LOS AMANTES: CAPÍTULO 54: AMOR DE TERRAZA


20130327_141657Después de la buena noticia todo parecía ir mejor. Carlos había reaccionado estupendamente a la noticia del embarazo, y eso a Marga le alivió. Lo que no sabía ella era que desde que supo del embarazo de Esther sus miedos a ser padre no solo habían desaparecido sino que se habían convertido en deseos más que notables. A partir de ese momento Carlos y Marga volvieron a vivir como antes… O casi. Ella, a pesar de sentirse feliz con su embarazo y de ver feliz a su marido, seguía pensando constantemente en Javier y en todo lo nuevo que le había mostrado. Pensaba en su cuerpo, en su boca, y en esos momentos tan íntimos y privados, y que nunca ya podría olvidar… aunque quisiera – que no era el caso. Javier era tan parte ya de ella como ese niño que estaba en su interior. Ese hombre le había enseñado un mundo desconocido y del que no se quería alejar. Los nuevos cambios en su cuerpo, originados por el embarazo, no hicieron sino aumentar su deseo de estar con él. Ese niño era suyo. De eso parecía estar bastante segura… Tan segura como arrepentida.  Ella seguía oliendo a él a todas horas. Su piel, sus manos… Todo olía a él, y todo le recordaba a él. Tan solo tenía que cerrar los ojos un instante para que ante ella apareciera el torso desnudo de ese hombre, con su vaquero gastado y apretado a su cuerpo, y ella se imaginaba adentrando su mano en él mientras él la besaba, raspándola suavemente con esa barbita de dos días que siempre llevaba consigo y que le hacía más atractivo aún.
Convencidos del daño que podían hacer – incluso hacerse a ellos mismos – decidieron despedirse para siempre, dejar todo en un tiempo muerto, al menos hasta que todo el embarazo terminara… Quizás el hecho de estar embarazada sería esa puerta por donde huir de una pasión que los tenía totalmente ajenos al mundo que les rodeaba.  Ambos eran conscientes de que ya habían llegado a un punto de no retorno.  Lo que había empezado como un precioso y excitante juego ya no era solo eso… Ese hombre era tan parte de ella ya como el propio Carlos, y le deseaba como nunca había deseado nada. Ella había dejado ya de solo sentirse deseada y guapa, como pasaba al principio. Ya no necesitaba sus ojos, ni sus mensajes de móvil, ni siquiera sus juegos provocativos cuando estaban con más gente… Lo que sentía en esos momentos cuando estaba con él, o cuando pensaba en él, era algo más intenso que todo eso. Ya no era solo sexo, si es que alguna  vez lo fue. Ese hombre se había convertido en el centro de su vida, en su todo, y no pasaba una sola noche – ni una mañana – que no despertara, o se durmiera, impregnada y bañada con su olor y sus besos en una cama que compartía con alguien que no era él. Marga no se daba cuenta de lo que le estaba pasando, pero se había enamorado de ese hombre mientras pensaba que tan solo jugaba inocentemente, entrando en un juego del que podría salir cuando ella misma se lo propusiera. Ese hombre eran sus propios latidos de corazón, sus sonrisas, sus lágrimas, sus deseos… Y eso le asustó. El hecho de estar embarazada le hizo ver todo de otra manera. Ya no podía pensar solo en ella.  Pensando en todo eso lloraba hora a hora, consciente de la dificultad que conllevaría olvidarse de algo que les había hecho muy felices – más que nada – pero que empezaba a equivocar el rumbo que ella misma se había propuesto en su vida. Donde antes sólo aparecían las imágenes de ellos juntos, desnudos, besándose, acariciándose… amándose, aparecían  ahora también las sufridas imágenes de Carlos, Esther, y alguien más a quien aún no podían poner cara. ¡Jamás podrían ser felices si Carlos y Esther supieran todo!. Ambos lo sabían, y ambos tenían que actuar antes de que todo fuera demasiado tarde… Si no lo era ya.
Tras muchos días huyendo de él, prometiéndose a sí misma no volver a verle, no pudo resistirse más. La noche anterior habían cenado de nuevo todos juntos en la casa de playa de unos amigos que organizaron todo para dar una sorpresa a Marga y a Esther. Todo el día lo pasaron en esa casa situada frente al Mediterráneo, rodeada de gente, y siempre a la espera de que llegara Javier. Fue a media mañana cuando apareció el coche de Esther mientras Marga tomaba una cerveza sin alcohol. Tal fue la emoción que casi se atragantó al ver el coche, pero su algarabía desapareció cuando descubrió que del coche solo bajaba su amiga. Todos la vitoreaban, alzando sus quintos de Alhambra, y ella, graciosa como siempre, se agachaba y levantaba, mostrando su agradecimiento.
