LOS AMANTES: CAP. 39: ESA FOTOGRAFÍA

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Javier estaba trabajando y mirando esa foto que había hecho la noche anterior que no podía dejar de mirar. Con su editor había acercado y recortado su cara, y en ella aparecía Marga tan guapa como jamás nadie podría imaginar ni ver. Esa foto era suya y no la compartiría con nadie… Si acaso con ella. Estaba absorto en la foto cuando pegaron a la puerta. Un mensajero le entregó un paquete pequeño. Al abrirlo descubrió un corazón sobre un cd extraño. El grupo favorito de Javier saca disco nuevo y Marga se lo había comprado.
Sábado noche en el paseo de Málaga. Javier, Esther, Carlos y Marga han cenado con otras dos parejas. En mitad de la cena Rocío, una amiga de hace muchos años, comenzó a hablar de lo que le había pasado a una prima suya. Su marido se estaba acostando con una de sus amigas y les había descubierto. El tema central de la cena, por primera vez en mucho tiempo, no sería ni la política, ni las películas ni el fútbol… Esa noche tocaba hablar de eso porque Rocío aún estaba consternada por lo que acababa de pasar. En la cena el tema llegó a tal punto que se convirtió en una auténtica discusión. Carlos, Dani, Rocío y su marido maldecían a ese hombre, hablando de él como si fuera un auténtico animal sin escrúpulos. Marga, asustada y cariacontecida, prefería no opinar. De buena gana habría dado la razón a su marido y sus amigos, pero se sentía incómoda defendiendo algo que ella misma estaba haciendo. Aun sabiendo que estaba mal prefirió ponerse de parte de Esther, que, sorprendida por el cambio en el pensamiento de su amiga, disfrutó. La pareja de Dani estaba con ellas, y Javier, como siempre pasaba, oía atentamente sin decir oste ni moste. Javier prefería escuchar, como siempre, y disfrutaba de la discusión. Él tenía muy clara su postura. Por eso prefería escuchar la de los demás, a la espera de una frase o un razonamiento que le convenciera de lo contrario.
Marga prefería  no hablar, y escuchaba también, pero no podía evitar intentar justificar a ese hombre cuando decían de él que era un desalmado sin escrúpulos al estar con dos mujeres al mismo tiempo. 
-Eso es imposible – discutían – no se puede querer a dos personas
– claro – decía Esther – es casi imposible querer a uno… Pero ¿acaso dos personas no pueden darte cosas diferentes?
– si te casas y quieres a tu pareja no – decía Carlos, muy serio, intentando encontrar el acuerdo de su esposa, pero los ojos de ésta se escapaban de la mesa
– hay veces que uno no sabe lo que hace, y se deja llevar – decía Roberto, la pareja de Dani – a veces no tienes en casa lo que quieres
– eso es una gilipollez, querido – le decía Dani – si no tienes en casa lo que quieres pues te vas y punto. Pero no vuelvas
– no seas crío Dani – le decía Esther – puedes querer a tu marido o a tu mujer, pero no haber pasión ya. ¿Y si aparece?
– si aparece fuera es que ya no quieres lo que tienes dentro. ¿No dices nada Marga? – preguntó maliciosamente, demostrándole que aún no había olvidado lo que había visto en aquella casa rural – venga mujer, mójate
– sí, cariño, hoy no estás muy habladora – le dijo también Carlos, que la miraba de manera extraña
-es que realmente no tengo mucho que decir… ¿Qué sabemos nosotros de los demás?
– esta sí que es nuestra Marga, no digas que no – dijo Esther a Carlos, sonriendo y levantando su copa por su amiga – brindo por ti y por tu siempre estado consecuente
– no te creas que es siempre tan consecuente – dijo Dani, sonriendo, mientras su pareja le golpeaba bajo la mesa
– ¿por qué siempre te metes con ella? – le preguntó Carlos – ¿es que sabes algo que no sepamos nosotros?
– ¿yo? – gritó con ese tono afeminado que tan poco le gustaba a Marga – ¿yo qué voy a saber? Como bien ha dicho ella, cada uno tiene bastante con lo suyo
