11-M

No recuerdo qué día fue, ni que mes – sí qué año – en el que dejé de creer en Dios, y en esa religión que me había acompañado durante mi infancia. En cambio sí que recuerdo perfectametne el día, el mes, y el año, en el que dejé de creer en la BUENÍSIMA FE de la mayoría de los políticos, que, por tal de no perder unas elecciones, fueron capaces de jugar con el dolor de sus ciudadanos.

Estar equivocados – o no – era comprensible. Todos, de una manera u otra lo estamos… La mala fe – a sabiendas – no.

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