-¿Y Javier? – se atrevió al fin a preguntar alguien, mientras Marga abrazaba a su amiga y esperaba la respuesta
-Javier tiene mucho trabajo. Tiene que entregar ya en un par de semanas
-¿No va a venir? – preguntó Marga a su amiga
-sí, llegará dentro de un rato.
Esther ya mostraba su barriga con claridad. Ella aún no, pero ya empezaba a sentir fatigas, mareos y cómo su cuerpo empezaba a cambiar sus hábitos y rutinas. Esa mañana se había despertado de nuevo con fuerzas, con deseos, y había vuelto a acariciar su cuerpo bajo los potentes chorros de agua caliente de la ducha. Con los ojos cerrados, bajo el agua, recordó aquella partida de ajedrez donde todo empezó, y cómo Javier la devoraba, cómo disfrutaba de su escote, de sus piernas, y de toda ella. Ese día – ahora lo sabía – ella también lo deseó, y habría hecho el amor con él en ese sofá donde tantas noches se había dormido pensando en él. Cuando Javier llegó Marga lo vio más guapo que nunca. Llevaba varios días sin afeitar, con su aspecto cuidadosamente descuidado de siempre, y con ese vaquero donde tantas veces había entrado su mano. Él la miró seriamente, después le sonrió y le guiñó uno de sus ojos. Besó a todo el mundo, recibió la felicitación de sus amigos, y finalmente se abrazó a Marga y la besó en las mejillas. Javier, al olerla, la deseó también, y en el pellizco de sus dedos sobre la espalda de Marga se lo intentó demostrar. Desde ese momento no pudo dejar de fantasear con él. Estaba tan guapo con esa camisa sin cuello, casi abierta, mostrando su pecho sin vello, y desprendiendo un olor que atravesaba todo su cuerpo, que le habría hecho el amor allí mismo. Los dos se miraban con un deseo desmedido, pero era ella quien no podía controlar su excitación, insinuándose descaradamente, luciéndose para él, y lanzando todo tipo de indirectas que sólo él era capaz de recoger.
Era en sus miradas donde todo podía verse sin más. Cada vez que ese hombre la miraba era como si la desnudara, como si estuviera haciéndole el amor allí mismo, y como si el resto de la gente desapareciera por arte de magia.
Durante la tarde comieron y bebieron, rieron, bailaron, pero solo ellos se desearon así. Marga, sin duda cansada, se quedó dormida a media tarde, mientras los hombres jugaban al rentoy. Javier jugaba y la miraba, y ella se sentó en una silla, bajo el sol, desde donde pudieran mirarse sin ningún problema. Él jugaba sus cartas pero no dejaba de mirarla. El no ser el que llevaba las señas le permitía no tener que estar pendiente de la jugada, y perderse un ratito en ella. Mirándose, jugando, y deseándose Marga se quedó dormida. El sol siempre hacía lo mismo con ella… la dejaba aturdida y sin fuerzas. Cuando sus ojos se cerraron el día se hizo noche, y todos desaparecieron de la amplia terraza bañada por la brisa del mar. Tan solo unas palmeras y una farola rojiza y de forma redondeada fueron testigos de cómo Javier se levantaba de la silla donde jugaba solo y se acercaba lentamente hasta ella. Marga le miraba emocionada sin llegar a creer que realmente fueran a hacer el amor en esa terraza rojiza mientras los demás se bañaban en la playa, o, simplemente, desaparecían del escenario. Javier ya estaba frente a ella, con el torso desnudo, con el pantalón vaquero apretado a su cuerpo, sin cinturón, como siempre iba, y con ese bulto dibujado en su entrepierna. Marga deseó acariciarlo, y así lo hizo, alargando su mano levemente hasta rozar la tela caliente que cubría a ese hombre al que tanto deseaba. Mientras se miraban sus dedos pasearon por esa tela vaquera, y notó cómo el cuerpo de ese hombre se endurecía más y más.
