MARCELLA PATTYN, LA ÚLTIMA DE LAS BEGUINAS

villa_100817_marcella_pattyn_464Marcella Pattyn, fallecida a los 92 años, era la última representante de la una de las experiencias de vida femeninas más libres de la historia, según los expertos. En la Edad Media, entre la rigidez de los estamentos religiosos, empezaron a aparecer comunas de estas mujeres que iban por libre, eran democráticas y trabajaban para obtener su propio alimento y hacer labores caritativas. Eran comunidades de mujeres espirituales y laicas, entregadas a Dios, pero independientes de la jerarquía eclesiástica y de los hombres. Surgieron en un momento de sobrepoblación femenina, cuando dos siglos de guerras habían acabado con una gran proporción de los hombres y los conventos estaban colmados como la alternativa al matrimonio o a la clausura. Corría el siglo XII y las comunidades de beguinas, mujeres de todas las clases sociales, empezaron a extenderseen Flandes, Brabante y Renania. Gracias a las labores que hacían para la comunidad, eran enfermeras para los enfermos y desvalidos y maestras para niñas sin recursos, e incluso fueron responsables de numerosas ceremonias litúrgicas, muchas familias adineradas les dejaban herencia y mujeres ricas se instalaban en beguinages. La mayoría de hermanas practicaban algún arte, especialmente la música –Pattyn tocaba el piano, el órgano y el acordeón-, pero también la pintura y la literatura. Los expertos consideran a poetas como Beatriz de Nazaret, Matilde de Madgeburgo y Margarita Porete precursoras de la poesía mística del siglo X VI, además de las primeras en utilizar las lenguas vulgares para sus versos en lugar del latín. Vivían en celdas, casas o grupos de viviendas, declaradas patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1998, y podían abandonarlas en cualquier momento para casarse y formar una familia, pero a nivel espiritual no se casaban con nadie más que con Dios y los más desfavorecidos. También formaban partes de estos grupos mujeres casadas que se identificaban con el deseo de llevar una vida de espiritualidad intensa en los beguinages de sus ciudades.

 

GARCÍA LORCA PARA LOS JÓVENES (IDEAL PARA SECUNDARIA)

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Por fin algo nuevo y refrescante sobre el gran poeta granadino. Una nueva manera de llevar a Federico a los jóvenes a cargo de dos estupendos actores: Pepe İndia y Silvia Gatón.

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SON UNA PASADA

García Lorca, su obra y sus cartas

LEONARDO Y AQUELLA SONRISA (desvarío mental)

leonardo ¿Que sonría dices, Leonardo?
¿Que no te gusta esta sonrisa?
¿acaso crees que es mía, Leonardo?
Ha pasado ya un año desde que nació mi primer hijo. ¡Un año ya! Un año que ha pasado tan rápido que apenas si ha llegado a existir… Como él, como ese hijo deseado que murió antes de llegar a saber  de la dicha o la desdicha.
Sí, estoy demasiado triste para posar, lo sé, pero necesito el dinero para pagar todas las facturas que guardo de las medicinas compradas para intentar salvarle en vano. Nunca un dinero estuvo mejor empleado, aunque ahora mi propio marido me abuse de haberlo robado.
Sí que estoy triste, sí… Y lo estoy porque no es justa la vida conmigo… En realidad nunca lo fue. Siempre soñé con querer como solo puede querer una madre, y ahora que, al fin, lo he aprendido, no me sirve para nada, salvo para incrementar este dolor que arranca de dentro y que mata todo lo de fuera. Y, pasadas unas semanas ya desde que me lo arrancaron de los brazos para sepultarlo, sigue doliendo, cada vez más, con un nuevo dolor, con un nuevo deseo de gritar más fuerte, y, sobre todo, con mucha desesperación porque aunque he aprendido a querer como solo quiere una madre me falta algo… ¡No! No sé lo que es que te quieran como se quiere a una madre… Ni como a una mujer.
Mi esposo no se lo ha tomado bien, y me culpa por su muerte, por haberlo traído a este mundo ya enfermo. Tan mal se lo ha tomado que también me ha dejado. No nos llevábamos bien, es cierto, y puede que fuéramos dos desconocidos… No tengo recuerdos bonitos con él, pero siempre quise amarle, aunque tampoco sé muy bien por qué. Supongo que me educaron para no estar sola, como estoy ahora, y como sé que estaré el resto de esta vida tan oscura como la sonrisa que tú me pides.
¿Qué si estoy triste, Leonardo? Tengo treinta y tantos… casi cuarenta, y me siento como esa abuela sin nietos que a punto está de decir adiós a la vida.
Está bien, Leonardo, toma tu sonrisa. Píntala ahora que olvido la maldita vida que arrastro y pienso en la bendita muerte que ansío…
¿La tienes?