LOS AMANTES: CAP 40: EL DÉCIMO

wpid-PhotoArt_11142012220148.jpgCarlos se tumbó en la cama casi a oscuras y esperó a que llegara mientras fumaba varios cigarrillos, temeroso de que esa mujer no acudiera a la cita.  Tenía tantas ganas de ella que sería capaz de cualquier cosa. Además, ese día era muy especial para él, y ya lo había organizado todo con mucho tiempo. Nervioso, seguía inhalando del cigarro. ¿Quién consumía a quién?… 
Una vez más se retrasaba, como solía suceder últimamente, y eso le inquietaba porque últimamente todo había cambiado en su perfecta vida, con su perfecto trabajo, y con su perfecta esposa. Últimamente – y era la primera vez que le pasaba – tenía miedo por Marga. No sabía qué era pero estaba rara, distante, incluso algo alicaída y escurridiza. Esa mujer había vuelto a florecer a sus espaldas… Sí, había algo en ella que la hacía diferente, algo que escapaba a él, algo que había llegado a ella sin que él tuviera nada que ver. Se lo notaba en sus miradas, en sus sonrisas extrañas, y, sobre todo, en esos generosos escotes que siempre lucía y en esas minifaldas que había vuelto a ponerse. Y él, a esas alturas de la película, no estaba dispuesto a dejar escapar lo mejor que tenía, aunque no supiera cuidarlo como se merecía.
-Bueno Carlos, olvida ahora eso – se decía a sí mismo, intentando alejarse de la vida monótona de su trabajo y su casa – disfruta de esta mujer tan especial.
Impaciente porque ya se retrasaba más de media hora  según la hora prevista, pensó que esa mujer no acudiría, y que volvería a quedarse con las ganas de disfrutar de ella a solas en un lugar especial para ambos. Ese hotel, aunque nada lujoso, era muy especial para ellos, pues había sido ahí, incluso en la misma habitación – algo cambiada ya – donde hicieron el amor por primera vez, hacía ya mucho tiempo.
Pensando en ella abrió su móvil y puso esa canción que tanto le gustaba escuchar: It´s in your eyes… Simply in your eyes…”
Emocionado y excitado de nuevo tras mucho tiempo dormido, sus manos se posaron sin querer en su entrepierna, que empezaba a impacientarse solo de pensar en ella bailando para él. Esa mujer era algo nuevo, algo fresco en su vida, un soplo de vida inesperada, y a la que se tenía que agarrar para volver a ser feliz como había sido siempre.
Cerró los ojos, se apoyó sobre la almohada doblada, y la imaginó casi desnuda con el conjunto de lencería  que le había regalado hacía ya muchas semanas… quizás demasiadas. Tantas que seguramente hasta lo habría olvidado. En cambio él no podía dejar de pensar en él. En su cara había incredulidad, miedo, y, sobre todo, mucho nerviosismo por lo inesperado. ¿Se acordaría del día que era, e iría a su cita olvidando el trabajo y las responsabilidades?
Aquella mujer seguía volviéndole loco casi desde el día que la conoció, y sonreía al pensar en los años que hacía que la deseaba…que la amaba… y lo mucho que ya la había disfrutado. Y es que su mujer seguía siendo todo para Carlos… aunque nunca se lo dijera, y por eso había planeado esa cita, para decirle que ella era todo para él y pedirle perdón por haberla dejado alejada de él durante tanto tiempo por culpa de un ascenso que nunca terminaba de llegar.
Y ese era un buen día – pensó nervioso – era el día de su aniversario… El décimo ya.
Pero tendría que decírselo en casa, porque Marga no apareció, ni llamó, ni nada… Simplemente se olvidó de su cita. ¿Estaría en otra? – pensó mientras se vestía y recordaba ese mensaje que guardaba en el móvil y que ella le había mandado, sin duda, de forma equivocada. Al menos eso es lo que pensaba, y también lo que le atormentaba. ¿Era para él ese mensaje extraño en ella? ¿O acaso era para un amante y se había equivocado de número? Carlos, temeroso, no se atrevió a preguntarle. Estaba a punto de perder a Marga, a su Marga, y se preguntaba si no sería demasiado tarde. Abriendo de nuevo el mensaje pudo leerlo:
SMS NUEVO: MARGA
“ojalá pudiera tenerte dentro de mí”
A no menos de un kilómetro de allí Javier aprovechaba en casa para hacer su sesión de ejercicio antes de ponerse a trabajar. En casa tenía su propio gimnasio. Ventajas de trabajar desde la propia casa.
Estaba terminando su sesión de abdominales cuando sonó el timbre de la casa. Normalmente no abría, pero algo le decía que quien allí estaba sería Marga sabiendo que Esther estaba fuera. Chorreando en sudor abrió la puerta y se encontró con ella. Ella, al verle en ese estado, con esa camiseta corta sin mangas y esos pantalones cortos tan apretados, sintió un deseo irrefrenable. Marga miraba sin disimulo alguno los músculos del marido de su amiga y sintió un estremecimiento brutal al entrar en la casa y olerle. Javier la besó sin dejarla decir nada, y recibir su boca mojada y acariciar ese cuerpo chorreante le hizo desearlo allí mismo. En realidad ya le deseaba antes de llegar allí. Precisamente por eso era por lo que había ido hasta allí. El beso fue apasionado, como todos los que Javier le regalaba, y mientras la besaba con más pasión iba arrastrándola con él por el pasillo hasta adentrarla en ese gimnasio donde tanto había sudado.
Al entrar en la habitación Javier cerró la puerta y la miró con una carga desorbitada de deseo, lo que hizo que Marga le deseara aún más.
– Siempre tuve ganas de hacer el amor contigo aquí, entre estas colchonetas – dijo él, acercándose a ella y dejándola caer sobre una de esas lonas verdes 
– yo también – dijo ella, dejándose caer al suelo mientras su amante la regaba de saliva y jugaba con su lengua entre sus dientes. Javier se puso de rodillas, frente a ella, y la miró muy serio, mientras ella acercaba sus dedos hasta sus abdominales