-Te deseo – dijo Javier, agachando su cabeza hasta ella y besándola suavemente en los labios mientras ella seguía acariciando esa entrepierna que deseaba desnudar cuanto antes. El beso fue suave al principio, acariciando con su lengua el labio inferior y mordisqueando con sus paletas ambos labios, haciendo que Marga despertara ese deseo dormido. Javier la agarró de la cabeza, enredando sus dedos entre el pelo de Marga, y tiró de ella hacia atrás. Javier ladeó la cabeza de Marga y su boca se abrió a la suya, penetrando con su lengua de manera dulce y salvaje al mismo tiempo. Marga disfrutó de ese beso de nuevo, y recogió toda la saliva alcalina que escapaba de sus labios, tragándola sin parar a la espera de más. Ese beso dejo de ser eso para convertirse en cuerpo entero, y empezaron a hacer el amor con sus bocas… Se mordían, se besaban, se chupaban, se lamían… En cada uno de los besos de Javier iba parte de su vida, y ella los recibía encantada y cada vez más excitada. Los dos se respiraban mientras Marga seguía palpando ese bulto sobre el pantalón, que cada vez se hacía más y más grande. Una de las manos de Javier se posó en el muslo de Marga y avanzó hasta el primer botón del pantalón que llevaba puesto. Primero abre uno, después otro, y la punta de su dedo pasea por dentro, acariciando una piel limpia de vello. Después abrió otro botón, y finalmente el último, y ya su mano estaba sobre la braga. Los besos se hacían más fuertes, intensos, y calientes, y ambos acariciaban sus cuerpos. Marga abrió también el pantalón de su amado, desarmándolo, y él se dejó llevar por la algarabía desenfrenada de unas manos que parecían tocar música con su cuerpo. Ambos se besaron de nuevo, y Javier detuvo el beso para postrarse frente a ella, mirarla y decirle que la amaba. Era su mirada sin duda lo que más le emocionaba, y Marga se dejó hacer. Javier, con una exquisita ternura, le ayudó a levantar de la silla y comenzó a bajar un pantalón que arrastraba en su viaje también la braga. Primero por los muslos, después por la rodila, y finalmente escapando de unos tobillos que apenas podían soportar el peso de tanta excitación. Marga estaba tan excitada como nunca, pero estaba más pendiente de averiguar qué estaba pasando a su alrededor, comprobando que, una vez más, ese hombre no solo conocía sus deseos más íntimos sino que era el que los creaba, el que los dibujaba… El que los escribía.
Completamente desnudos se besaron de nuevo. Ella sentada sobre la barandilla blanca que le separaba de la calle, y él acercándose peligrosamente, abriendo sus piernas y apuntando hacia ella. Javier entró en ella sin aspavientos, y ella apretó sus piernas contra él, dejándole claro que no le dejaría escapar hasta que no terminara su faena. Marga disfrutaba de ese sexo en su interior pero no podía dejar de mirar al suelo, a la calle, y no por si les descubría algún viandante despistado, sino para comprobar que no llegarían a caerse a tan considerable altura. Javier le agarró las nalgas con pasión, pellizcándolas, y entró en ella mil veces haciendo que el acero de su cuerpo se derritiera en los hornos de su interior. Sus bocas volvieron a unirse, inundándola de placer y miel, y ella apretó su cuerpo contra el de ese hombre que estaba volviéndola loca allí, en esa casa donde hacer el amor no era otra cosa que flotar sobre el agua.
Una fuerte sacudida de Javier hizo que Marga se estremeciera y soltó un grito mientras sus caderas dibujaban círculos sobre la barandilla de piedra blanca y sus uñas se clavaban en la espalda de ese hombre al que tanto deseaba.Mientras Marga recibía las acometidas salvajes de ese hombre y dejaba que se bañara en el mar en el que se convertía cuando estaba con él sonó de fondo la canción que tanto le gustaba cuando niña… “Love is in the air…”
A punto estaba de enloquecer cuando ese hombre salió de su interior. Marga le miró emocionada, extasiada aún, y él la besó en la nariz, después en los labios, después en el cuello hasta llegar a sus pechos donde bebió a su antojo. Marga sintió algo diferente en sus senos. Los labios de ese hombre chupaban con más dulzura, e incluso llegó a sentir cómo algo de su interior salía hasta llegar a la boca de Javier. Después bajó hasta su vientre, separó más sus piernas, que ella apoyó sobre sus hombros, y él disfrutó de un festín que ella había preparado solo para él.
