y dudas.

    Me gusta

DEJA TU COMENTARIO (bueno o malo)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .