DESVARÍOS MENTALES PROVOCADOS POR UN CUELLO

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Mira tú que era guapa a rabiar, pero al verla así, en penumbras, con los fugitivos rayos de la luna escalando y huyendo por su cuello, le hubiera gustado ser personaje de novela de terror para poder morderla sin que ella se enterase… Y así hacerla eternamente suya, como ya lo era en sus sueños.

Esther, Marga y aquel chico

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En su época de estudiantes en la universidad Marga estuvo saliendo con un joven modelo granadino. Fue en ese único año en el que Carlos estuvo fuera de su vida y en la que ella y Esther salían casi todas las noches por la zona de marcha granadina. En Barra Fija, el local de moda, conoció una noche a Javi, ese chico de mirada penetrante y sonrisa vertical. Desde esa noche Javi se convirtió en algo tan cotidiano como ddseado, pero por poco tiempo. Ella nunca lo amó, ni mucho menos, pero era tan pasional y tan distinto a Carlos que creyó estarlo perdidamente.
Mirando esa antigua fotografía en la que tan guapa se veía recordó aquellos días en los que la piel también vencía la batalla al cerebro…
En esa época con Javi, aquel modelo que terminó marchándose a París, llegó a suspender su primera asignatura. Lo que no supo nunca fue que, esos meses, su mejor amiga, su Esther, durmió en la cama de él más veces que ella. ¿A Marga nunca le extrañó que Esther se quedara con esa foto que se hicieron aquel día de borrachera? Esa misma noche, aprovechando el estado ebrio de Marga, Esther hizo el amor con él en la misma casa.

PUES A MÍ ME GUSTA LA LLUVIA

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aunque a veces rompa planes
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HUELLAS DE SIRENA

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619568-huellas-en-la-arena-en-una-playa-al-amanecerSiempre que bajo a la playa y veo las huellas que se adentran en el mar sufro una extraña zozobra. Sé que es una tontería, pero me pasa. Allí solo se ven huellas, y nunca quien las ha hecho. Por eso no me gustan las huellas, porque nunca hay nadie a su lado… Porque son la muestra del pasado. Y siempre la misma pregunta: esa persona que entró sola, porque no hay más pisadas… ¿Salió después? ¿Se quedó allí? ¿Por qué  nunca veo las huellas de vuelta, solo las de ida… Y siempre solas, sin otros pies que le acompañaran… Entonces miro al mar y prefiero no pensar, y vacío mi alma, y adormezco todos mis pesares y se pinta de desesperanza el crepúsculo que andaba persiguiendo, como esas gaviotas que destiñen el cielo después de descolgar la luna para que llegue el día. Asustado, borro esas huellas que alguien macabro ha dibujado solo para que me asuste, y así, una tras otra, consigo arrastrarlas hasta llegar al frío mar de la mañana.
Más allá hay otras huellas. Solo de ida, como las que acabo de borrar. Para sentirme mejor pienso en las sirenas, y me engaño diciéndome que existen… Y me las imagino entrando en el mar, deshaciendo sus frágiles pies como azucarillos de agua salada, antes de que salga el sol, después de pasar la noche jugando a ser persona.
Finalmente pienso en ella, en la que nunca está conmigo a esas horas en esa playa… Y que nunca estará. Siguiendo esas huellas me sumerjo en el agua y siento cómo me voy mojando por fuera y cómo me voy secando por dentro… Los años no dejan de pasar, pero yo sigo con ese ritual de niño, que no es otro que bajar en verano al mar a primera hora de la mañana y volver a nacer.

SANTA SOFÍA: EL SUEÑO DE MARGA

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EL LUGAR FAVORITO DE MARGA

THE STROKES: LAST NIGHT

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ME ENCANTA ESTE GRUPO