– ¿Quieres que te cure algo? – dijo él, de forma juguetona
– sí, la verdad es que me duele aquí – dijo ella sonriendo también – tengo una lesión en el abductor ¿sabes curarla?
– por supuesto. Soy todo un experto – dijo él – ¿me dejas inspeccionar la zona afectada?
– claro que sí – dijo ella, cerrando los ojos y dejándose hacer.
Fue ella misma quien levantó la falda para mostarle la parte afectada. Su preciosa pierna quedó al descubierto justo hasta la parte donde empezaba su braga. Algo perturbado y excitado Javier pretendió indicarle cómo debía aplicarse un masaje suave para comprobar si le dolía. A ella le encantó el juego, y le siguió la corriente.
-¿No prefieres dármelo tú? tú eres el especialista – le dijo, cogiéndole la mano y llevándola lentamente hasta su ingle mientras le pedía con voz insinuante que fuera él mismo quien le hiciera el masaje. Sentada en el suelo, con sus piernas desnudas para él, y con los tacones aún puestos, recibió un suave masaje  que, desde la zona interior del muslo hasta la misma rodilla, se dirigía en dirección peligrosamente ascendente hasta su ingle. Ella, al sentir el calor de esa mano, sintió toda la lujuria que ese hombre despertaba en ella y, mirando su cuerpo sudoroso, deseó que la penetrara allí mismo cuanto antes.
Las manos de Javier volvieron a subir por sus muslos, por sus ingles, y esta vez se metieron por entre sus bragas, levantando la falda y permitiendo que ese hombre pudiera verla. Ella respondió con un gemido al sentir esos dedos ya dentro de la tela que cubría su sexo. Él continuó su camino y comenzó a hacer eso que tanto le gustaba, que no era otra cosa que enredar sus dedos en el vello púbico de ella, mientras Marga se dejaba dejaba caer sobre el suelo, echando su cabeza y su larga melena negra hacia atrás, abandonada a un placer que comenzaba a hacerle perder el sentido. 
Los dedos se desplazaron hacia su sexo con la única intención de entrar en él, y así lo hizo, otorgándole un placer que creía a punto de matarla. El calor aumentaba en el cuerpo de Marga conforme Javier más jugaba con ella, y el sudor de él se fue mezclando con el de ella. Sentir las manos de ese hombre dentro de su braga y poder mirarle a la cara, viendo esa terrible excitación que depsertaba en él, era algo que podía con ella y con su cordura. Nada le importaba ya que pudiera venir su amiga, o quien fuera… Ella solo quería que ese hombre se desnudara, que la desnudara a ella, y que le hiciera el amor como sólo él sabía hacer.
El calor seguía aumentando, haciéndose casi insoportable, pero ella quería más… Mucho más. Como en el suelo era imposible hacer el amor sin golpearse con alguno de los muchos aparatos que tenía Javier la levantó la besó mientras sus manos seguían en su sexo mojado y la dirigió hasta una de las espalderas colocada sobre la pared situada frente a la puerta.
Javier la hizo trepar tres escalones. Ella no entendía nada, pero él le decía que se dejara llevar. Le dijo que se colgara con sus manos, que se agarrara con fuerza. La mirada de ese hombre era el mejor de los afrodisíacos. Para él, mirarla a ella era todo un placer también. Más que eso. Ese día ella parecía más feliz que otros. No sabía por qué pero él era capaz de saber su estado de ánimo solo con mirarla a la cara. Siempre la miraba, a escondidas, sin que ella lo supiera, y disfrutaba de sus gestos, de sus emociones, hasta llegar a conocer su interior así. Esa mañana estaba radiante, especialmente guapa, con ese pelazo, con esos ojos ensoñadores y con esos labios afrutados que siempre apetecía besar. Mirándola, la colocó de frente, casi colgándose de las manos a una de las barras más altas, y entonces él se acercó a ella más, le bajó la braga por sus preciosas piernas y aprovechó para pasar su boca por su sexo, comprobando que la excitación era la misma que la que sus ojos le mostraban.
– Ven aquí, amor mío – le dijo ella, haciendo que la penetrara con violencia mientras con sus piernas le envolvía para que no pudiera escapar. Ambos sexos se frotaban violentamente mientras se besaban y mientras una de las manos de Javier pellizcaba sus pechos y la otra su culo. Colgada de la espaldera y agarrada por las piernas por él, para que no se cansara en demasía, estuvo sometida a los impulsos y al ritmo que él marcaba, que, por cierto, era el mismo que ella pedía. Eso era lo bueno de hacer el amor con Javier, que parecían uno solo, sin miedos, sin complejos, sin tabúes…
Marga disfrutó tanto de ese sexo deportivo que no paró de gritar y de gemir, de apretarle más a él, y estuvieron haciendo el amor tanto tiempo que ni uno de los dos fue consciente de las horas pasadas allí dentro. Hicieron el amor colgados de las barras, ella tumbada sobre el potro, sobre la colchoneta, y solo se dieron cuenta del tiempo transcurrido y de los muchos asaltos cuando ambos comprobaron el vaho que descansaba sobre el amplio espejo de la pequeña habitación.
Ambos, mojados como si acabaran de ducharse, se disfrutaron de lo lindo sabiendo que el momento de la separación se acercaba. Ese juego estaba llegando a ser muy peligroso y ambos sabían que pronto tendrían que dejarlo. Así no podían seguir, aunque se desearan tanto.
Al llegar a casa Carlos la esperaba con cara de póker. 
-¿Qué tal el día? – le preguntó
– bien, querido, todo el día en la oficina… Es una locura lo del IVA
– sí, sí lo es – dijo Carlos, encendiendo la tele mientras su esposa iba a la ducha y recordaba las dos horas que había estado esperándola allí, en su oficina, para invitarla a comer por su aniversario… El décimo ya.
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Publicado por

