EL PRÉSTAMO

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No había en el mundo nadie tan feliz con su vida como lo era ella. ¡Nadie! Todo le gustaba, y de todo disfrutaba… Igual del sol que de la lluvia, igual de la soledad que de la compaňia, igual del día que de la noche, igual del frío que del calor… Todo era motivo de deleite. Y lo era porque ella siempre tuvo claro que eso más valioso que tenía – su vida – no era sino algo prestado, algo que ya pronto su dueňo le pediría que le devolviera… Y por eso tenía que disfrutar de todo. Era casi una obligación.

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