– Venga, bailemos un poco – dijo Esther, cogiendo su copa, la mano de su amiga, y sacándola a la pista 
La pareja de Dani salió a bailar con ellas. Carlos, como siempre, con su móvil nuevo, hablando con alguien del trabajo. Javier las miró. Bailaban muy bien, las dos, pero Marga estaba especialmente guapa esa noche.
Llevaba el pelo suelto, largo como ella sola lo tenía, con la raya en medio, separando ambas melenas que caían sobre sus hombros. Un vestido de minifalda verde cubría su cuerpo precioso. Sus manos desnudas bailaban sobre su cabeza, y su sonrisa era capaz de iluminar todo el local. Con su móvil Javier hizo fotos a ambas, pero hubo una especial de entre todas, una foto que no pudo dejar de mirar y en la que Marga le parecía el ángel más bello que jamás se hubiera pintado… Por un momento, al verla, recordó la Venus de Botticelli… Y es que ese día Marga estaba especialmente atractiva. 
Esa misma fotografía conisiguió moverse y salir de la pantalla. Esa fotografía estaba allí, en esa pista de baile, y Javier no podía dejar de admirarla. Era su turno, el turno de la mujer más hermosa que sus ojos le habían mostrado junto a sus labios, y ella bailaba en mitad del silencio, donde siempre aparece. Ella bailaba para él, y ambos lo sabían.
Con cuidado echó su pelo atrás, limpio como ella, y extendió su brazo abriendo sus manos para mostrar el pellizco de sus dedos sobre un aire que ambos respiraban. Volvió a echarse el pelo atrás, abrió bien los ojos y rió fuertemente pero sin ruido, como hacen los ángeles mientras nos observan desde las nubes.
 Sonrió de nuevo y siguió bailando esa danza que Javier ya imaginaba diario, proponiendo músicas que ella misma desconocía, pero que escapaban del tarareo de sus labios abiertos.
 Su mirada se cruzó con la de Javier que, turbado, tuvo que apartarla,  y sus ojos derramaron a drede sobre él esa calma que a ella ya pertenecía. Se marchó de repente, en mitad del baile, justo cuando Javier notaba que estaba a punto de entrar en el lienzo. Siempre lo hacía, pero siempre regresaba. Mientras, observando el lienzo donde descansaba eterna, se quedó absorto en esos sus ropajes verdes… Hasta que desaparecían, dejándola desnuda de todo lo que no fuera tan solo ella… Ella…
Volvió a desearla, pero no se atrevió a más nada, y tan solo la miró, pero hicieron el amor con sus miradas, como solo ellos sabían hacer.
Esa noche, al mirar la foto, comprendió que esa mujer era mucho más hermosa de lo que jamás había imaginado… Su belleza no estaba solo en el exterior, sino que se reflejaba en él. Y eso la hacía irresistible, casi inolvidable. Durante toda la noche estuvo  mirando la foto. Y esa noche duraría mucho tiempo porque esa foto ya era suya, y lo sería para siempre.
Observando el resto de las fotografías reparó en una extraña. Se veía la pantalla del móvil de Carlos, y ampliando con el zoom llegó a leer parte del contenido.
“ojalá pudiera tenerte dentro de mí” – decía el texto.
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Autor: josamotril

mi blog solo de relatos: http://josaliteraria.wordpress.com

7 comentarios en “LOS AMANTES: CAP. 39: ESA FOTOGRAFÍA”

  1. Elisa y preguntas ¿existe esa foto?. Pues claro que existe al igual que existen los personajes, los lugares….utiliza la imaginación y comprobaras como es verdad que existe todo. Además en la vida real no dejan de existir estas historias. Pero yo pienso como ellos ¿que sabemos nosotros de los demás?. Cada cual vive su vida dentro de su punto de vista y nos guste o no hay que respetarla.Además mira el gallito del gallinero todo asombrado por la historia poniendo a parir a este hombre y resulta que Carlitos el gallito también disfruta con otra. Por eso Marga que viva su momento pues es el momento de ella y de nadie más.

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