HACE VERANO CDXXXVI

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El poder del  tacto de esa mujer él lo imaginaba así… Lo imaginaba corrosivo, explosivo, y, sobre todo, adictivo.
Si se decidiera alguna vez a acariciar una sola parte de su cuerpo – aunque sólo fuera su mano – ese contacto sería capaz de crear una onda placentera tal que convulsionaría todo su ser.

FOTAZO DE DOS ROMBOS. TEXTO DE SÓLO UNO

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Ella nunca le quería contar sus sueños, y cuando lo hacía era porque eran “contables”. A él esos sueños – los que se atrevía a contarle – le daban igual porque él era de los que pensaban que si tus sueños no te asustan, aunque sólo sea un poquito, entonces ni son sueños, ni son nada.
Si sueñas… ¡Sueña de verdad!

LLUVIA DE BESOS

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– Está lloviendo
– ya
– ¿y no te molesta?
– ¿el qué?
– la lluvia
– ¿la lluvia? ¿qué lluvia?
– esta lluvia ¿de veras no te molesta?
– ¿de qué lluvia hablas…?
– pero si estás empapado…
– sí, de ti.

HACE VERANO CDXXXV

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Él nunca fue un perfeccionista, y como tal no quisiera morirse sin cometer, al menos, un par de errores con esa mujer que le volvía loco

HACE VERANO CDXXXIV

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De repente, diez años después, ella se convirtió en “las ganas de volver a fumar” más bonitas que jamás nadie hubiera imaginado.

Inmigrantes de nuestras calles

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Queridos reyes magos:
No sé qué pediros… Si acaso que mi mamá siga a mi lado, y que mi papá vuelva pronto.

HACE VERANO CDXXXIII

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Esa era su magia, la de ellos dos, la de esos dos que nadie veía nunca a solas… Y es que nadie podría decir jamás haberlos visto, alguna vez, juntos en la peligrosa barca de la pasión. Y no podían decirlo porque nunca se habían subido, a pesar de sentirse siempre encima de ella. Aun así, aunque nunca se subían juntos, ellos siempre se imaginaban remando sobre ella, juntos, mirándose… Los dos… Los dos solos.