Antipersonajes:LOS ANTI ROBIN HOOD

En el pueblo toledano de Argés han robado toda la comida de un local donde daban de comer a más de doscientas personas, la mayoría niños de familias sin ningún ingreso.
HAY QUE SER MALNACIDO

 

164634_556083317745632_71673272_nEs, al cerrar los ojos y descansar, cuando -precisamente – podemos tenerlos más abiertos y ver todo con mayor claridad.

MACABRA NOCTURNIDAD

2012-11-26 12.30.35En la cama silencio y soledad. En la habitación silencio y oscuridad... Y en la casa... Y en su vida. Todo era silencio y soledad.
Esa noche le acompañaba una oscuridad silente que dolía en demasía, como en las últimas semanas de insomnio, y ella, la mujer más triste del mundo, descansaba - o lo intentaba al menos - arrojada como si de una piedra de la playa se tratara. Ella intentaba dormir, sabedora de la imposibilidad, y lo hacía entre unas sábanas sobre las que descansaba demasiada ropa que ni siquiera se había puesto ese día.  Entre el silencio de sus sollozos llegaron a ella unas voces susurrantes que la asustaron, y que no se dejaban oír, mientras escapaban de la radio que aún no había aprendido a apagar, a pesar de que su marido lo había intentado muchas veces.  Una treintena de lucecitas redondas - las había contado cientos de veces - se pegaban a la pared, provenientes de las rendijas de una persiana que hacía mucho tiempo que no bajaba del todo y que algún día – siempre mañana – intentaría arreglar.
Cuando despertó - en realidad no se había dormido -  miró al reloj de la mesilla aún con los ojos pegados a la funda caliente de la almohada. No eran las tres de la mañana, y el llanto silencioso de su hija ya la había despertado... otra vez.
¿Es que no se puede descansar en esta casa? – pensó presa aún de un sueño que no conciliaba desde hacía varias semanas.
- ¿Te importa ir a ti esta vez, cariño? – preguntó, entre susurros, volviendo a cerrar los ojos mientras se dibujaba una sonrisa en sus labios, y acurrucaba sus rodillas junto a su pecho evitando la entrada del frío proveniente del exterior del edredón. Inmersa en un sueño intranquilo, pero pacífico, el llanto de la pequeña volvió a despertarla. Miró de nuevo al reloj de números verdes.Ya pasaban de las tres.
Su pie derecho, lanzado hacia atrás como si fuera su mano tanteando, buscaba el cuerpo de su marido por entre las sabanas de franela que a él tanto le gustaban, pero no encontraba esas musculosas piernas que tanto le gustaba acariciar cuando despertaba.
Asustada se levantó de su cama comprobando que el lado de Ernesto estaba vacío, frío, y sin rastro de su penetrante olor. Embutiéndose en la vieja camiseta de Obús de su marido,  cubrió su desnudez y volvió a mirar hacia el lado vacío de una cama descomunal. Una veintena de prendas, la mayoría de Ernesto, descansaba sobre la manta, pero no de forma desordenada… Más bien parecía todo colocado adrede, como siguiendo un orden previamente establecido por alguien que no sabía si era ella misma. Dos pantalones, una camisa, un jersey… dos camisetas, otro pantalón… todo arrugado… pero todo perfectamente colocado, uno sobre otro.
Más acobardada aún, como queriendo no creer las imágenes silenciosas que paseaban por su mente, subió las escaleras notando el frío mármol bajo sus pies y la rugosidad de la madera de la baranda. Un frío nada extraño bañaba suavemente su cara mientras subía, acomodándose en sus oídos, donde murmuraba palabras irreconocibles e imposibles de repetir.  El frío también lo notaba en sus pies descalzos. Ese frío subió por las extremidades, vistiéndolas de lunares vivos, o lo que ella llamaba piel de gallina, y, mientras subías, ese frío se abrazó a su propio pecho. Sus manos abrazaron su  propio cuerpo, con fuerza,  intentando detener el tintineo de sus dientes, y, cada vez más asustada, siguió subiendo.
La niña no dejaba de llorar, y ese llanto se clavaba en sus sienes. Por suerte ya estaba arriba y no tardaría en llegar a su dormitorio. Ese llanto, extrañamente, le hacía sentir bien, le acompañaba en la oscuridad por la que paseaba, como si fuera el faro que la llevara hacia puerto.
La oscuridad, de repente, se dibujó de alta mar. Unas olas espumosas intentaban hundir  su barco desaparecido, y ella decidió nadar. Todo estaba oscuro allí, solo la penumbra de una tenue luz a lo lejos le hacía querer nadar en esa dirección. Pero María nunca aprendió a nadar, por eso se agarraba con tanta fuerza a la madera. Tanto que incluso sus uñas dibujan grabados indescifrables en forma de arañazos de fiera.
De pronto, en esa oscuridad – no quiso encender la luz que la llevara a una realidad que la asustaba demasiado – se sintió tan vacía que deseó dejar de nadar y hundirse con su barco, morir con él, como tiene que hacer todo buen capitán.
Silencio… El llanto de su hija había terminado. No podía ser porque ella aún no había llegado hasta ella. María se sentía cansada porque eran ya muchas noches que no la dejaba dormir.
De pronto, una luz se encendió al final del pasillo y María se asustó.
-Cariño… ¿qué haces levantada a estas horas? Tienes que descansar
María lloró al ver ese rostro maltratado no solo por el tiempo. Los ojos en los que se reflejaba también acompañaban su llanto, y, cansada, muy cansada, se dejó caer sobre el suelo.
- la niña estaba llorando… - susurró mientras sentía la cercanía de ese cuerpo. Una mano amiga, la que siempre estuvo ahí, la abrazaba con fuerza. Unos labios calientes, a pesar del frío, le hacían sentir extrañamente bien al sentirlos sobre su frente mientras unas manos vigorosas la apretaban contra sí, y unas palabras suaves, pero desgarradoras, la devolvieron a la cruda realidad. 
- La niña estaba llorando. La he oído
- Es imposible, cariño
- pero yo la he oído - dijo, sintiendo toda la fuerza de ese abrazo sincero mientras sus ojos cerrados le mostraban aquella siniestra imagen, culpable de todo... 
El coche ardía... Y ellos gritaban.
- Cariño, se han ido. No van a volver... - dijo su madre, abrazándola con más fuerza, y besándola por toda su cara mientras lloraba con ella

la gente viaja al extranjero y algunos aún no han visto esto: Córdoba

capaz eres de haber ido a otro continente y de no conocer aún esta mágica ciudad

NOTICIAS CURIOSAS: EINSTEIN, EL PEZ QUE NECESITA FLOTADOR PARA NADAR

pez_59512ea4bfb0d0e16a9e6f132_sEinstein es un goldfish con una enfermedad típica de su especie que le impide moverse bien y que usa un chaleco salvavidas que su dueño le ha hecho para poder nadar correctamente. Su vejiga natatoria, órgano que les permite controlar la flotabilidad, falla con recurrencia en los goldfish, impidiéndoles nadar con normalidad hacia el fondo o la superficie del acuario, donde queda su comida. 
El chaleco, que esta ajustado al cuerpo del pez, tiene unos pequeños tubos que hacen que Einstein pueda flotar y y mantenerse estable como si pudiese nadar por si solo.

FRASES CON, AL MENOS, DOS LECTURAS

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¿EL PESIMISMO MÁS OPTIMISTA?… ¿o es el optimismo más pesimista?