Marga disfrutó como nunca de lo que ese hombre hacía con ella. Javier estaba de rodillas, frente a ella, y ella no podía hacer otra cosa que gemir, acariciarle el cabello, y decirle que lo amaba. En medio de su orgasmo estaba cuando la imagen de Carlos apareció al fondo, entrando por la lejana puerta de la casa. Por suerte no les había visto, pero ambos tenían que huir de allí… Cuando Marga abrió los ojos el sudor de su cara casi le impidió ver. Los hombres seguían jugando a las cartas. Javier le sonreía maliciosamente, y es que él, sólo él, sabía lo que había estado soñando.
Al llegar a casa, casi a media noche, Marga recibió un mensaje en el móvil.
WHASAP DE JAVIER:
Mientras tú te tomabas una inocente cerveza, oculta entre los demás miembros de la tertulia que se celebraba bajo el sol, unos ojos se hicieron dedos etéreos, primero, y pinceles mojados después, y por el aire que nos separaba te fueron desnudando lentamente… Tan lentamente te desnudaron que ni tú misma te diste cuenta de tu propia desnudez, que es como yo te veo siempre.  Primero se enroscaron en tu pelo escanciado por el viento, convirtiéndose toda la mano en un niño recostado sobre un suave trigal aún verde por la primavera. Después se deslizaron por el tobogán que va desde tu cuello humedecido por el rocío de tus ojos hasta el generoso escote que dibujaba dos lunas en una misma noche. Allí, echados a drede, como el niño que sale del mar y busca el calor de las piedras, se recostaron alegremente con deseos de llorar. Botón a botón fueron deshaciendo en migajas una camisa que ya no existía, y apareció tu piel trigueña, mecida al sol, a la espera de convertirte en grano que usaría para fabricar la harina de nuestros deseos. Finalmente, botón a botón, como si tus piernas fueran también dedos, convertí el pantalón que te ocultaba en guante de seda que fui despojando lenta y tranquilamente… Primero un dedo, luego otro, otro más… y finalmente los tobillos. Desde entonces, todo el dia estuviste desnuda allí, bajo el sol, bañada en cerveza y vino, sentada en esas sillas mojadas por el sol solo para mi. Nadie más hubo allí. Ni él, ni ella, ni ellos… Ni siquiera nosotros. Solo tú… Solo yo.
Y de pronto tu desnudez se hizo cristal, por el que poder mirar y verte, y vi tus tristezas más calladas, y las hice mías, contagiándome. Después vi cómo corrían tus anhelos más ocultos, y presencié el movimiento de la maquinaria que fabrica esas sonrisas que a todos enamoran. Tus ojos me miraron – solo un segundo – y pude también ver tus deseos, y me quise ver en ellos, pero solo pude ver un vacío bañado por la soledad de la gente que te rodeaba. Y volviste a sonreír, ajena a mí y a que te observaba y pintaba, y fue esa sonrisa la que te devolvió de nuevo a la carne, y te volviste a hacer mujer desnuda, siempre desnuda. La fría cerveza que entraba por tu boca escapó por la comisura de tus labios, y una de esas gotas rubias se deslizó por tu mejilla, por tu cuello, por tu escote, por tu seno turgente, por tu vientre, por tu cadera, por tu muslo, por tu rodilla, por tu tobillo… Y, justo cuando iba a caer al suelo que pisabas, el sol y el calor de tu cuerpo la deshizo, secándola por completo… Y me sentí gota de cerveza sobre ti.
Celebrábamos otra cosa, pero yo estaba en la fiesta de lo nuestro, y lo que mas me gustó fue que no te asustaras y siguieras allí, mirándome sin utilizar tus ojos, hablándome sin articular un músculo, y besándome sin abrir esos labios carmesíes, mientras yo te hacia el amor delante de todos sin que ninguno se enterara… Ni siquiera tú. Bueno, tú sí… Tú sí que te dabas cuenta. Te lo noté en la mirada. 
Marga no podía creer lo que estaba leyendo. Ese hombre no solo entraba en sus sueños cuando estaba dormida, sino también en sus pensamientos cuando estaba despierta. Lo que allí releía de nuevo era justamente lo que ella había estado sintiendo frente a él, y eso le hizo llorar de nuevo. Ella y él estaban hechos el uno para el otro. Ahora lo sabía, aunque también sabía que era tarde, que ese hombre había aparecido en su vida demasiado tarde. Emocionada estaba cuando recibió un nuevo mensaje en el móvil
 