josamotril

mi blog solo de relatos: http://josaliteraria.wordpress.com

6 comentarios sobre “LOS AMANTES: CAP 40: EL DÉCIMO”

  1. no es marga la que llega tarde o no llega, eres tu Carlos .tienes un retraso de años. años con los ojos mirando en una sola dirección, tu trabajo.
    tu relación con marga termina en esa habitación.esa relación que tu te sentías cómodo y seguro. ahora empieza otra .no se si mejor o peor…pero seguro que será diferente.

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  2. Pero este Carlos no tiene sangre. Presiente que su mujer puede estar con otro, pues nota a su mujer muy cambiada en todo hasta en la hora de elegir su ropa. Pero él que hace NADA tio espabila y actua si de verdad la quieres y no quieres perderla lucha por ella. ¿Como? pues muy facil recuerda todo lo que a ella más le gusta y vuelve a empezar a conquistarla y jamás le hagas la pregunta de si existe otro. Simplemente basate en la nueva conquista de tu mujer. TÚ la tienes en casa todos los días y todas las noches. Jamás vayas de rival de el amante. En la nueva conquista solo debes de preocuparte por ella y no irritarla ni hacerla sentir incomoda. Pero lo que no puede ser es estar sin mover ni un puñetero dedo por ella. Pues vaya tema de conversación menos conquistador ¿que tal el día?. Bueno sin contar que es el decimo aniversario ella no está para recordar fechas pues ahora su mundo es Javier y muy bien que hace. Pero el mauro de Carlos en vez de preparar el plan B ya que el plan A ha fallado ya no se dedica a nada. Carlos ACTUA o la pierdes aunque ya está casi perdida del todo pues mira Marga ya no tiene pudor por ir a la casa de sus amigos para acostarse con el marido de su amiga. Viva Marga que ha decidido de montarse en el tren de lo prohibido y a vivir que son dos dias.

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