GENTE CONSECUENTE: BARDEM DETIENE EL ERE DE SU RESTAURANTE

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Partamos diciendo que a mí, este tío me parece un pedazo de actor, pero nunca me ha caído bien.

La familia Bardem ha hecho público un comunidado en el que aseguran no haber tenido conocimiento delExpediente de Regulación de Empleo llevado a cabo por Mónica Bardem, hermana del clan y administradora de la Bardemcilla. El local empleaba a 11 personas que fueron despedidas bajo las condiciones del ERE. Sin embargo, ahora son los Bardem los que quieren dejar claro que no se llevará a cabo.

Los Bardem dicen así en su comunicado. “En el proceso de cierre definitivo de la actividad, Dña. Mónica Bardem Encinas, aconsejada por el gabinete jurídico laboral que lleva estos temas, optó por presentar un expediente de regulación de empleo, sin consultar con el resto de los socios, ya que entendía que al haberse aceptado el cese definitivo del cierre de la sociedad, el procedimiento a seguir era el que recomendaba el abogado laboralista de la compañía”.

Javier Bardem, Carlos Bardem, Pilar Bardem y Mónica Bardem firman el escrito y explican que el cierre del local ha sido debido a que “ha venido generando pérdidas en los últimos ejercicios Lo que ha llevado a cesar en su actividad por volverse insostenible pese a las sucesivas aportaciones económicas de los socios para mantener el restaurante abierto y todos los puestos de trabajo”. Los Bardem aclara que su decisión se debe a una ” reducción de beneficios, sino de pérdidas prolongadas desde hace ya dos años“.

En el comunicado, los Bardem puntualizan que han procedido a las liquidaciones correspondientes a cada uno de los trabajadores. Estas indemnizaciones, revelan, superan las que establece la ley “en atención a la larga relación laboral entre La Bardemcilla y sus empleados”.

 

COSAS DE NIÑOS

manos_sucias– mami, ¿cuál es la mano izquierda? – preguntó la pequeña a su madre

– con la que escribes no, la otra – dijo la madre, después de meditar la respuesta

-ahhhh – dijo la pequeña, simulando escribir con ambas manos –  ¿Y si no estoy escribiendo?

ESA SONRISA

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Una sonrisa,
o una palabra,
o un guiño cómplice…
Mejor me quedo
con la sonrisa…
Con esa sonrisa
que yo te pido,
con esa sonrisa
que tú me das,
con la sonrisa
que compartimos,
con la sonrisa
que a escondidas
tú y yo nos damos,
con la sonrisa
que sin que nadie vea
nosotros derramamos,
con la sonrisa
que nunca limpiamos,
con la que sobre nosotros 
echamos tú y yo a drede
El uno al otro
El otro al uno…
Así, sin más
Y sin menos
Hasta llenarnos,
yo de ti…
Tú de mí…
Y nadie sabe nada

… ESTANDO CONTIGO

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Mire a la hora que mire el reloj, siempre es la hora…

Ya pronto se marcharía otra vez, pero, día a día, él iba llenando la maleta de esas cosas que tanto añorararía después.
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LOS AMANTES: CAP 53: ¿CÓMO DECÍRSELO? (PRIMERA PARTE)