Whasap de Javier:
Tenemos que vernos y hacer el amor una última vez. Mañana a las diez en nuestro hotel
 
Whasap de Marga:
Sí, allí estaré.
Anuncios

Publicado por

josamotril

mi blog solo de relatos: http://josaliteraria.wordpress.com

24 comentarios sobre “LOS AMANTES: CAPÍTULO 54: AMOR DE TERRAZA”

  1. Celebrábamos otra cosa, pero yo estaba en la fiesta de lo nuestro, y lo que mas me gustó fue que no te asustaras y siguieras allí, mirándome sin utilizar tus ojos, hablándome sin articular un músculo, y besándome sin abrir esos labios carmesíes, mientras yo te hacia el amor delante de todos sin que ninguno se enterara… Ni siquiera tú. Bueno, tú sí… Tú sí que te dabas cuenta. Te lo noté en la mirada.
    QUÉ BONITOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

    Me gusta

  2. en el amor todo es tan complicado que cuesta tomar una decisión correcta. yo si fuera Marga seguiría adelante, pero esto del embarazo cambia todo. Me has dejado echa polvo pensando en como acabara esto

    Me gusta

  3. el hecho de estar embarazada y de él tiene que ser algo complicado de llevar. ¿Puede una mujer sentirse bien sabiendo que el hijo que espera no es de su marido sino del hombre al que realmente ama? Dios, creo que es muy duro eso no crees

    Me gusta

  4. ¿Marga es una guarra? SAbes lo que es de ser una mala persona? criticar algo o alguien sin atreverse a dar la cara como tú has hecho al no poner tu nombre

    Me gusta

  5. llevo leyendo esta novela desde el principio y todos los días miro por si has subido algo nuevo. ¿Es verdad que se va a terminar en estas dos próximas semanas? Si es así pondrás todos los días algo ¿No? EStaré atenta. Un beso
    Yo estoy con Marga. Que viva el amor, que lo disfrute, que tiene suerte de habrer encontrado un hombre así, alguien que le de la alegria que su marido le niega

    Me gusta

  6. no sé qué decir de esta gente. Se supone que al estar embarazada una mujer deja atrás todo su pasado, y hasta su presente. Cuando una mujer se queda encinta deja de pensar en ella misma y lo primero es su embarazo y, por ende, lo que conlleva dentro de sí. No me creo que Marga sea capaz de seguir adelante con su relación con ese hombre ahora que espera un hijo. A partir de ahora todo será ese bebé. Javier debe pasar a un segundo plano o esto no será creíble

    Me gusta

  7. Yo estoy enamorada de este Javier desde esa partida de ajedrez. A veces no me fío de él pero como resistirse a alguien asi . Eso es imposible. Esos tipos de hombres podeis tener a quien querais

    Me gusta

  8. yo quiero que termine mal y conociéndote no me creo un final feliz. Son ya muchos años leyéndote y conociéndote y sé que no te gustan esos finales

    Me gusta

    1. Estoy contigo Sonia.Menudo whasap ha sido lo mas,mas,mas…bonito q ha dicho hasta ahora Javier.Yo si que estoy enamorada pero de”esa cosa”tan especial que existe entre ellos dos.Me da pena que se separen.Pero para q este amor tan fantastico sea Eterno tiene q llegar su fin,si no acsbará contaminandose como casi todo en esta vida.Gracias Josa por este precioso capitulo!!

      Me gusta

  9. hay veces en la vida de una mujer en la que aparece un hombre capaz de romper todos tus esquemas. Ese hombre es peligroso, y por eso te gusta tanto, porque tiene algo que ves en él que ni siquiera existe. En él ves cosas que tú imaginas o anhelas y las dejas en él grabadas y nadie las puede quitar. Ese hombre se convierte en una bella obsesión, nunca en algo malo ya que esa es nuestra ventaja. Nosotras sabemos bien lo que hay que hacer y lo que no, donde poner los límites para que esa relación no rompa tu vida ni tu armonía. Como mujer disfrutas de ella, y la vives intensamente, pero siempre sabiendo que los pies no pueden estar sino en el suelo y que por eso no tenemos alas. La mujer solo puede volar por cortos espacios de tiempo para que el mundo de a su alrededor siga girando. En cambio el hombre se deja llevar, vive la carne solo, y eso le hace peligroso. Un hombre puede dejar una vida atrás por culpa de eso, de carne. Nosotras no. Adelante Marga, estamos contigo.

    Me gusta

  10. yo creo que Marga ha disfrutado ya de todo lo que tenía que disfrutar y seguirá soñando con él toda su vida, pero lo olvidará. REcordará su sexo, sus buenos ratos, sus sonrisas, sus roces, pero ella se volcará en su hijo y en su familia y todo podrá llevarlo de mejor manera. En cambio él ¿qué será de él? ese hombre está enamorado también de ella. Ese whasap que le escribe al final es una poesía,y esa poesía ha hecho que me enamore de él

    Me gusta

  11. por cierto, ya sé quien eres. Me lo dijo una amiga común, y te pareces al Javier que describes. ¿TAmbién te pareces en la forma de ser? Seguiremos esperando

    Me gusta

DEJA TU COMENTARIO (bueno o malo)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s