RELATO PREMIADO

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PREMIO RELATO MACABRO, CONCEJALÍA DE CULTURA DE GIJÓN. ES NUESTRO.

En las noticias vuelven a hablar del asesinato del médico de Córdoba. Un año después del extraño crimen la policía sigue sin encontrar prueba alguna. Durante todo este tiempo no se habla de otra cosa en los medios de comunicación por la extrañeza del caso. Ni siquiera los grandes especialistas de la brigada de investigación criminal han sido capaces de encontrar una lógica al crimen.
El galeno no tenía una amante despechada, ni enemigos, ni deudas. Su pasado era tan claro como oscuro su futuro. Esa noche salió del hospital a las cuatro de la madrugada después de haber estado trabajando todo el día para hacerle un enésimo favor a un enésimo compañero. Al salir alguien le esperaba por el parque donde le mataron. Pero no hay pruebas, ni rastro del arma utilizada, y, lo que es peor, no encuentran un móvil. Ese hombre era adorado por todo el mundo.
Arrastrado a una veintena de preguntas sin orden, pisándose unas a otras, el comisario contesta abatido evitando la mirada de la viuda. Intentando atravesar la pantalla de la televisión, con su mirada cansada, contesta casi en susurros.
– No ha aparecido el culpable. Ni siquiera encontramos el móvil
– ¿qué quiere decir con eso? – pregunta el periodista más incisivo, y al que, sin duda, menos quiere contestar
– pues que sin móvil es prácticamente imposible encontrar al culpable. Sin móvil no hay asesino… ni asesinato.
Medio dormido aún, tumbado en el sofá, enciendo un cigarro. Observando la llama anaranjada del cilíndrico objeto mi mente viaja veinte años atrás, a uno de esos recreos en el instituto donde con Cata, Charlie, Manolo, Toni y Jesús hablábamos sobre el asesinato perfecto. Tantas novelas de Agatha Cristie tenían que salir por algún lado, y comiéndonos el bocata que comprábamos en el Bloody, dábamos vueltas a nuestra imaginación intentando encontrarlo.
Durante más de un mes ese fue nuestro entretenimiento preferido. Ni Juanito, ni Santillana, ni siquiera el joven Butragueño, que acababa de debutar con dos golazos en Cádiz, eran capaces de luchar contra esa fiebre que teníamos por ver quién inventaba el asesinato perfecto. Tampoco “La Dulce Mirada”, esa chica de ojos morados, podía competir. Uno propone un asesinato pasional. No recuerdo quién. Otro propone otro distinto, pero todos llevan al mismo final. No existe el crimen perfecto. Para asesinar a alguien tiene que existir un móvil. Nadie mata así porque sí. Todos estamos convencidos… Hay uno de ellos, el más macabro, que hasta propone perseguir a alguien, matarlo y después descuartizarlo y destrozarlo con una batidora potente.
– ¿Y qué haces con los restos? – preguntamos el resto, sonriendo con algo de asco
– pues lo tiras por el w.c. – dice riendo mientras imita el sonido de la batidora, alejando las ganas de comer de los demás
– eso no valdría. Nadie mata por matar, a no ser que seas un psicópata. Y si así fuera volverías a repetir. Tendrías que tener un móvil para matarle,  y es ahí donde te pillarían
– eso es verdad.
Después de más de una semana de tertulias uno de ellos – qué envidia me daba su imaginación – propone otro asesinato perfecto. Al menos para él:
– Chicos, lo tengo – dice con sonrisa macabra
– ¿el crimen perfecto? – preguntamos los demás, sabedores de que su mirada esconde algo estudiado
– te levantas una noche de madrugada sin que nadie te vea– dice mientras los demás le escuchan sentados en esos bancos de madera con demasiadas capas de pintura marrón – coges el coche, que lo has dejado lejos de casa para que no te oigan los vecinos salir por la madrugada. Entonces viajas a una ciudad alejada unos doscientos o unos trescientos kilómetros. Un lugar donde no hayas estado nunca. Esperas al primero que pase y lo matas. Luego te vas y ¡a dormir!.
Por la mañana despertarás como otro día más y nadie sabrá que has salido. Nadie podrá relacionarte con el asesinato
– eso no vale – dicen – no habría móvil. Y para asesinar tiene que haber un móvil
– o sea – dijeron todos juntos – que no existe el crimen perfecto.
Levantándome del sofá, apagando el cigarro en el sucio cenicero, me sirvo un café caliente. Removiendo el azúcar cambio de canal. Otro telediario hablando de lo mismo. No encuentran al asesino del médico.
– No había móvil – dice el comisario de policía, muy serio.
Yo sonrío de nuevo porque sé que si que había un móvil, aunque nunca lo encontraran. Lo que no sabía nadie – pienso acercándome al armario donde guardo la vieja pistola – es que el móvil nació una mañana de instituto casi veinte años antes, cuando mi mejor amigo me lo puso en bandeja.

La pena es no poder decirle a Antonio que tenía razón. Su crimen era perfecto. Al menos hasta ahora.

 

LA MEJOR SINFONÍA

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Una cosa es hacer el amor, y otra muy distinta es componerlo… Como hacían ellos con cada una de sus miradas, con cada una de sus sonrisas, con cada uno de sus besos…

HACE VERANO CVI

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Era igual el movimiento que pensara, la estrategia que planeara, o la pieza que eligiera… La partida con esa mujer estaba perdida, y él lo sabía.

HACE VERANO CV

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Todas las noches, mientras él duerme, ella se levanta de su cama, descorre las paredes de la habitación, se sube sobre esa silla y enciende la luna para que él pueda soñar.

¿ES MALO SER MARIQUITA? (desvarío mental)

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¿Que es ser mariquita? – preguntó la niña a su padre – ¿es malo ser mariquita?
– ¿malo? – contestó el padre – ¿por qué iba a ser malo?
– mis amigas dicen que mi amigo Manolo es  mariquita, y se ríen
– ¿Ves esa mariquita alejándose de la flor?
– sí, pero ellas hablan de mi amigo, no del animalito
– ya lo sé. Imagina que la flor fuera la mujer
– vale – dijo la niña, cerrando los ojos
– ¿Ves aquella abeja? la abeja se iría a por la flor porque a las abejas les gustanlas flores. La mariquita no iría porque a las mariquitas no les gustan…
– ya – dijo la niña, dubitativa
– entonces, cariño.. ¿cuál de las dos sería la mala? – preguntó el padre
– ninguna – dijo la niña sonriendo.

INSTANTES DE LA VIDA

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Hay instantes en la vida que nadie supo que existieron. Son momentos que una de esas dos personas no recordará nunca, y que la otra jamás olvidará.

HACE VERANO CIV

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Uno era un pato negro, desgarbado y feo. La otra era un cisne elegante, rubio y con alas de bello plumaje que la hacían levitar. Aun así, había días que volaban juntos… Aunque fuera siempre en tierra firme, y nunca en el cielo.

APRENDAMOS DE LOS ANIMALES

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Todos de colores diferentes… Todos en la misma dirección, sin molestarle el color diferente del otro.