ESCRIBIR UN SUEÑO

wpid-2013-06-17-10.01.08.jpgEsa madrugada se despertó entre sudores, comprendiendo, una vez más, que él mismo se estaba haciendo tarde… ¡Como la noche! El sueño reciente le había montado en un tren ligero que le había llevado a su juventud, a la puerta de aquel viejo instituto, repleta de motos perfectamente aparcadas y con sus cadenas echadas sobre las ruedas traseras. Entre todas ellas, sentada sobre un vespino de
color negro, estaba ella, la mujer hacedora de sus sueños, con su larga melena, sus ajustados vaqueros y esa sonrisa que podría competir con el sol y que surgía de la nada, como nacen las olas en el mar hasta llegar a la orilla. Se miraron y sonrieron, y él se hizo espuma, recorriendo ágilmente la superficie azulada hasta llegar a ella y mojarla. Así estuvieron toda la mañana, sonriéndose, mirándose, jugando desde lejos, sin atreverse a acercar el uno al otro… Solo se miraban y sonreían… En realidad no hicieron otra cosa, ni falta que le hizo a él, porque mirarla era como besarla.
De pronto – sin ser escritor – sintió deseos de describir todo en un papel, y así lo hizo, sobre la vieja carpeta cubierta de fotos de los cantantes de moda… Lo primero que escribió fue esa canción que sonaba (Black Veltev), después su sonrisa nacarada, sus ojos de mar, y los versos fluyeron a cascadas.

Entre verso y verso no había espacios, ni líneas, ni siquiera renglones… Solo estaba ella. Todo estaba simplemente manchado de ella. Al terminar lo comprendió todo: el papel seguía en blanco. Todo había sido un sueño… Como ella.

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Qué manía la de las mujeres hermosas de ir derramándose con el calor del verano

Canciones lejanas que vuelven

Es curioso lo de algunas canciones, cómo aparecen en algunos sueños…