swe27081244Tres horas más tarde Carlos llegaba del trabajo muy cansado. Era ya la tercera semana trabajando a destajo, de sol a sol, y todo por ese dichoso contrato que tenían que conseguir, y que, finalmente, parecía casi hecho. Al llegar a casa algo le extrañó, pero también le tranquilizó.
El olor que le recibió, ya antes de abrir la puerta, era intenso, ameno, y muy conocido. También era lejano en el tiempo. Tanto que ya, hasta lo había olvidado. Recorriendo el pasillo fue deleitándose por esa mezcla de olores y sabores que impregnaban la casa, intentando descifrar las mezclas utilizadas, y, sobre todo, las especias derramadas sobre ese caldero otrora tan utilizado. Al llegar al salón Marga le estaba esperando junto a una preciosa mesa, repleta de velas, de fuentes de comidas coloridas, y de salsas que parecían escupir una estela de sabores picantes por el aire, llamando su atención. Además, Marga estaba especialmente guapa esa noche, como venía sucediendo en las últimas noches en las que se había vuelto a enamorar de su esposa, o,  mejor dicho, temer perderla. Hacía tiempo que no la veía así de hermosa, y notó algo extraño en su mirada. Tan extraño era que llegó a asustarle, incluso.
-¿Y esto? – preguntó extrañado, mirando ese precioso traje de velos azules que Marga no se ponía desde hacía muchos años, y que tan bien le seguía sentando
– ¿es que no te acuerdas? – preguntó ella, sonriente
– claro que sí. Nuestro viaje de novios
– ¿Recuerdas lo bien que lo pasamos en Petra?
– sí que lo recuerdo – dijo, acercándose a ella, acorralándola contra la mesa, y acariciando su sedosa piel bajo esos velos que la hacían parecer completamente desnuda
– ¿recuerdas todo? – preguntó ella, dejándose besar y acariciar por unas manos que parecían extrañas sobre su cuerpo
– recuerdo todo – dijo él, empezando a sentirse excitado al ver que bajo esos velos no había más ropa que su propio cuerpo, ese al que no había accedido en las últimas semanas.
Carlos siguió abrazándola, acariciando su cuerpo, y besándola. Ella se dejó llevar, recordando tiempos mejores en su relación, pero sintiéndose bien al poder demostrarse a sí misma que podía seguir queriendo a su marido a pesar de Javier. El beso  fue tierno, caliente… incluso húmedo, y muy acogedor. Así eran siempre los besos de Carlos. Siempre fueron más que correctos.
Desde luego no fueron sus besos, ni sus duelos amorosos, los que le hicieron enamorarse de él, sino su fuerte personalidad, su buen corazón, y ese esmero y cuidado con el que siempre había cuidado de ella, anteponiéndola a todo… ¡a todo menos a su trabajo!.
Marga no tardó en ponerse nerviosa. Quizás demasiado. Miraba a su esposo, observando el paso del tiempo, y la falta de pasión en su relación.  Por suerte, también fue redescubriendo esa belleza, y ese aura que siempre le había rodeado, otorgándole algo especial.
Carlos está especialmente excitado esa noche, y Marga decide detenerle en sus ansias.
-Cariño, despacito… primero la cena
– a la mierda la cena – dijo, ya incapaz de contener todo ese ímpetu que ella misma había despertado, acariciando la seda de su piel, y besando un cuello hermoso que le apetecía mordisquear con sus colmillos
– no, querido… tienes que ser paciente. Además, me gustaría decirte una cosa importante
– ¿el qué es más importante que esto, mi vida? – preguntó mientras sus manos ya paseaban por la curva de su culo sedoso y frío – te deseo
– yo también… yo también – le decía, sin mentirle, pues las caricias de su esposo empezaban a despertar  un cuerpo que empezaba a no poder controlar – pero primero la cena o se nos enfriará el pato a los frutos del bosque
– ¿me has preparado tu exquisito pato indio? – preguntó emocionado – ¿y eso?
– ya te he dicho que hoy es un día especial
– ¿ah sí?
– sí, pero a lo mejor no es tan especialmente bueno como puedas creer. No sé si lo que tengo que decirte te va a gustar mucho…
– pues dímelo – dijo él deteniendo su exploración carnal ante la seriedad de sus palabras
– primero cenemos. No es tan fácil ¿sabes?
– me estás empezando a asustar.
Si había preparado todo no había sido para acabar haciendo el amor sobre la mesa. Además,  ella ya había tenido su ración carnal esa misma tarde. En realidad había tenido varias raciones… ¡y de la mejor calidad!. La cena no era más que una excusa para hablar con él, y contarle algo que ya quemaba, que dolía, y que no podía ocultar por más tiempo.
Alguien como Carlos no se merecía que le engañaran así, que le ocultaran algo tan importante, y, aunque seguro que le iba a doler, no podía ocultarlo por más tiempo. También sabía – y temía – que su relación podía sufrir un serio revés para no volver a recuperarse jamás pues ya habían hablado de eso muchas veces. Él siempre se lo dejó claro. Jamás podría perdonárselo.
Aunque Javier había intentado convencerla para que no le dijera nada – al menos aún – ella no podía soportar ya tanta presión. De todos modos  Carlos se iba a enterar, al igual que todos.
Aunque era algo que disfrutaría ella, y que él iba a sufrir sin duda, lo siente ya como lo más hermoso que le ha pasado en su vida, y no piensa renunciar a ello, aunque con ello sea capaz de deteriorar un poquito más su matrimonio. Además, confiaba en que Carlos lo entendiera… aunque para ello necesitara tiempo… ¡mucho tiempo!.
Mirándole, mientras cenaba el cuscús y ese pato que tan bien sabía pensó que esa noche terminarían haciendo el amor, si todo iba bien.  Era la primera vez, en mucho tiempo, que hasta le apetecía acercar su cuerpo al suyo, y por primera vez en mucho tiempo Javier desapareció de su pensamiento. Marga se llegó a sentir incluso con más fuerza, pero no era más que un espejismo. Javier no tardaría en aparecer de nuevo.
No hacía ni tres horas que se separó de él, y ya sentía que volvía a necesitar el olor de su piel junto a ella. Había ido a verle a ese hotel para decirle que todo tenía que terminar, que no podía más, y que estaba a punto de volverse loca. Su historia de amor ya no era esa simple historia de pasión y sexo. Había algo más, algo peligroso y que terminaría por arrastrarles hasta el abismo del dolor. Por eso tenía que hacerlo. A esas alturas del juego tenía que decidir con claridad, sin más aspavientos ni engaños: o Javier o Carlos. Y la decisión, muy a su pesar, ya estaba tomada.
De nuevo se perdió en él, y, recordando sus manos sobre su cuerpo, su boca sobre su cuerpo, y su cuerpo sobre su cuerpo, volvió a excitarse de nuevo.
-No, Marga – se decía a sí misma – vuelve a casa… vuelve con Carlos. Tienes algo muy importante que decirle, pero… ¿cómo hacerlo con delicadeza para no romper esta paz que nos rodea? ¿Sería capaz de comprenderla? ¿lo aceptaría sin más? ¿y cómo hacer para que el golpe no fuera tan duro? Mirándole de nuevo sabía que Carlos no tardaría en montar en cólera. Por eso, una vez más, prefirió callar y no decirle nada.
¿Cómo decirle a alguien como él  algo tan duro y que podía hacerle tanto daño, hasta el punto de cambiar todo lo que le quedaba de vida? ¿Sabría aceptarlo con madurez, con amor, y comprender que todo lo que había pasado había escapado de sus manos? ¿sabría  o podría perdonarle, así sin más? ¿Cómo decirle que ella también estaba esperando un hijo? Él nunca quiso hijos. Y siempre lo había dejado bien claro.
Además, ¿y si no era suyo?… ¿y si era de Javier?