LOS AMANTES: CAP 35: ¿ACUDIRÁ A LA CITA?

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De regreso a España volvieron a pasar varios días sin verse. Marga seguía sin mandarle mensajes, ni whasap, ni llamadas perdidas… Esa mujer se la había tragado la tierra, y él había decidido no llamarla hasta que ella no lo hiciera antes. Él decidió seguir con sus planes, olvidarse de los días pasados sin contacto, y seguir adelante. 
Era viernes cuando regresó, y ese viernes no era un viernes al uso… Era un día muy especial para él, y como tal se lo tomaría. Nada, ni nadie, podría arrebatárselo. Lo primero que hizo fue ir a ese hotel donde hicieron el amor por primera vez, hacía ya mucho tiempo, y donde habían quedado para celebrarlo. No habían hablado de ello, pero sabía que ella no se olvidaría de algo así.
Javier volvió a mirar su teléfono, que seguía sin ningún mensaje. Se desnudó, se tumbó en la cama casi a oscuras, y esperó tranquil,o pero excitado. No era, ni mucho menos, la primera vez que iban a hacer el amor, pero siempre había algo en ella que le gustaba y que le hacía tener algo nuevo. Esa mujer parecía una alumna aventajada que todos los días traía aprendida una nueva  lección de clase. Tumbado en la cama, a oscuras, jugando con su teléfono esperó a que llegara a su cita. Su mano, de repente, se posó sin querer en su entrepierna que empezaba a impacientarse solo de pensar en ella bailando para él. Cerró los ojos, se apoyó sobre la almohada doblada, y la imaginó casi desnuda con el conjunto de lencería  que le había regalado hacía ya muchas semanas… Tantas que quizás fueran demasiadas… Tantas que seguramente hasta lo habría olvidado. Él, en cambio, no dejaba de pensar en él. También pensaba en el gesto que le regaló al ver el modelito. En su cara había incredulidad, miedo, y, sobre todo, mucho nerviosismo por lo inesperado.
-¿Y esto? – le preguntó extrañada, pues era la primera vez que le hacía un regalo así
-quiero que te lo pongas para mí – le dijo él.
Aún le temblaban las piernas cuando recordaba cómo reunió todo el valor que no tenía.
¿Se acordaría ella del día que era? – se preguntaba mirando la pantalla del móvil para ver la hora – ¿iría a su cita olvidando el trabajo y las responsabilidades de su nuevo cargo?
Aquella mujer le volvía loco casi desde el día que la conoció, y sonrió al pensar en los muchos años que hacía que la deseaba, que la amaba, y que llevaba soñando con ella…Y es que esa mujer, aunque pudiera parecer lo contrario, seguía siendo capaz de alegrarle los días, de hacerle sentir placer, y de hacerle desearla.. Aunque ya nunca se lo dijera.
Cuando la puerta de la habitación se abrió Javier se emocionó y sintió de nuevo eso que esa mujer le hacía sentir hace mucho tiempo, cuando la conoció.
Entre la oscuridad ella entró lentamente. Javier la miraba entre penumbras, y observó cómo se despojaba de ese vestido que tanto le gustaba. Por entre la luz que entraba detrás de ella pudo ver ese conjunto que le había pedido que se pusiera.
Ella se metió en la cama con él, le abrazó con fuerza, y le besó cogiéndole por el cabello con fuerza, como le gustaba hacer. Él se dejó llevar. Esos besos eran extraños, o a él se lo parecieron… Aun así le gustaron, como siempre. No sabía qué era pero esos besos  ya no eran iguales… Parecían más fríos, menos intensos, incluso más lejanos. Pero ¿no sería él el que los sentía así? ¿no sería culpa suya y no de su pareja, que parecía tan explosiva y química como siempre? Ella se subió encima de él, se despojó de esa ropa interior que él quería verle quitar, y besó todo su cuerpo haciéndolo erizar. Ella gemía, soplaba sobre su piel, excitándole y haciéndole sentir más y más excitado. Sentir su mano sobre su entrepierna, sentir sus labios por toda su piel, hizo que Javier se volviera loco y explotara tras muchos días de abstinencia. Era un hambriento en una isla desierta, y ella era un árbol repleto de frutas, y como tal la disfrutó. Ella, formando dos uves con dos de sus dedos, jugó con su sexo, moviendo una uve hacia un lado y la otra hacia el otro, apretando, soltando, y haciéndole enloquecer. El placer era inimaginable, y tenía que abrir los ojos y volverse hacia ella para ver lo que le hacía con tal destreza. La cara de esa mujer era mucho más bella cuando notaba su excitación en los ojos cargados de sangre y fuego y esa lengua que no podía dejar de pasearse por entre sus labios siempre humedecidos… Esa mujer no dejaba de sorprenderle nunca.
Después, fue él quien jugó con ella, tumbándola sobre la sábana, boca abajo, como a ella le gustaba, jugando y bebiendo de todo su cuerpo, comenzando una guerra de la que se sabía de antemano vencedor. Mirando su espalda, sus caderas dormidas y sus senos apretados sobre la cama, la deseó violentamente, y penetró en ella imaginándose en el campo de batalla, deseando morir acribillado por todos y cada uno de los besos que salían del fusil que era su boca encendida. Durante casi una hora hicieron el amor de manera diferente. Ambos lo notaron. Era como si estuvieran haciéndolo con otra persona nueva, pero a ambos les gustó la experiencia. Tanto que repitieron una y otra vez… Y otra, hasta que ella miró el reloj y se levantó corriendo porque no llegaba a una reunión importante.
-Feliz aniversario, querido – dijo Esther, antes de salir de la habitación.
Mientras cerraba la puerta el móvil de Javier se encendía y vibraba. Al mirarlo vio el nombre de Marga, y volvió a dejarlo sobre la mesilla. 

11 comentarios

  1. cabronazo dices tu porque eres mujer. si fuera al reves que pasaria. yo creo que javier esta disfrutando como marga y como esther. aqui la unica victima es carlos. por cierto ¿que pasa con el?

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  2. En todo momento creia que era con Marga.Fenomenal como has engañado al lector era dificil de imaginar que esa cita era con su propia mujer. Como siempre intrigante en el final (no querer saber nada de Marga).

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