EL CUMPLE DE LUCAS (CUENTO)

wpid-img_281484344382445.jpegÉrase una vez un bosque en el que  vivían cuatro amiguitos, que siempre estaban jugando.
África  era una ovejita blanca, de largas y suaves orejas. Aitana era una osita de preciosa piel marrón,, y siempre llevaba un lazo rosa en su cabeza. Víctor  era una pequeña gallinita, de plumas blancas y brillantes. Y finalmente estaba Lucas , que era un precioso ejemplar de luciérnaga de alas rosadas.
Jugando estaban los cuatro amigos en el bosque cuando un ruido las sorprendió.
-¿Qué será ese ruido? – preguntaron todos.
Siguiendo el sonido que llegaba hasta ellos se fueron acercando por un camino de flores y musgo suave hasta llegar a lo que parecía una casa.
– El ruido viene de la casa – dijeron – acerquémonos.
Y así lo hicieron. Con cuidado abrieron la puerta, y vieron, en el suelo, sobre una alfombra, a un pequeño bebé que no tendría más de un año.
– Pobrecito – dijeron todos, acercándose a él.
– Buaaaa, Buaaaaa – lloraba el pequeño.
– ¿Qué podemos hacer para que deje de llorar?
– Podría darle un poquito de mi leche – dijo África  – a lo mejor tiene sed
– ¡buena idea, África ! – dijeron las demás
Y así África  le ofreció un vasito lleno de leche fresquita que el bebé se bebió de un tirón
– ¡Qué bien! – dijeron todos – ya ha dejado de llorar. Pero…
– ¡Buaaaaa, buaaaaaa! – el bebé empezó a llorar otra vez, con más fuerza aún
– no es sed lo que tiene. Yo sé lo que le pasa – dijo Almudena, la cierva, asomándose por la ventana. Pero los chicos, algo traviesos, no le hacían caso.
– Yo creo que tendrá hambre – dijo Víctor  – a lo mejor le podemos dar de comer una tortillita con uno de mis huevos
– ¡estupenda idea! – dijeron todos, y le prepararon una sabrosa tortilla con un huevo recién puesto.
El bebé se comió toda la tortilla en un santiamén, y dejó de llorar.
– ¡Bravo, bravo! – gritaron – ha dejado de llorar. Pero…
– ¡Buaaaaa, buaaaaa! – volvió a llorar, con más fuerza si cabe
– no es hambre lo que tiene. Yo sé lo que le pasa – dijo Bárbara, la paloma, pero siguieron sin hacerle caso..
– Chicos, a lo mejor tiene frío. ¿Qué os parece si le tapamos con mi piel? – dijo Aitana, y así lo hizo.
El bebé, acurrucadito entre la suave piel de la osita, cesó en su llanto.
-¡Bravo, bravo… ha dejado de llorar! Pero…
– ¡Buaaaaa, buaaaaa! – volvió a llorar, con más fuerza si cabe
– no es frío lo que tiene. Yo sé lo que le pasa – dijo Gema, la mariposa, pero los chicos seguían sin hacerle caso porque querían solucionarlo ellos solos..
– Chicos, a lo mejor quiere jugar – dijo el gran Lucas, que además, era su cumpleaños  – ¿qué os parece si vuelo sobre ella con mi luz y la entretengo un poquito?. Y así lo hizo.
– ¡Bravo, bravo! – gritaron – ha dejado de llorar. Pero…
– ¡Buaaaaa, buaaaaa! – volvió a llorar, con más fuerza si cabe
– no es aburrimiento lo que tiene. Yo sé lo que le pasa – dijo Gema, otra vez
– ¿ah sí? – preguntaron todos – ¿y qué es?
– pues lo que os pasaría a todos vosotros ¿No notáis que en esta casa falta algo muy importante?
– no sé – dijeron todos mirando alrededor – hay juguetes, hay sillas, hay camas… ¿qué falta?
– pensad en lo que mejor os hace sentir cuando llegáis a casa… ¿lo sabéis ya?
– pues no sabemos – dijeron todos
– esperad aquí. Ahora mismo lo traigo – dijo la cierva maestra brincando por entre los árboles.
Los cuatro amiguitos intentaron que el bebé dejara de llorar, pero no había manera de consolarlo.
Por fin llegó Gema, con Bárbara y con Almudena, se apoyó en la ventana, y les dijo a los chicos que todo estaba solucionado
– ¿qué es lo que has traído? El bebé no deja de llorar
– pues he traído lo único que el bebé necesita para ser feliz. Mirad a la puerta.
Los cuatro amigos, mientras el bebé seguía llorando, vieron como la puerta se iba abriendo lentamente. Asustados, abrazados entre sí, vieron a una hermosa mujer, cargada con una cesta de frutas, que les sonreía cariñosamente.
– ¡Luci, cariño… ya he vuelto de recoger la fruta!
Fue entonces cuando el bebé dejó de llorar y empezó a reír balbuciendo sus primeras palabras
– ¡MA… MÁ… MA… MÁ!
– ¡Es su mamá! – dijeron todos, viendo como la guapa mujer cogía a su hijo y lo abrazaba. –
— ¡Claro! Lo que le pasaba es que echaba de menos a su mamá – dijo Lucas, muy contento
– Yo también echo de menos a la mía – dijo África  – así que me voy a casa
– y yo, y yo – dijeron los demás, despidiéndose del bebé y de su mamá, y agradeciendo a Gema, Barbara y Almudena su ayuda, y pidiéndole perdón por no haberle hecho caso..
Al llegar a sus casas se abrazaron a sus mamás, le dieron un beso muy fuerte, y les dijeron unas palabras mágicas que siempre ponen contentas a las mamás.
– ¿Sabes cuáles son?
– ¡TE QUIERO MAMÁ!

Y colorín colorado
A mamá he contentado
Y colorín colorete
Por eso soy su juguete

PARA IMPRIMIR: eÉrase una vez un bosque muy bonito

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